Suecia se toma la última en casa

Una tienda del monopolio sueco de bebidas./
Una tienda del monopolio sueco de bebidas.

El monopolio estatal del país escandinavo cierra con éxito el período de prueba de siete años para entregar bebidas espirituosas a domicilio

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

Los suecos se lo tomaron con calma. Su prueba piloto para que la gente compre bebidas alcohólicas desde su casa duró siete años. Comenzó en 2012, cuando el Gobierno del país escandinavo detectó un aumento significativo en las ventas de licor por internet, aunque siempre tuvieran que ir a la tienda a recogerlo. Finalmente en julio este experimento social llegará a su fin con un aprobado. Tan espirituoso 'delivery' pasará de atender sólo algunas zonas de las principales ciudades a abarcar todo el país.

La venta legal de alcohol en Suecia está muy regulada por un monopolio estatal, conocido como el Systembolaget. El sistema posee las únicas tiendas autorizadas a vender lo que contenga más de 3,5% de graduación alcohólica, sólo a mayores de 20 años, por unidades individuales (olvidarse del 'six pack'), sin promociones, abiertas en horarios laborales de lunes a viernes, y en las mañanas del sábado.

En Estocolmo, donde una lata de cerveza en el supermercado puede costar 1,5 euros, una botella de vino unos nueve y la de whisky barato más de 20 euros, el coste de llevar la compra alcohólica a domicilio era de unos 25 euros por entrega, y seguía siendo un servicio monopólico. Ningún productor o distribuidor podía vender directamente. «En este periodo de prueba queremos explorar si es posible compatibilizar la entrega a domicilio con el modelo actual, sin contribuir al aumento del consumo de bebidas alcohólicas», dijo la responsable de Sanidad y Consumo suecos de la época, Maria Larsson, según el portal de noticias del Instituto de Comercio Exterior de España.

El temor del Gobierno sueco se fundaba en que esta forma de distribución minorista podría haber incrementado el consumo de nueve litros de alcohol puro que existe en Suecia, similar a la del resto de la Unión Europea. Algo que años después ratificaría un estudio de la Escuela de Economía de Estocolmo, que demostró que «un surtido limitado proporciona aumentos mucho mayores en las ventas», según Richard Frieberg, coautor del artículo publicado en 2017. Por ejemplo, con un 10% más de distribución minorista de vinos, subía hasta el 6% el consumo en otros niveles. Las autoridades que pusieron a prueba la entrega a domicilio de alcohol no lo reconocían en sus declaraciones, pero, junto a la preocupación sanitaria, intentaban controlar también el mercado negro.

Terminar con este pausado periodo de prueba, que sin duda habrá dado tiempo para corregir cualquier desajuste, representa un capítulo más de legalizaciones y prohibiciones en el país escandinavo. Hubo racionamiento de licor hasta 1955, y unos veinte años después de mercado liberal se restringió la venta. Con su integración en la Unión Europea se ha debilitado el monopolio estatal frente a las importaciones directas de bares y particulares, que desde 2004 pueden comprar las bebidas por su cuenta.

Antes de que se implementara la entrega restringida a domicilio, un español en Estocolmo, el 'blogger' Brannigan, compartía el choque cultural entre «las cañas y las tapas» y las «cervezas aguadas». «Me costó horrores interiorizar que tenía que comprar el alcohol entre semana», escribía. «¿Y qué pasa si el domingo por la mañana decides invitar a algunos amigos a cenar y regar la comida con un buen tinto? Pues que si no lo tienes comprado, te aguantas». Suecia no es la única que restrige la venta. En su entorno también lo hacen Noruega y Finlandia.

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