Las tres serpientes que es mejor no encontrarse en verano en la provincia de Málaga

Culebra cogulla./Juanjo Jiménez
Culebra cogulla. / Juanjo Jiménez

Son venenosas, aunque con diferente gravedad, la víbora hocicuda y las culebras bastarda y de cogulla

Pilar R. Quirós
PILAR R. QUIRÓSMálaga

Se mueven sigilosas deslizándose por el suelo, se suelen mimetizar con el terreno y cuando se las avista pueden estar casi encima. Al lado. Pues bien, ahí ya lo mejor que puede hacer es no moverse. Las 'bichas', como siempre se les ha dicho en el sur, no tienen el ánimo ni intención de picarle per se, así que si no las molesta, ellas se irán por su camino sin más. En invierno, el peligro no acecha, porque su sangre fría les obliga a invernar o hibernar, lo que supone en su caso que pueden realizar ciertas actividades pero la mayoría del tiempo están con las constantes vitales a 'ralentí', como las motos, y apenas se mueven.

Es el estío su época dorada. Cuando el Lorenzo se dispone a mecerse en el horizonte y a caer con justicia sobre los que osan salir a la calle en mitad de la canícula, es el momento ideal para muchos de los reptiles que están en su salsa calentitos campeando por el monte. De todas las serpientes, cuya área de distribución es la provincia de Málaga, hay tres que especialmente hay que tener en cuenta cuando se sale de paseo por la naturaleza porque pueden inyectar veneno, como son la víbora hocicuda, la culebra bastarda y la culebra de cogulla, como explican el director conservador de los parques naturales Sierra de las Nieves y Montes de Málaga (Consejería de Medio Ambiente), Rafael Haro, y el técnico de apoyo a Parques Naturales de la provincia, Juan José Jiménez.

Víbora hocicuda.
Víbora hocicuda. / Rafael Haro

La más peligrosa de todas ellas es, sin duda, la víbora hocicuda 'Vipera latastei'. Se la diferencia claramente de las demás porque, si le toca observarla en plena naturaleza, verá cómo el nombre no se lo han puesto por gusto. Justamente el hocico tiene una pequeña protuberancia hacia arriba en forma triangular o a modo de cuernecillo, que es muy peculiar. En cuanto al veneno, aunque es la menos venenosa de las tres víboras que se distribuyen por la Península Ibérica, es necesario evacuar a la víctima a un centro sanitario (evitando que corra para que el veneno no se distribuya con rapidez por su cuerpo) y allí, según decidan los técnicos, se le dará el antídoto o no, según estimen los facultativos, como explica Haro. Otra serie de cosas como succionar la herida o poner hielo encima etc, pueden ser contraproducentes, así que mejor no hacer experimentos en estos casos. Sí se recomienda poner un vendaje comprensivo sobre la zona de mordedura o un torniquete flojo, entre la picadura y la raíz del miembro mordido, pero si tiene dudas, mejor no lo intente. Estos consejos sirven para otras especies.

La víbora hocicuda, que es la más peligrosa de las tres de las que venimos hablando. Sin embargo, es una serpiente relativamente pequeña, de hasta 75 centímetros de longitud, que se distribuye por la Península Ibérica y el norte del Magreb, suele tener hábitos crepusculares y nocturnos en verano por lo que si no sale al campo de noche en verano no debe preocuparse excesivamente, y hábitos diurnos en primavera y otoño. Se trata de un ofidio solenoglifo, es decir con un par de dientes situados de manera estratégica en la parte delantera de su boca, enfundados por unas bolsitas y retraídos hacia el interior de la boca, que están conectados a unas glándulas que tiene en la cabeza, que es donde se fabrica el veneno. Pero no se preocupe porque el ser humano no está entre sus manjares, y en general, suelen huir de ellos. Su comida gourmet se basa en otros reptiles como lagartijas, lagartos ocelados, culebrillas, musarañas, ratones domésticos o de campo, pequeñas aves o pequeños invertebrados como los escorpiones.

La culebra bastarda ('Malpolon monspessulanus'), a diferencia de la víbora hocicuda, sí que puede dar miedito tan sólo por su envergadura, que como explican Haro y Jiménez, ya que puede llegar a tener hasta 2 metros y medio de longitud. Es la mayor de la Península Ibérica y de Europa, si bien hay que tener en cuenta que las hembras son más pequeñas. El color de los adultos varía entre el gris claro, el pardo o el verde más bien tirando a oliva. Este ejemplar sí es agresivo si se le molesta y subirá como una cobra para mostrarle su poderío y emitir un sonido siseante, sí ese que se escucha en las películas de los desiertos y que tanto respeto da. Su veneno lo inocula cuando muerde con unos colmillos posteriores (opistoglifos). Con el veneno atonta a sus presas, que son insectos, lagartijas, lagartos, otras culebras, así como roedores y pequeños mamíferos y pollos de pequeños pájaros. Como no tiene colmillos delanteros, no es especialmente peligrosa para el ser humano, y su forma de defenderse es diferente a la de víbora hocicuda porque necesita mantener la mordida para inyectar el veneno. Pero, otra vez el ser humano no está entre sus platos delicatessen, así que lo mejor será no molestarla y dejarla marchar, algo que hará con suma rapidez. Si la ve se quedará alucinado de lo rápido que son sus movimientos.

Por último, en este catálogo venenoso tenemos a la culebra de cogulla, 'Macroprotodon brevis'. Es de un tamaño pequeño, que no suele pasar los 40 centímetros de longitud. Con la cabeza aplastada, suele parecer más grande por el collar negro que se mezcla con el grisaceo verdoso de su cuerpo. Hoy por hoy es el ofidio más escaso y raro de la fauna mediterránea. Y generalmente es difícil encontrarla porque es de hábitos discretos, que dicen los estudiosos. Pasa su vida debajo de piedras o excavando galerías en la tierra, y cuando sale al exterior lo hace en horas crepusculares o por la noche. Es una serpiente de movimientos lentos y podríamos llamar hasta torpes. Su dieta la componen, en su mayoría, otros reptiles, hasta individuos jóvenes de su propia especie, culebrillas ciegas y lagartijas. En cuanto a sus dientes, la de cogulla es también opistoglifa, es decir que tiene los dientes en la parte posterior, como explica el director conservador de los parques naturales Sierra de las Nieves y Montes de Málaga, Rafael Haro y el técnico de apoyo a los parques naturales de la provincia, Juan José Jiménez. Debido a la poca actividad tóxica que tiene su veneno así como la situación atrasada de los dientes que hemos mencionado, hacen muy difícil que el ser humano sufra una intoxicación en caso de mordedura, como puntualizan.

Aún así no hay que lanzarse a ponerse delante de ella, ya que cualquier mordedura de esta culebra o de cualquier otra especie puede infectarse y ahí es donde radica el verdadero riesgo, que hay que evitar. Además, hay seres humanos que son intolerantes a su veneno y eso se desconoce hasta que ocurre. Así que como regla general, pasee por el campo con cuidado, sobre todo en verano que es cuando están más activas, mire bien donde pisa (eso es esencial) y no se adentre en matorrales que desconozca lo que pueda haber dentro. Y si alguna vez se encuentra a alguno de estos tres animalitos u otros de similares características aquí no mencionados (recuerde que la mayoría de los reptiles andaluces están protegidos por su vulnerabilidad), no lo acorrale, no se ponga delante de ellos de forma desafiante y déjelos marchar. No olvide nunca que forman parte de la rica biodiversidad de la fauna andaluza, y que cada especie, por ser patrimonial, es un tesoro que hay que preservar a toda costa. Así que deje a las 'bichas' en paz, que ellas harán lo mismo con usted si no las incomoda.

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