No sin mi túnica

Un monje budista demuestra que el hábito no es impedimento para saltar con garbo a la comba. :: E. C./
Un monje budista demuestra que el hábito no es impedimento para saltar con garbo a la comba. :: E. C.

Los monjes budistas de Japón lanzan una campaña en redes sociales para exigir que se elimine la prohibición de conducir con hábito

ZIGOR ALDAMA

Japón puede ser el escenario de las historias más surrealistas. Y muchas de ellas están relacionadas con la fascinante combinación de tradición y modernidad que caracteriza a su sociedad. Lo está demostrando estos días la polémica que ha puesto en pie de guerra a los monjes budistas de todo el país, que han comenzado una peculiar ofensiva en Twitter para demostrar que las túnicas negras y azafrán que visten no les impiden llevar a cabo todo tipo de actividades físicas, incluso saltar a la comba o luchar con las espadas de luz de La Guerra de las Galaxias. Por si alguien no les cree, confirman sus palabras con vídeos que publican bajo el 'hashtag' #lopuedohacercontúnica. En japonés, claro.

Para entender lo sucedido hay que retroceder hasta el pasado 16 de septiembre, cuando un monje de unos 40 años conducía de camino a una ceremonia. En la prefectura de Fukui, adyacente a la ciudad de Kioto, un agente de tráfico le dio el alto y, siguiendo siempre las regulaciones del país, le impuso una multa de 6.000 yenes (50 euros) por conducción temeraria. No es que fuese a gran velocidad o estuviese borracho, no; el problema es que conducía vestido con la túnica de su religión.

Según la normativa, esta prenda reduce la movilidad y, por lo tanto, no puede ser utilizada para conducir un vehículo. No obstante, el monje se ha negado a pagar la multa. Aduce que ha conducido con túnica durante 20 años sin haber tenido ningún accidente, y que esa es una regla sin sentido que le impide acudir a las ceremonias rituales que oficia. Porque a menudo debe acudir a diferentes templos y domicilios en un solo día y el transporte público deja mucho que desear.

Para complicar aún más las cosas, el diario Yomiuri Shimbun entrevistó a un alto cargo del departamento de Tráfico, quien aseguró que «no todas las túnicas budistas resultan peligrosas para la conducción». El problema, por lo tanto, parece estar en el ancho de las mangas y en la longitud de la túnica. Pero no existe ninguna regulación clara al respecto, por lo cual el resto de monjes han puesto enmarcha una campaña de desobediencia pacífica en el ciberespacio. Exigen que se modifique la regulación para que no se vea afectada su vida laboral.

Y se han propuesto demostrar que el hábito no impide realizar ningún movimiento. La iniciativa sorprende por lo curioso que es, por ejemplo, ver a un monje tocando la batería o haciendo malabares con bastones del diablo. «Es mi hobby y, cuando me enteré de lo que estaba sucediendo, decidí contribuir demostrando que incluso podemos hacer malabarismos», explicó a la CNN Tetsuya Hangai, un monje de 29 años. Las autoridades, no obstante, advierten de que si el monje amonestado no paga la multa ni responde a las notificaciones que se le están enviando, podría ser formalmente juzgado.

 

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