La cocaína desbanca al alcohol como la droga con más demanda de tratamientos

La cocaína desbanca al alcohol como la droga con más demanda de tratamientos

El paciente tipo es un hombre joven, con estudios básicos, con trabajo y que vive en pareja o con su familia

Alfonso Torices
ALFONSO TORICESMadrid

El relevo generacional ha provocado un vuelco en la radiografía de la adicción a sustancias estupefacientes en España. La cocaína, por primera vez, ha desbancado al alcohol como la droga que registra más demandas ciudadanas de tratamientos de deshabituación, según el informe anual que elabora el Observatorio Proyecto Hombre con la colaboración de La Caixa.

Uno de cada tres ciudadanos que llamó en 2017 a la puerta de Proyecto Hombre, una organización que ayuda a dejar sus adicciones a 16.000 personas en 15 autonomías, tenía como principal problema el consumo de cocaína. Los pacientes enganchados a esta sustancia fueron el 34,3% frente al 31% que precisaba salir del infierno del alcohol. Algo inédito en los 34 años de historia de la organización, en la que solo hace cinco años, en 2012, la demanda de tratamiento por alcohol alcanzaba el 41%. Además, se trata de una tendencia creciente. En un solo año han aumentado tres puntos los solicitantes de tratamientos para huir de la cocaína.

Las razones, además de en el cambio de hábitos generacional, hay que buscarla, según estos expertos, en un aumento del consumo en toda Europa -donde hay más disponibilidad de esta sustancia por una mayor producción-, en la salida de la crisis, en un descenso de la percepción del riesgo entre la población, y en la aceptación normalizada de su consumo en ámbitos laborales y familiares.

Lo que el informe descarta es el mito de que se trata de una droga utilizada por las clases medias y altas. El perfil del adicto que pide ayuda es del ciudadano común. «Consumen cocaína todas las clases sociales. Las personas a las que tratamos pueden ser uno de tus familiares o tu vecino», aseguró Félix Rueda, experto de Proyecto Hombre.

El consumidor tipo que busca ayuda es un hombre, de entre 35 y 36 años, que vive en pareja -el 27% con hijos- o con sus padres, que dispone de estudios básicos y que ha contado con un empleo de forma habitual pese a que toma esta droga desde hace unos 16 años. Hay ejecutivos y catedráticos, pero las dos terceras partes trabajan o han trabajado en el sector servicios -comercio, hostelería, vigilancia, mensajería, cuidados, etc.- y en la industria y la construcción. De hecho, el 43% no tiene estudios, el 48% solo cuenta con los básicos, y solo el 8% es un titulado universitario.

La prevalencia de los hombres es aplastante, el 88%. El consumo de cocaína, según el informe, es una adicción en la que los varones le sacan 10,8 puntos a las mujeres, que sin embargo tiene un consumo excesivo de alcohol, 16,4 puntos más que los varones.

La segunda característica es la juventud. El 53% de los demandantes de tratamiento tienen entre 29 y 39 años y también es la principal adicción entre los de 18 a 28 años que piden ayuda. En concreto, entre el colectivo juvenil afecta al 32% de los demandantes, seguida por el cannabis, con el 26%.

La tercera característica de estos pacientes es una mayor estabilidad social que en adicciones como el alcohol o la heroína, sin apenas enfermedades crónicas ni causas judiciales pendientes, con notable apoyo socio-familiar y frecuentes responsabilidades laborales y familiares.

Las dos terceras partes de los adictos habían tenido un trabajo habitual y a tiempo completo en los tres años anteriores al inicio de su tratamiento, lo que supera en casi 20 puntos la situación laboral media de usuarios del resto de sustancias, e incluso en su momento más bajo, un mes antes de acudir a pedir ayuda a Proyecto Hombre, lo seguían manteniendo el 46%.

Estas características del problema son las que hacen que Proyecto Hombre considere que es «imprescindible» una intervención preventiva en el ámbito laboral, para realizar una detección precoz y un pronto inicio del tratamiento, y una mayor implicación de los servicios médicos, sociales y psiquiátricos también en el diagnóstico temprano del problema y en la derivación de los afectados a servicios que puedan poner freno a su consumo pernicioso. De igual manera, y como camino para combatir en general las adicciones a todas las sustancias, demandan una mayor utilización por los jueces de los tratamientos de deshabituación como alternativa a las penas de prisión.

 

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