Yusuf Hamied: «El reto médico de los próximos diez años será el tratamiento del alzhéimer»

Hamied conoció Cudeca hace ahora diez años a través de una enfermera./Iván Gelibter
Hamied conoció Cudeca hace ahora diez años a través de una enfermera. / Iván Gelibter

Referencia mundial en la industria farmacéutica justa, el presidente de CIPLA financiará un edificio de formación en la sede de Cudeca

Iván Gelibter
IVÁN GELIBTER

Yusuf Hamied, nacido en 1936 en Lituania pero con nacionalidad hindú, es propietario de CIPLA, una compañía farmacéutica mundial de genéricos que ha dedicado estos últimos años a trabajar con diversas causas sociales, la mayor parte de ellas en África. Sus fondos permitirán construir un nuevo centro en Cudeca para la formación en cuidados paliativos, cuya primera piedra se colocó ayer.

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Usted pasó de trabajar solo en la industria farmacéutica a dedicarse a ayudar en esta materia a países en vías de desarrollo. ¿Por qué el cambio?

–Lo primero es entender a la industria farmacéutica. Desde que empecé a trabajar en ella, tenía claro que hay dos cosas que uno debe saber sobre ella:La primera es el monopolio. Todas las grandes compañías fabrican los medicamentos bajo el monopolio. Yo intenté durante muchos años eliminarlo en la industria en la India, y creo que en parte lo conseguí. Los precios son muchos más bajos que antes. Es el monopolio el que crea los precios elevados de los medicamentos. Así es por ejemplo como conseguimos llevar a África medicinas para luchar contra el VIH. El segundo concepto importante para las farmacéuticas es la obsolescencia. Siempre hay medicamentos nuevos que hacen inválidos a los anteriores. La realidad es que estoy ahora estoy más centrado en el cuidado de la salud, y eso produce una gran satisfacción. Debería haberme retirado hace tiempo pero sigo aquí porque mi mente sigue funcionando perfectamente y pienso que aún puedo contribuir a la ciencia, y también a la industria farmacéutica.

Imagino las experiencias que ha tenido que vivir en estos años al convertirse en un 'outsider' dentro de la industria...

–Le voy a contar una cosa que no recuerdo habérselo contado a nadie. Hace unos años cuatro compañías plantearon la posibilidad de luchar contra el cáncer en África. Pero el cáncer, a diferencia del VIH, tiene muchas variedades y no se puede tratar en un ambiente aislado. Primero, hay miles de cánceres diferentes. Segundo, el diagnóstico. Cuanto antes se diagnostique la enfermedad, más facilidad habrá para curarla. Aún así, intentamos combatirla día a día. Creo que cada persona debe hacer lo que mejor sepa hacer, y pienso que mi aportación es la mejor a la hora de fabricar medicamentos.

¿Qué opina sobre el pensamiento extendido de que las farmacéuticas son una especie de 'demonios'?

–Hoy en día cualquier medicamento tiene un elevado coste. Y la verdad, esos precios tan altos nunca se corresponden con lo que realmente cuesta fabricarlos. Lo que yo he intentado influenciar a los gobiernos, desde mi humilde posición, es que cada país haga una lista de lo que piensan que son los medicamentos esenciales, y que se puedan adquirir directamente las licencias para fabricarlos en cada territorio. Es decir, pagarles a los creadores de esos medicamentos una serie de royalties. Se han dado casos de de medicamentos que cuestan 84.000 dólares en Estados Unidos y solo 200 en India. Por esta serie de cuestiones es por lo que la gente tiene tan mala opinión de la industria farmacéutica.

¿Cree que en las sociedades occidentales se toman demasiadas medicinas?

–La verdad es que ese tema me interesa mucho y estoy muy involucrado. Eso se llama Empty Microbial Resistance. Esto se ha convertido en un gran problema que intentamos combatir. Creo que la forma de enfrentarse a él tiene dos vertientes. Una de ellas es la parte técnica y otra en la no técnica. En la segunda, hay que tener claro que hay que enseñar a los profesionales médicos y a los pacientes a no excederse con el consumo.

¿Por qué ha invertido su dinero en Cudeca?

–He trabajado con cuidados paliativos en los últimos 20 años de mi vida. Creo que salvar vidas es una cosa muy importante, pero cuando la gente me pregunta cuál ha sido el principal fracaso de mi carrera, respondo que es no poder mejorar del todo la calidad de vida de las personas. Conocí a una enfermera que me habló de este sitio y me invitó a venir. La primera vez que pisé este edificio fue en 2008, hace ya 10 años. Y desde entonces, nunca he dejado de venir. También han venido ellos a ver cómo son los cuidados paliativos en India.

Espacio de colaboración

¿Se diferencian mucho?

–Son iguales, por eso queremos crear un espacio de colaboración entre nosotros.

¿Qué aportará este edificio nuevo?

–Esencialmente, servirá para enseñar enfermeros, médicos y cualquier profesional sanitario reciba formación en cuidados paliativos, que apenas se enseña en la universidad. Y también impartiremos un máster porque una vez que se aprenden los conceptos el mensaje corre como la pólvora.

Dígame el principal reto de la medicina para el futuro.

–El alzhéimer. En diez años este va a ser el principal problema, no tanto porque aumente el número de casos, sino porque los pacientes viven más años. Cómo será la cosa, que hace unas semanas una empresa farmacéutica anunció que había hecho pequeños avances en investigaciones sobre la enfermedad, y su valor bursátil se disparó.

¿Habrá cura para la enfermedad?

–Si no es una cura, al menos habrá medicamentos para mantener la enfermedad a raya.

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