Una noche de marcha y otras razones por las que se pierde la voz

Varios son los motivos que pueden provocar una ronquera o incluso la imposibilidad de articular palabra. Los profesionales ofrecen algunos consejos sobre los cuidados mínimos que pueden llevar a cabo para no perder este bien tan preciado. El 16 de abril se celebra el Día Mundial de la Voz

Una noche de marcha y otras razones por las que se pierde la voz
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Raquel Merino
RAQUEL MERINOMálaga

La voz es una de las mayores herramientas de comunicación de las personas, incluso influye en la imagen que los demás se hacen de los demás. Es, en definitiva, una carta de presentación. Pero, ¿cuántas veces después de intentar hablar con los amigos en una sala de fiesta con la música a todo volumen nos hemos levantado al día siguiente con ronquera? ¿O cuántas veces el motivo ha sido un catarro? O, incluso, ¿en cuántas ocasiones la razón ha sido el estrés o los nervios los que nos han dejado sin voz?

El 16 de abril se celebra el Día Mundial de la Voz, un bien preciado al que habitualmente no se le ofrece todos los cuidados que necesita y que, en ocasiones, su pérdida parcial o total puede ser indicativo de un problema de salud más grave.

En primer lugar hay que distinguir entre una disfonía y una afonía. Ambas están relacionadas con la inflamación o infección de las cuerdas vocales. Pero mientras que la disfonía es lo que se conoce de manera coloquial como ronquera, la afonía es la pérdida de la voz. Sea como sea, los otorrinolaringólogos recomiendan acudir a la consulta en caso de que esta alteración de la voz, así como el carraspeo, una tos persistente o la necesidad de forzar la voz sin estar acatarrado dure más de quince días, incluso siete en el caso de personas que fuman o que, por su trabajo, fuerzan en exceso las cuerdas vocales.

Las afecciones más comúnes

Los problemas más habituales de la voz están provocados por infecciones de las vías respiratorias altas, las faringolaringitis o las laringitis, incluso patologías gastroesofágicos como el reflujo. Después están los relacionados de manera directa con el mal uso de la voz, como hablar muy alto o de manera inadecuada, y el sobreuso de la voz que sufren principalmente aquellas personas que, por su trabajo, están continuamente hablando, como es el caso de los docentes, los entrenadores, actores, cantantes, locutores de radio o conferenciantes, por citar algunos ejemplos. Y es que, tal y como apunta el doctor Juan Carlos Casado, miembro de la Comisión de Voz y Foniatría de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC) «la laringe no está preparada para hablar durante más de 50 minutos seguidos».

Entre las causas más comúnes que pueden provocar alteraciones en la laringe y una consecuente disfonía o ronquera son los pólipos y los nódulos. La Sociedad Española de Otorrinolaringología define a los primeros como «pseudotumores benignos, similares a las ampollas, que aparecen tras un proceso inflamatorio». En estos casos, se suele realizar cirugía con anestesia general, aunque previamente se hace terapia logopédica y después de la intervención el paciente tiene que estar al menos cuatro días sin hablar.

Por su parte, los nódulos son crecimientos benignos (no cancerosos), normalmente en ambas cuerdas vocales, muy parecidos a un callo, que crecen de forma simétrica. Se producen a causa de un abuso o un mal uso vocal. Aunque suele ser más frecuente en los adultos (sobre todo en las mujeres debido al tamaño de las cuerdas, más cortas que la de los hombres), también pueden aparecer en niños. De hecho, la Sociedad Española de Otorrinolaringología estima que entre un 37% y un 78% de las disfonías infantiles se deben a nódulos vocales. En cuanto a su tratamiento, en el caso de los niños se trata con reeducación vocal y aprendizaje de una buena técnica vocal, y en los adultos se empieza por un reposo vocal de entre 10 y 15 días, acompañado en ocasiones de rehabilitación logipédica y, si no hay mejoría, se recurre a la fonocirugía.

La laringitis aguda, es decir, el resfriado o catarro producido por un virus, puede inflamar, irritar y enrojecer las cuerdas vocales y derivar en una disfonía que suele desaparecer en unos 7 o 10 días.

La laringitis puede ser no infecciosa, causada por alguna alergia o incluso por picaduras de insecto, ingestión alimentaria o algún medicamento, entre otros desencadenantes. Los síntomas pueden ir desde un leve cosquilleo a una carraspera y, en el caso más extremo, a una obstrucción respiratoria severa que necesita tratamiento urgente.

El reflujo gastroesofágico (retroceso del contenido gástrico al esófago, que puede comprometer a los pulmones, laringe, faringe y cavidad nasal) también puede estar detrás de una disfonía, sobre todo el reflujo laringofaríngeo, que se produce en posición vertical y principalmente durante el día, según apuntan desde la asociación del reflujo gastroesofágico. Los reflujos pueden provocar irirritación e inflamación de las cuerdas vocales, el engrosamiento mucoso, incluso edema en la parte posterior de la laringe. Las personas que lo padecen pueden mejorar su estado acudiendo no solo al gastroenterólogo sino también al otorrinolaringólogo.

Las personas fumadoras también son más propensas a sufrir ronquera. Si esta persiste más de quince días hay que acudir, dado que abusar del tabaco puede llevar de manera irremediable a un cáncer de laringe. De hecho, España es uno de los países del mundo con mayor incidencia de cáncer de laringe debido al exceso en el consumo de tabaco, según la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC).

Decálogo de la Comisión de Voz y Foniatría de la Sociedad Española de Otorrinolaringología

No hablar en ambientes ruidosos
Si la voz compite con un ruido ambiental intenso, siempre perderá. Alternativas: hablar de frente al interlocutor, articular más de lo habitual y hablar claro y lento para evitar repetir.
No fumar
El tabaco es un factor irritante para la laringe. El humo pasa entre las cuerdas vocales y predispone para que aparezcan lesiones benignas como edemas o pólipos. Además, es la principal causa de cáncer de laringe.
No chillar ni hablar gritando
Hay que acomodar el uso de la voz a las posibilidades reales, que se puede mejorar mediante logopedia, sobre todo las personas que usan mucho la voz.
No hablar en exceso
Los expertos recomiendan descansar la voz haciendo periodos de 15-20 minutos de silencios dos o tres veces al día, limitar el uso del teléfono y evitar interrumpir a otros, entre otras medidas. En general, no se debe hablar más de 4 horas seguidas ni cantar más de 2 horas.
Hidratarse correctamente
Se debe beber unos dos litros de agua diarios para que la mucosa que recubre a las cuerdas vocales esté bien hidratada.
Descansar de forma adecuada
El cansancio se refleja en la voz. Por ello, se debe dormir más de seis horas y descansar antes de utilizar mucho la voz, especialmente en los profesionales.
No utilizar el aire pulmonar residual al hablar
Nunca se debe hablar con el resto final de aire y sentir sensación de ahogo. Esto ocurre cuando se marcan las venas del cuello al hablar.
Evitar los irritantes laríngeos como el humo y las áreas polvorientas
También resulta aconsejable no hablar en ambientes muy secos ya que la sequedad ambiental quita protección a las cuerdas vocales. Es conveniente utilizar un humidificador, evitar los ambientes con mucha calefacción o aire acondicionado, y también abrir y ventilar las habitaciones para renovar el aire.
No carraspear
El carraspeo es un comportamiento de esfuerzo traumático para las cuerdas vocales. Algunas alternativas: tragar saliva, beber pequeños sorbos de agua, realizar una tos sorda (sin juntar las cuerdas vocales).
Realizar controles periódicos de la voz
Acudir a especialistas, preferiblemente el otorrinolaringólogo o el foniatra. Y consultar siempre que una disfonía se mantenga más de 15 días, sin estar acatarrado.

Las emociones alteran voz

Las emociones, el estrés, las situaciones personales... tienen su reflejo en la voz. ¿Cuántas personas se quedan sin voz ante una suceso traumático, situaciones prolongadas de estrés o por el simple hecho de no decir a tiempo aquello que en realidad se quiere gritar? Los expertos señalan que los factores psicológicos y emocionales juegan un papel relevante en las patologías vocales ya que «pueden ser los responsables de perpetuar la disfonía o afonía». Según estudiosos de la llamada disfonía y afonía psicógena «los músculos de la laringe son especialmente sensibles al estrés emocional». Entre los motivos de este tipo de patologías están sucesos estresantes de la vida (maltrato físico o psicológico, la muerte de un ser querido...), problemas relacionados con la familia y el trabajo; depresión, ansiedad, baja autoestima, dificultad en expresar los puntos de vista y las emociones por miedo a que las cosas empeoren o un exceso de responsabilidades (la persona establece una relación entre no asumir la responsabilidad con la pérdida de la voz). El tratamiento, en este tipo de casos, se realiza de manera conjunta con ejercicios de la voz y psicoterapia adicional.