Punto y final al dolor de cabeza

Punto y final al dolor de cabeza

El alemán Felix Hoffman sintetiza el ácido acetilsalicílico, principio básico de la aspirina

OSEBA VÁZQUEZ

Ningún botiquín casero o de viaje que se precie merece recibir ese nombre si en su interior no se encuentra un paquete de aspirinas. No hay posiblemente en el mundo un medicamento tan célebre y requerido. Su popularidad deriva principalmente de las demostradas propiedades analgésicas que presenta, pero también de las antipiréticas y antiinflamatorias, además de los beneficios que su consumo aporta en la prevención de infartos, accidentes cerebrovasculares y, se dice incluso, de cierto tipo de tumores. ¡Una maravilla sanitaria!

Su existencia se debe a un tal Felix Hoffman, farmacéutico alemán que el 10 de agosto de 1897 logró sintetizar de forma pura y estable el ácido acetilsalicílico (AAS), compuesto básico de la imprescindible aspirina. El farmacólogo responsable de verificar los resultados fue escéptico al principio. Sin embargo, el alcance de este prodigio farmacéutico se hizo evidente una vez que varios estudios a gran escala para investigar la eficacia de la sustancia, así como su tolerancia, fueron completados. El descubrimiento de Hoffman supuso un pequeño paso en el universo de la investigación sanitaria, pero una huella de gigante en la lucha contra migrañas, jaquecas y múltiples tipos de molestias incapacitantes. ¡Cuántos rostros mustios habrán mutado en alegres y decididas poses gracias al científico germano!, ¡cuántas actividades paralizadas merced a él se habrán reanudado!, ¡cuántos amenazados encuentros sexuales habrá rescatado!..., ¡y cuánto absentismo laboral habrá frustrado este hombre bienintencionado!

Dos años más tarde, y tras culminar un proceso de producción de bajo coste, la empresa Bayer, para la que trabajaba Hoffman, patentó y comercializó el descubrimiento con el nombre de Aspirina, una marca que pasó al uso común. Inicialmente se vendió en forma de polvo en frascos de vidrio. Este fármaco ha hecho que la firma alemana gane fama mundial como ningún otro producto. Un hecho que no podía pasar sin recompensa. Así, poco después de realizar la síntesis del ácido acetilsalicílico, el investigador fue nombrado jefe del departamento de Marketing Farmacéutico de la casa, con plenos poderes.

En el momento de su retirada, en 1928, su descubrimiento era ya un éxito en todo el mundo. Según mcnbiografias.com, Hoffman inició su fructífero trabajo cuando en Bayer le pidieron que buscara un producto alternativo con las mismas propiedades que el ácido salicílico, pero sin los efectos secundarios de este, que amargaba e irritaba las paredes del estómago. A pesar de los efectos 'milagrosos' de la aspirina, el nombre de su descubridor no es popularmente conocido como el de otros grandes inventores. Tal vez sea debido a que, ocasionalmente, a Hoffman se le ha cuestionado el mérito, atribuyéndoselo a otro farmacéutico de Bayer, un hombre de origen judío llamado Adolf Eichengrün. Pero este extremo nunca ha sido demostrado.

 

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