Del cineasta azotado a la escritora revolucionada Ingmar Bergman y Madame de Staël

Del cineasta azotado a la escritora revolucionada Ingmar Bergman y Madame de Staël

Upsala, setenta y ocho kilómetros al noroeste de Estocolmo, catorce de julio de 1918. Nace el segundo hijo del pastor luterano sueco Erik Bergman, quien a pesar de o gracias a, difícil dilucidación, la influencia que el mundo metafísico de la religión tuvo en su niñez y su adolescencia, llegaría a ser uno de los directores de cine clave de la segunda mitad del siglo veinte

MARÍA TERESA LEZCANO

Upsala, setenta y ocho kilómetros al noroeste de Estocolmo, catorce de julio de 1918. Nace el segundo hijo del pastor luterano sueco Erik Bergman, quien a pesar de o gracias a, difícil dilucidación, la influencia que el mundo metafísico de la religión tuvo en su niñez y su adolescencia, llegaría a ser uno de los directores de cine clave de la segunda mitad del siglo veinte.

Ingmar Bergman (14-7-1918 / 30-7-2007)

Upsala, setenta y ocho kilómetros al noroeste de Estocolmo, catorce de julio de 1918. Nace el segundo hijo del pastor luterano sueco Erik Bergman, quien a pesar de o gracias a, difícil dilucidación, la influencia que el mundo metafísico de la religión tuvo en su niñez y su adolescencia, llegaría a ser uno de los directores de cine clave de la segunda mitad del siglo veinte. Mientras era adoctrinado en conceptos como el pecado o la confesión, iba siendo castigado, dependiendo del pie con el que se hubiera levantado el padre pastor, con bofetadas y azotes varios los días de suerte y con sofisticadas y luteranas penitencias perfeccionadas a lo largo de generaciones, una de las cuales consistía en ser encerrado en un angosto armario por un tiempo que, como no podía ser de otro modo, dependía de la voluntad divina, terrenal y pastoralmente interpretada por el patriarca de la familia.

Fue precisamente en la oscuridad del ropero de castigo donde nació la vocación cinematográfica de Ingmar, quien combatía la claustrofobia y el terror invidente con una linterna que había escapado a la dictadura de la fe y mediante la cual el aterrado niño usaba la alternancia de una luz roja y otra verde para enarbolar contrastes y fantasear con historias que sedimentarían sus futuros guiones y con imaginerías como la de que sus padres pretendían venderlo a un circo, intención que compartió con sus compañeros de escuela y que, puesta en conocimiento familiar le valió al fantasioso una buena tunda de azotes y una estancia, indefinida y con todo incluido, en una tétrica singladura por las negras mareas del armario ropero.

A los diecinueve años, Ingmar ya no aguantó más y salió del armario, no sexual sino mobiliariamente hablando y, tras arrearle un puñetazo al padre pegón, a quien dejaría de hablar durante los siguientes treinta años, se marchó a vivir una existencia personal caótica marcada por un currículum sentimental en el que engañaba a sus mujeres con amantes y a sus amantes con aspirantes a esposas, y por una trayectoria profesional coronada por tres Oscar en mano y ciento volando, y una iconografía torturada y kierkegaardiana. Y, tras romper El Séptimo Sello, se bañó en Gritos Y Susurros hasta que llegó su Sonata De Otoño. Adjö.

Madame de Staël (22-3-1766 / 14-7-1817)

Ciento un años antes del nacimiento upsaliense de Ingmar Bergman, moría en París Anne-Louise Germaine Necker, baronesa de Staël Holstein, escritora, filósofa, y tertuliana francesa de origen ginebrino considerada como la madre espiritual de la Europa moderna y más conocida como Madame de Staël. A los catorce años ya tenía Anne-Louise Germaine su círculo y demostraba su cultura con los huéspedes del salón de su madre, aunque su erudición no le bastó para eludir los convencionalismos del matrimonio amañado, que en su caso la unió al barón de Staël, aristócrata de larga distancia y tedioso de corto alcance cuya infelicidad conyugal intentó la baronesa conjurar convirtiendo en cornúpeta al esposo de la cofradía del sopor con sucesivos y más estimulantes compañeros de debate y lecho, con el consiguiente resultado de que, tras alumbrar a su primogénita Gustavine, ahijada del rey sueco Gustavo III y presumiblemente retoño legítimo del barón Staël, tuvo Anne-Louise Germaine dos hijos fruto de su relación adúltera con el general francés Louis-Marie de Narbonne-Lara y una cuarta entrega genealógica, de nombre Albertine, la cual se sospechaba y se sospecha hija del escritor y político Benjamin Constant.

A la par que iba cornamentando intelectual y maritalmente al cónyuge barón, Madame de Staël, imbuida de las ideas de la Ilustración, se adhería a la causa de la Revolución Francesa, asistiendo personalmente a la apertura de los Estados Generales. Sin embargo su defensa de una monarquía constitucional la aleja tanto de los partidarios de la República como de los absolutistas, por lo demás considerablemente mermados por el filo descabezador inventado por Monsieur Guillotin, y acaba contando exiliadamente, primero rosas Tudor en Inglaterra y a continuación edelweiss alpinos en Suiza, hasta que un transitorio entusiasmo napoleónico la retorna a Francia, donde el golpe de estado del 18 de brumario la desbonapartiza ideológicamente, provocando a su vez que el cuestionado emperador conmine a la Staël a tomar viento de destierro junto al Rin alemán, donde ariniza junto a Benjamin Constant y es recibida en las cortes principescas con honores de jefe de estado. Sin embargo Benjamin se implica en una pasión, no correspondida pero no por ello menos humillante para Madame de Staël – «Un hombre que sólo ama lo imposible», escribiría ella – , y tras mandar al inconstante Constant a freír teorías de la libertad, y habida cuenta que en el interín el barón tedioso había desaparecido de la faz de la tierra, se desposó con un joven oficial de origen suizo, continuando su labor de popularizar la palabra «romanticismo» hasta que una escasamente romántica hemorragia cerebral la derivó biológicamente al cementerio de Coppet y broncíneamente a una estatua situada en el jardín del lado sur del ayuntamiento parisino. À bientôt.