Subidón y algo más: los riesgos de las bebidas energéticas

Subidón y algo más: los riesgos de las bebidas energéticas

Que una sola lata de este tipo de bebidas tenga la misma cafeína que cuatro cafés no sale gratis. Ya hay estudios que alertan de riesgos de padecer ciertas complicaciones cardiovasculares

JAVIER MORALLÓN

No hace mucho que las grandes tabaqueras posicionaban sus productos como sinónimos de libertad o aventura y no era difícil verlas patrocinando todo tipo de eventos deportivos, creando una falacia asociativa entre consumir sus productos y la vida activa y ávida de retos. Esta publicidad no era casual y tenía como público objetivo al segmento juvenil de la sociedad por una razón obvia, a la industria de la nicotina los clientes se le mueren y lo ideal es sustituirlos por los más sanos y los que potencialmente van a poder estar más tiempo consumiendo sus productos.

Hoy en día, afortunadamente, dicha publicidad está prohibida pero existe otro producto que lleva años aprovechando las sinergias asociativas que produce el deporte. Actualmente no existe, prácticamente, prueba deportiva (cuanto más extrema y arriesgada mejor) que no cuente con el patrocinio de alguna bebida, mal llamada, energética.

¿Qué son las bebidas energéticas?

Pues lo que no son es precisamente energéticas. Desde 2011, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) impide que los fabricantes de estas bebidas les atribuyan la capacidad de mejorar el rendimiento mental, el tiempo de reacción, la alerta o la memoria, o de energizar. Algo que intentan evitar con una publicidad bastante torticera y unos nombres y logos evocadores de grandes gestas. Estas bebidas aparecieron en Japón en 1960 pero no desembarcaron en Europa hasta finales de los 80. Hoy por hoy experimentan un crecimiento espectacular, del orden del 10% a nivel mundial anualmente, con especial incidencia en la población juvenil, donde alrededor del 70% mantiene un consumo habitual de este tipo de productos.

En su composición destaca la enorme cantidad de cafeína y azúcar, que pueden llegar a los 400 miligramos y 150 gramos por litro respectivamente. También se le suele adicionar un aminoácido, la taurina, que nuestro cuerpo fabrica sin problema y que la EFSA prohíbe asociar con mejoras en el ámbito de la salud. Además aparecen todo tipo de extractos, sabores y vitaminas que no tienen mucho sentido nutricional y sí una vocación puramente estética como el ginseng o el guaraná.

¿Qué peligros subyacen?

Algunos evidentes y otros más rebuscados. La enorme cantidad de azúcar nos adentra en el mundo de la diabetes tipo II, obesidad, caries, síndrome metabólico peligros que ya expuse en el artículo ¿Por qué el azúcar es el nuevo demonio a evitar en nuestra alimentación? Que una sola lata de este tipo de bebidas tenga la misma cafeína que cuatro cafés tampoco sale gratis. Un estudio de la Universidad de Bonn que publicó la revista Radiological Society of North America señala que las bebidas energéticas con cafeína y taurina tienen, a corto plazo, un impacto significativo en la contractibilidad del corazón. O la revista International Journal of Cardiology que en 2016 alertó de un aumento del riesgo de padecer diversas complicaciones cardiovasculares.

Mención aparte merece el hábito de mezclar este tipo de bebidas con alcohol. Aunque siempre existirá quien valore las cualidades organolépticas de dicha mezcla, la mayoría de las personas que lo hacen pretenden amortiguar la embriaguez de forma que puedan seguir bebiendo sin mostrar los síntomas. El problema es que este tipo de bebidas sólo enmascaran los efectos depresivos del alcohol sobre el sistema nervioso central, debido a la cantidad de cafeína que contienen, pero sus efectos tóxicos siguen intactos por lo que existe tres veces más posibilidades de consumir ingentes cantidades en personas con este hábito que en otras que no lo tengan, con un potencial peligro de intoxicación etílica o algo peor. Esta asociación tampoco es baladí para nuestro organismo pudiendo provocar efectos indeseables como alteraciones cardiovasculares, taquicardia, palpitaciones, aumento de la presión arterial, insomnio, nerviosismo y falta de coordinación motora.

¿Y en los deportistas?

¿Se produce mejora en su rendimiento? Al fin y al cabo es lo que la publicidad de muchas de estas bebidas deja entrever, algo que intentan evidenciar patrocinando todo tipo de eventos deportivos e intentando un íntimo contacto entre estas bebidas y los mencionados deportistas. Pues es algo que han estudiado la British Journal of Nutrition y la Universidad Camilo José Cela y lo cierto es que alguna mínima mejora en el rendimiento sí que se puede observar pero esta queda eclipsada por los efectos secundarios que conlleva, como insomnio y nerviosismo.

Parece que un estudiado marketing y una decidida acción por omisión de nuestras autoridades han convertido un extraño jarabe japonés en un importante problema sanitario de todavía inciertas consecuencias.

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