¿De dónde vienen los piojos y por qué existen aún con tanta higiene?

Los parásitos viven en las cabezas de las personas, aunque pueden sobrevivir hasta más de 24 horas sin ser hospedados por ningún ser humano

¿De dónde vienen los piojos y por qué existen aún con tanta higiene?
PILAR R. QUIRÓSMálaga

Se ha dicho, sin ser verdad, que los piojos sólo proliferan en las épocas que hace más calor, pero es incierto que no lo hagan el resto del año, aunque de forma más lenta. El hecho de hablar de estos parásitos ya da pie, instintivamente, a rascarse la cabeza a más de uno sin tenerlos y a poner la expresión de asco de sus caras. Sobre todo a los sufridores padres, ya que las plagas suelen tenerlas los niños, pero ellos, sus progenitores son los obligados, cual guerreros del antifaz, a exterminarlos por todos los medios posibles.

Sí, no sean impacientes. La pregunta del millón: ¿De dónde vienen los piojos y por qué los tienen los niños que lavan regularmente sus cabezas y que tienen comportamientos higiénicos y están sanos? Es totalmente falso que los piojos vienen de los animales, aunque sí es cierto que las garrapatas son de ellos y que a veces pueden picar a los humanos, pero lo cierto es que los piojos de los animales no se transmiten a las personas. Todos los expertos consultados coinciden en que los piojos conviven con nosotros desde hace miles de años y que su cobijo ha sido, cíclicamente, las cabezas humanas en espiral. Pero hay un paso intermedio que mucha gente desconoce: pueden sobrevivir hasta 24 ó 48 horas sin ser hospedados por ningún humano, de ahí que a veces estén en cojines, cortinas, toallas, etc, esperando a la presa a la que agarrarse.

Lo peor, lo más calamitoso de que un niño tenga piojos es que puesto que su sistema inmunitario no activa las defensas contra la saliva de estos insectos hasta cuatro o seis semanas después de haberse asentado en sus cabezas, es difícil saber que están ahí hasta que el escolar no empieza a rascarse. Para entonces, por desgracia, puede haber centenares de ejemplares y en diversos estadios, desde el piojo adulto hasta las liendres, que tardan en eclosionar una semana. En fin, tal y como lo está leyendo una alegría para los padres que encuentren la tremenda selva deslizándose por las lianas de los pelos de sus hijos. ¡Un horror!

Otra de las preguntas es ¿por qué, generalmente, es más difícil que los adultos acaben teniendo piojos?. La respuesta es sencilla: a veces sí que son infestados por sus hijos, pero por lo general es más fácil que éstos pasen de una cabeza a otra de niños porque ellos tienen mucho más contacto físico en las guarderías y colegios. De ahí que también sean, con cierto humor, los transmisores más eficaces de gripes y otros virus. Sus juegos son físicos, sus manitas chocan habitualmente con las de sus compañeros y entre ellos, la llamada distancia íntima, es decir el espacio que se guarda entre las personas (diferente según culturas y formas de ser) es nula.

Pero hay otros aspectos que conviene saber en el caso de ser padre para no amargarse. Piojos tienen todos los niños, y no es ningún síntoma de mala higiene. Simplemente están ahí y hay que erradicarlos de nuestro entorno, al menos momentáneamente. Por eso, hay que usar dos armas principalmente para su exterminio: champús o lociones efectivas (hay un rango enorme en las farmacias y tiendas de cosmética) y combinarlo con el uso de liendreras, que habrá de pasarse por todo el pelo para ir retirando los huevos de estos insectos que se quedan adheridos a los mismos. Ármese de paciencia cuando le toque hacerlo: el champú o loción tardará unos quince minutos en hacer efecto y más tarde, deberá lavar el pelo normalmente y pasar la liendrera, a ser posible, por todos los cabellos para ir retirando los huevos. Sea muy riguroso en esta operación y limpie insistentemente el peine y la zona cuando acabe con lejía para matarlos. El peine debería ser hervido para más seguridad, y las toallas, ropa de cama y cojines que haya usado, lavarse a más de cincuenta grados. Como prevención no se deben usar líquidos preparados para los mismos porque los estamos haciendo inmunes. Dicen, aunque no está probado, que les ahuyenta la esencia de árbol de té por lo que algunos preparados de farmacia la llevan, o también enjuagar al final del lavado con vinagre (mitad de agua, mitad de vinagre), que lo que hace es provocar que se desenganchen las liendres. Pero, sobre todo, lo más importante es la observación y pasar cada día la liendrera para ver si ha habido reinfestación. A veces es duro y muy tedioso deshacerse de ellos. ¡Paciencia!

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