De la abanderada del feminismo al pintor del astigmatismo

Autorretrato de El Greco. /
Autorretrato de El Greco.

Tal día como hoy nacía Flora Tristán, abanderada feminista y futura abuela de Paul Gauguin, y moría El Greco, nativo cretense que pintó sus obras maestras en Toledo

MARÍA TERESA LEZCANO

Flora Tristán: 7-4-1803---14-11-1844

París, siete de abril de 1801. Nace Flora Célestine Thérèse Henriette Tristán y Moscoso Lesnais, quien tenía muchos nombres pero una aún mayor bastardía de las decimonónicas, ya que su progenitor aristócrata y coronel peruano nunca la reconoció legalmente pese a haberse casado con su madre por el rito refractario, que no era una ceremonia ignífuga sino un enlace ordenado por un sacerdote destituido por la Revolución Francesa, y por tanto carente de validez.

Habida cuenta que todos, menos el cura refractario, convivían en la misma mansión parisina, es probable que el coronel hubiera acabado formalizando oficialmente el matrimonio o cuando menos la paternidad, de no haberse inmiscuido en su inmortalidad una de las muchas epidemias que pasaba por el Sena y que finó a monsieur Tristán en menos que se tarda en decir oh mon Dieu. Flora transitó por consiguiente, cuando aún no levantaba un palmo floral del suelo, del lujo de un casoplón visitado por el mismísimo Simón Bolívar a la pobreza extrema al no poder heredar los bienes familiares por la ya mencionada y fehaciente bastardía decimonónica, será por decimonios.

A los diecisiete años Flora se casó con el propietario del taller de litografía donde trabaja como obrera colorista, y después de alumbrar a dos hijos y una hija (esta última sería la madre del pintor Paul Gauguin lui-même), envía al esposo, que tenía la mano muy larga y el aguante etílico muy corto, a tomar viento coloristamente litografiado y, filosóficamente amparada por las obras de Rousseau, se embarca literalmente de aquí a Lima a ver si le dan la herencia de su padre extraoficial. De regreso a París igual de desheredada que antes y con la reicindente condición de paria que le otorgaba su doble circunstancia de hija ilegítima y esposa separada, Flora se vincula activamente a la emancipación de la mujer, las reivindicaciones obreras y las campañas contra la pena de muerte, mientras el ya ex cónyuge intenta asesinarla, no procesalmente sino mediante varios disparos en plena calle, acabando ella malherida aunque con la abanderada notoriedad del feminismo temprano al alza y él condenado a veinte años de trabajos forzados.

Escritora y figura clave del socialismo utópico, fue definida por André Breton de la siguiente manera: «Tal vez no exista un destino femenino que, en el firmamento del espíritu, deje una estela tan larga y tan luminosa». Au revoir.

El Greco 1-10-1541---7-4-1614

Ciento ochenta y nueve años antes del nacimiento parisino de Flora Tristán, muere en Toledo Doménikos Theotokópoulos, renacentistamente inmortalizado como El Greco. Tras hartarse de pintar iconos posbizantinos en su natal isla de Creta, se mudó a Venecia, por aquellas fechas el mayor centro artístico de Italia, donde estudió a Tiziano, a Tintoretto y a Veronese; posteriormente a Roma, de donde salió de estampida por unas desavenencias con el Papa Alejandro Farnesio, y por último a Toledo, donde llegarían la madurez y las primeras obras maestras: ora retrato, vía manierismo, al Caballero de la Mano en el Pecho; ora me cuelo en el Apocalipsis en un expresionismo tardío donde agiganto de azul a San Juan y minimizo a los mártires; ora entierro al Conde de Orgaz asignándole un par de santos, a la sazón Esteban y Agustín, para que le iluminen la travesía al más allá, aunque ni todos los santos consiguen que me paguen los mil seiscientos ducados prometidos, que me sisan hasta la suma de mil doscientos; ora pinto para el cabildo de la catedral de Toledo El Expolio, si bien a la parte contratante de la primera parte, como dirían siglos después unos tales Marx Brothers, no le cuadran las iconografías bizantinas que introduzco en la escena y en lugar de los novecientos ducados acordados me llegan trescientos cincuenta, menos da una navaja toledada y no digamos una navajada; ora pongo mi pincel al servicio de la Contrarreforma y de María Magdalena, aunque de nuevo me regatean el acuerdo pecuniario establecido, ya me están tomando por el pito del sereno cuando no existen aún los pitos como tales y no digamos los serenos….

La posteridad sin embargo ha tratado a El Greco de manera dispar, tachándolo sucesivamente de místico, protomoderno, protoexpresionista, manierista y lunático, aunque en la actualidad, recuperado el prestigio artístico por aquello de los vaivenes culturales, algunos expertos grequianos atribuyen la paulatina abstracción de su estilo, alargando cuerpos, disminuyendo cabezas y sobrepoblando sus escenas hasta la insoportable levedad del ser, que diría Kundera , a un probable astigmatismo que, a la vez que le curvaba las córneas, le aplanaba la perspectiva. Es decir, que la genialidad de Theotokópoulos hubiera sido directamente proporcional a la distorsión de sus enfoques en un tiempo previo al descubrimiento de las lentes cilíndricas. Yo solo sé que no sé nada (Sócrates dixit).