Del emperador del crisantemo al rey del terremoto

El emperador Toba Tenno y José I de Portugal

Del emperador del crisantemo al rey del terremoto
TERESA LEZCANOMálaga

Tal día como hoy nacía el príncipe Munehito de Japón, que a los cuatro años de edad heredó el Trono del Crisantemo, y moría José I de Portugal, cuyas faenas reales había asumido con gran disposición el Marqués de Pombal hasta que llegó el terremoto de Lisboa y los mandó a todos a tomar viento a las colinas de Ajuda.

EMPERADOR TOBA TENNA. 24-2-1103 a 20-7-1156

Veinticuatro de febrero de 1103. Nace en el Palacio Imperial de Kioto el príncipe Munehito, hijo del emperador Yoshihito. Tenía Munehito cuatro años cuando su padre fue súbita y letalmente desentronizado, apuntando los rumores a todo tipo de conjeturas, que si se ha atragantado con la raspa de un narval, que si le han envenenado el arroz, que si se ha bebido hasta el sake de los sirvientes y el óbito ha sido consecuencia de una cogorza de las que, además de hacer Historia con mayúscula finiquitan la historia, aún siendo imperial, minúscula... El caso fue que al pequeño Munehito, es decir a Munehitito, le cayó repentinamente encima el Trono del Crisantemo, o más bien aterrizó él en el corazón de la flor emblemática de Japón en su versión palaciega, al tiempo que era oficialmente reidentificado como Toba Tenno. Habida cuenta sin embargo el gran tamaño del trono y la pequeñez de su nuevo ocupante, fue su abuelo Shirakawa quien ejerció como emperador enclaustrado, costumbre nipona que ni pone ni quita crisantemos sino que consiste en la reactivación de un emperador ya obsoleto aunque vivo, el cual decide, desde el monasterio budista que más rabia o más bien más nirvana le dé, las actuaciones del mini emperador hasta que éste se maximice todo lo maximizable, corporalmente hablando. Cuando falleció su abuelo enclaustrado, Toba Tenno ya había engendrado una docena de herederos en los respectivos úteros de tres emperatrices, si bien apuntaban los comadreos crisantemescos que, al menos el primogénito, no era hijo suyo sino de su abuelo, que oficialmente enclaustrado sí que estaría pero que a sexualmente activo no lo ganaba ni su nieto, vaya usted a saber. Para entonces estaba ya Toba Tenno hasta el crisantemo del trono homónimo y decidió mandar a distancia, postulándose a su vez como emperador enclaustrado mientras tres de sus hijos o de sus tíos, si atendemos a los escarceos abuelísticos, se iban sucediendo allende los claustros. Sayonara.

JOSÉ I DE PORTUGAL. 6-6-1714 a 24-2-1777

Seiscientos setenta y cuatro años después del nacimiento kiotense de Toba Tenno, moría en Lisboa José I de Portugal, que había ascendido al trono luso a los treinta y cinco años aunque, como lo que a José le gustaba no era gobernar sino rezar y asistir a la ópera, no al mismo tiempo, dejó el país en manos del Marqués de Pombal y se fue a contar rosarios y a extasiarse con el Orfeo de Monteverdi, alternativamente, mientras el referido aristócrata de nombre completo Sebastiao José de Carvalho e Melo, le llevaba al soberano la hacienda ibérica y los dominios ultramarinos. Tanto y tan bien se ocupaba el marqués de los asuntos reales mientras el real titular entonaba padrenuestros y desgañitaba arias, o viceversa, que sus colegas de aristocracia, algo envidiosillos de su estatus, conspiraron para escabechar, no sólo al marqués mandón sino también de paso al rey rezón y operón, fallando tan estrepitosamente en su doble intento de regicidio y marquesicidio que Pombal aprovechó la coyuntura para quitarse de en medio a todos sus enemigos políticos y hasta a los jesuitas, que al parecer andaban también metidos en el ajo conspiratorio y cuyo patrimonio, aprovechando que el Tajo pasaba por Lisboa, fue requisado para la corona. Ya despanzurrados o encarcelados todos los conspiradores y algún incauto que no conspiró pero que tuvo la mala sombra de hallarse en el momento equivocado y en el lugar erróneo, ya se las prometían muy felices rey y marqués, el primero gimiendo avemarías y aullando oberturas, o viceversa, y el segundo implementando entusiásticamente medidas económicas, cuando se les amotinó la naturaleza en forma de terremoto que, a la vez que les dejaba Lisboa como una estepa rusa, enfermaba al rey de una claustrofobia que ni las oraciones a sao Joao de Deus ni los alaridos de la Griselda de Vivaldi lograban conjurar, y que envió a José I a tomar viento literal en las colinas de Ajuda, donde fue trasladada la corte e instalada en tiendas de campaña mientras al rey le construían un nuevo palacio y Lisboa iba siendo reedificada praça a praça. A Pombal se le acabaría el chollo mandatario cuando, a pesar de los cuidados que el marqués, por la cuenta delegatoria que le traía, le dispensaba, José I expiró de muerte natural, lo que naturalmente equivale a decir que no se sabe de qué murió, y la hija y heredera al trono portugués, María, envió ipso facto al marqués a freír bacalhau. Muito obrigada.