Una emotiva herencia para la hija del vecino

Un anciano de Gales deja en herencia a sus vecinos los regalos de 14 navidades para su hija de dos años. «Le daremos uno al azar anualmente, aunque con 16 le toque un juguete», dice el padre

Una emotiva herencia para la hija del vecino
Susana Zamora
SUSANA ZAMORA

En el pueblo costero de Barry no se habla de otra cosa estos días. La historia de la familia Williams ha conmovido al tranquilo vecindario de esta pintoresca localidad de unos 50.000 habitantes, situada a 11 kilómetros de Cardiff (capital de Gales). Owen y Caroline Williams aún no salen de su asombro. Están sobrepasados por la generosidad demostrada por su vecino Ken Watson, un entrañable anciano de 86 años que, tras morir repentinamente este pasado lunes, les ha dejado en herencia un excepcional cuento de Navidad, en el que su hija es la gran protagonista.

Desde que nació la pequeña Cadi hace dos años, la vida de Ken Watson recobró el pulso que perdió cuando falleció su esposa Beryl en 2012. Con dos hijas, pero sin nietos a los que poder mimar, todas sus atenciones las volcó en la niña, con la que se encariñó y a la que visitaba con frecuencia. Se convirtió en el motor de su vida y Watson, que siempre deseó alcanzar los cien años, se hizo la promesa a sí mismo de que, hasta que los cumpliese, la pequeña Cadi recibiría un regalo suyo por Navidad. Pero sabía que la enfermedad que sufría podría dar al traste con su propósito y buscó un plan B.

Owen Williams, junto a su hija Cadi.
Owen Williams, junto a su hija Cadi. / R. C.

Nadie supo de él ni de sus benévolas intenciones hasta esta semana, cuando tras su fallecimiento sus hijas encontraron en el garaje de su casa un enorme saco lleno de obsequios para Cadi: había juguetes para las 14 navidades siguientes. Recibiría así un detalle hasta 2032, año en que él cumpliría los cien años. «Cuando las hijas del señor Watson llamaron a la puerta para darnos aquella bolsa llena de paquetes para nuestra pequeña, quedamos en shock», recuerda entre lágrimas Owen Williams, quien tras mudarse al barrio con su familia hace tres años forjó una gran amistad con el anciano, un veterano buceador que en lugar de esperar la muerte, exprimió sus últimos años de vida.

Todavía conmocionados por los acontecimientos, los Williams tratan de digerir el cóctel de emociones. Apenados por la pérdida, pero abrumados por el gesto, se enfrentan ahora a un dilema: ¿Deben abrir todos los paquetes para saber qué contienen y entregárselos a su hija de acuerdo a su edad o darle la oportunidad a su pequeña de ir descubriéndolos al azar cada Navidad los próximos 14 años?

Según ha declarado Owen a un medio local, «es un riesgo, porque cuando Cadi tenga 15 años puede que abra un regalo propio de un niño pequeño».

Agobiado con la cuestión y como homenaje a su viejo amigo, decidió esta semana compartir su historia, que se ha hecho viral por obra y gracia de las redes sociales. En cuestión de horas, más de 67.000 usuarios de Twitter se pronunciaron en la encuesta. Emocionados con el relato, la mayoría de los participantes recomendó a la familia Williams respetar la voluntad de su benefactor y darle cada año un regalo a su hija. «No tengo ni idea de lo que habrá en los paquetes, pero voy a cumplir con la voluntad de los votantes y a convertir esta ilusión que tuvo Watson en una gran historia de Navidad. Procuraremos que abra uno cada año hasta que cumpla los 16. Y si cuando los tenga, le toca una caja de Lego, no pasará nada. Que así sea».

 

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