Encarnación Cuéllar: «El dolor tiene muchas caras; cada caso es un mundo»

Encarnación Cuéllar es médica anestesióloga. /SUR
Encarnación Cuéllar es médica anestesióloga. / SUR

Esta anestesióloga y directora del Plan Andaluz del Dolor que ejerce su profesión en el Hospital Regional Carlos Haya apuesta por informar, formar y educar mejor a la población

Ángel Escalera
ÁNGEL ESCALERAMálaga

El dolor tiene muchas caras. Cada caso es un mundo, afirma en esta entrevista la directora del Plan Andaluz del Dolor, Encarnación Cuéllar, que es anestesióloga del Hospital Regional Carlos Haya. «El dolor cero con esfuerzo cero es imposible de conseguir», pone de manifiesto la doctora Cuéllar, que considera que hay que informar, formar y educar mejor a la población para que encare con más garantías las cuestiones relacionadas con el dolor.

¿En qué situación se encuentra el Plan Andaluz del Dolor?

–El plan se empezó a elaborar en 2009, se publicó en 2010 y está vigente en estos momentos hasta que no haya una reevaluación y una nueva edición. Como todos los planes integrales es una estrategia que engloba todo: la promoción, la prevención, la evaluación, el seguimiento y la rehabilitación. Puntos claves son también la formación de los profesionales y la educación de los pacientes. Se intenta también implementar las nuevas tecnologías y la innovación para facilitar la autogestión y el autocuidado en el dolor crónico, que es el más prevalente, así como el seguimiento de esos pacientes.

¿Ha habido alguna novedad o actualización del plan?

–Como documento actualizado no está disponible todavía, pero los desarrollos son múltiples. Desde que nació el plan, se han hecho guías de práctica clínica, procesos asistenciales integrados y relacionados con el dolor, la guía de buen uso de opiáceos, la formación de los profesionales, etcétera. El dolor tiene muchas caras: está el crónico, el agudo, el oncológico, el no oncológico... Cada caso es un mundo.

¿Y qué es lo que falta?

–Siempre hace falta llegar más a la práctica clínica en el día a día. Lo intentamos con el distintivo de centros contra el dolor, que es un conjunto de recomendaciones de buenas prácticas que tienen disponibles los centros y las unidades. Se consigue ese distintivo como un premio al buen hacer. Asimismo, intentamos que exista una mejor comunicación entre los niveles asistenciales: atención primaria, hospitalaria y extrahospitalaria. La finalidad es que se pongan de acuerdo para tratar a su área de influencia de pacientes con criterios de comunicación, derivación, formas de evaluación comunes, recomendaciones farmacológicas, etcétera.

¿Hay suficientes unidades pública del dolor para atender a la población?

–Las unidades del tratamiento del dolor son la cúspide de la pirámide. Y cuando hablamos de ellas nos referimos casi solo al dolor crónico no oncológico, pero, como le decía antes, el dolor tiene muchas caras. El más del 85 por ciento del dolor crónico no oncológico se trata en los centros de atención primaria, como casi todas las patologías. Solo el 13 por ciento de los pacientes son derivado a los centros hospitalarios, fundamentalmente a las áreas en que se tratan las dolencias musculoesqueléticas. El 70 por ciento del dolor crónico no oncológico es musculoesquelético:lumbalgias, cervicalgias, dorsalgias, fibromialgia... Los enfermos son derivados a los servicios de traumatología, reumatología y rehabilitación, fundamentalmente. Ocasionalmente, el dolor neuropático es enviado a neurología o neurocirugía. A las unidades del dolor se manda a los pacientes con dolor refractario para que reciban terapias o para la aplicación de técnicas intervencionistas mayores que no se han podido dar en otras áreas asistenciales. En Andalucía existen 24 centros públicos que disponen de unidades del dolor de mayor o menor entidad. En la provincia de Málaga contamos con tres: las de los dos hospitales de la capital y la del Costa del Sol de Marbella.

Asistencia asegurada

¿Están bien cubiertas las necesidades de los pacientes?

–Yo creo que sí. Esto es siempre un camino sin fin. El objetivo ideal es difícil de conseguir, pero la asistencia tanto en la cúspide de la pirámide como en primaria está asegurada.

En líneas generales, ¿sabe la sociedad soportar el dolor?

–Vivimos en una sociedad muy demandante, muy medicalizada y que quiere las cosas muy deprisa. Queremos que todo se solucione ya y de forma total. Queremos dolor cero con esfuerzo cero, sobre todo cuando hablamos del dolor crónico no oncológico, que es de larga duración y en el que las expectativas de los pacientes, hoy por hoy, son difíciles de alcanzar, porque conseguir dolor cero con esfuerzo cero es imposible. En lo que hemos recorrido menos camino es en informar, formar y educar a la ciudadanía. Contamos con proyectos, que están en pañales, que tenemos ganas de que ganen cuerpo antes de que acabe el año, como es el caso del aula virtual de pacientes con dolor crónico. El objetivo es alcanzar un grado importante de funcionalidad, aunque no sea dolor cero, si todos ponemos de nuestra parte: los pacientes y los profesionales.

¿Qué tratamientos son más efectivos en los paciente con dolor no oncológico?

–Cada patología es un síndrome determinado. Hay que conocer el algoritmo diagnóstico de tratamiento de cada uno de los síndromes. De forma general, y hablando solo de tratamiento farmacológico, se sigue la escalera analgésica de la OMS, en la que en el primer escalón se hallan los antiinflamatorios esteroideos, luego están los opiáceos menores y, si es necesario, se recurre a los opiáceos mayores. En el dolor neuropático, que es el menos prevalente, pero que tiene un impacto brutal en la persona, como los analgésicos no son efectivos, se dan anticonvulsivantes y antidepresivos y técnicas intervencionistas.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos