La Unesco valora la cultura troglodita

Miembros del Consejo Nacional de Patrimonio Histórico visitan el enclave principal de Risco Caído en 2017./EFE
Miembros del Consejo Nacional de Patrimonio Histórico visitan el enclave principal de Risco Caído en 2017. / EFE

Las 1.500 cuevas de Risco Caído y las Montañas Sagradas de Gran Canaria recuerdan la cultura aborigen, que sobrevivió quince siglos aislada en el archipiélago

INÉS GALLASTEGUI

El repiqueteo de las lapas canarias resonó el domingo durante unos segundos en el Centro de Congresos de Bakú (Azerbaiyán). Después los 2.500 delegados de 195 países presentes en la sesión prorrumpieron en aplausos. Fue el colofón a la declaración de Risco Caído y los Espacios Sagrados de Montaña de Gran Canaria como Patrimonio Mundial por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

«Son los sonidos de aquellos insulares del pasado que aún retumban en nuestra memoria», dijo el presidente del cabildo, Antonio Morales. Como el propio paisaje cultural reconocido este histórico 7 de julio, ese instrumento hecho de conchas marinas forma parte del pasado prehispánico de las Canarias, desde la llegada de los bereberes procedentes del norte de África al inicio de nuestra era hasta la conquista castellana de las islas, a partir de 1402.

Templos, santuarios astronómicos, graneros fortificados, rutas de trashumancia, necrópolis, estanques-cueva, pinturas e inscripciones rupestres y asentamientos trogloditas verticales fruto de milenio y medio de aislamiento son los elementos que hacen de las Montañas Sagradas un lugar de belleza e historia, construido a medias entre el hombre y la naturaleza.

El nuevo sitio Unesco comprende una superficie de unas 18.000 hectáreas en la Caldera de Tejeda, entre los municipios de Tejeda, Artenara, Gáldar y Agaete, donde la cordillera de roca volcánica está horadada por más de 1.500 cuevas. Las 21 más impresionantes constituyen el poblado troglodita de Risco Caído, que permaneció habitado hasta mediados del siglo XX.

La luz del sol se proyecta en el almogarén de Risco Caído .
La luz del sol se proyecta en el almogarén de Risco Caído . / EFE

La más famosa de esas grutas es la C6, conocida como almogarén o santuario de Risco Caído, un recinto de cuatro metros de altura y planta circular excavado en un promontorio. Una claraboya rectangular proyecta en determinados momentos del año la luz del sol y la luna llena sobre los grabados de triángulos púbicos, símbolo de fertilidad, de una de las paredes de la cámara principal. El resultado es un lenguaje visual insólito, ya que la luz incide en la pared y crea un sorprendente relato de imágenes en movimiento. Para la cultura aborigen, la cueva debió de tener una funcionalidad religiosa, pero también astronómica; los expertos creen que se trata de un marcador del equinoccio y el solsticio, una especie de calendario solar primitivo que los lugareños usaban como guía para marcar los tiempos de las labores del campo.

Pasado con futuro

«Ahora nos toca hablar de todo lo que significó este paraje natural en la sociedad canaria después de la conquista, cómo el mundo de los antiguos pobladores de la isla permanece a pesar de todo y cómo nuestros antepasados adaptaron su cultura a la nueva realidad sociopolítica sin perder sus costumbres», señaló Miguel Ángel Clavijo, consejero de Patrimonio Histórico en funciones, en alusión al dominio castellano de las islas a partir del siglo XV.

La delegación canaria subrayó en la 43ª sesión del comité del Patrimonio Mundial que la declaración, fruto de años de trabajo por parte de las administraciones, no es el fin sino el principio. «Es un medio para conservar y proteger este bien», explicó el arqueólogo Julio Cuenca, descubridor del yacimiento en 1996. El primer paso será establecer la relación de los parques arqueológicos. Pero el cabildo también quiere rentabilizar este flamante patrimonio de la humanidad desde el punto de vista turístico. Más de 4 millones de viajeros visitaron la isla en 2018, pero solo un puñado llegó a las Montañas Sagradas, donde hay dos centros de interpretación y las visitas están muy restringidas.

En Canarias hay otros tres lugares –los parques nacionales de Garajonay y Teide y San Cristóbal de la Laguna– y un bien inmaterial –el silbo gomero– declarados Patrimonio Mundial.

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