¿De qué se ríen las feministas?

Esta permanente duda sobre si las mujeres pueden ser graciosas es algo recurrente desde que hace casi 20 años empecé a interesarme por el estudio de la comunicación satírica

¿De qué se ríen las feministas?
Patricia Paz
NATALIA MELÉNDEZ MALAVÉProfesora de Periodismo, Universidad de Málaga

En la brillante escena final de la primera temporada de la multipremiada serie 'La maravillosa señora Maisel' (Amy Sherman-Palladino, Amazon Prime Video) sobre una acomodada ama de casa judía en el Nueva York de los 50 que transforma su vida convirtiéndose en monologuista, un tipo entre el público la increpa al subir al escenario de un club. Apenas va a iniciar su show le empieza a gritar cosas como «vete a limpiar la cocina», a lo que Maisel reacciona rápidamente y le espeta: «soy judía, tengo quien lo haga por mí». El hombre se va calentando y tira de ese gran clásico del argumentario neandertal: «eres una puta», a lo que Maisel contesta despreocupada con un «sí, ¿quién te lo ha dicho?». En ese rosario de lindezas no falta el categórico «las mujeres no tenéis gracia», respondido por parte de nuestra heroína con un «las mujeres deben de tener sentido del humor porque su esposa le ha visto desnudo».

Esta permanente duda sobre si las mujeres pueden ser graciosas es algo recurrente desde que hace casi 20 años empecé a interesarme por el estudio de la comunicación satírica. Y, aunque podemos citar nombres de cómicas maravillosas de todos los tiempos, es muy recientemente cuando estamos asistiendo a una alianza, en mi opinión muy necesaria y saludable, entre humorismo y feminismo, que reclama el legítimo espacio de las mujeres en la comedia.

Así, aunque si bien el hecho de que una mujer sea autora de un contenido cómico (ya sea en viñetas, guiones, tuits o monólogos) no quiere decir que su mensaje sea feminista, ni tan siquiera –y esto lo reclaman mucho las humorista– dirigido solo a público femenino o centrado en cosas «de mujeres», lo que sí es cierto es que su pujanza abre el abanico de temas, cuando no aborda directamente un contenido feminista.

Ejemplos de uso del humor como vehículo muy potente para tratar cuestiones de la agenda del feminismo los tenemos en espacios como 'Deforme Semanal' de Lucía Lijtmaer e Isa Calderón o vídeos virales de Youtube como 'Barbie feminista' de Living Postureo («la muñeca que te enseña a ser feminista con moderación y sin violentar a nadie») o 'La mediadora feminista' en el canal de Los Prieto Flores, donde Nerea Pérez aparece cual mayordomo de anuncio con un spray adiestrador cada vez que detecta un micromachismo o un topicazo del estilo «ni machismo ni feminismo» o «si yo soy feminista, pero...». Natalia Flores, mitad de este dúo de youtubers maduros, pone también voz a una divertida micropieza de la serie titulada 'Eres una caca' de Lula Gómez, en el que un excremento de plastilina animado en stop motion nos ayuda a detectar y desmontar comentarios sexistas. Por supuesto acaba pisoteado al final de cada episodio en un 'running gag' que el público recibe con alivio. El libro recopilatorio de viñetas de Rocío Vidal Machistadas sigue también esta línea. Y otras compañeras suyas del ámbito del humor gráfico como Flavita Banana, Ana Belén Rivero, Mamen Moreu, Laura Santolaya (P8ladas) o Raquel Córcoles (Moderna de Pueblo) desarrollan esta faceta en parte de su material para diversas publicaciones. De este modo, a lo divertido de las propuestas se añade una parte importante de aprendizaje sobre aspectos básicos de la perspectiva de género. Siendo tan fundamental para el feminismo la continua revisión y reconstrucción del mundo en el que nos hemos educado, yo misma reconozco que he aprendido gracias a estas autoras, fijándome en cosas que hasta entonces no había sido capaz de ver.

Es muy recientemente cuando estamos asistiendo a una alianza entre humorismo y feminismo

Como algunas de las arriba citadas, muchas de estas humoristas surgen de las redes sociales donde alcanzan cifras de seguidores que les permiten abrirse camino en otros medios más convencionales, publicando libros o colaborando en prensa, radio y televisión. Es el caso de las polifacéticas Beatriz Cepeda (Perra de Satán), Carolina Iglesias (Percebes y Grelos) o Esty Quesada (Soy una pringada), las vídeoanimadoras Rocío Quillahuaman y Anabel Lorente (Catana3l) ambas protagonistas de un reciente y casi simultáneo éxito como fenómeno viral, o Dolors Boatella, una auténtica reina de los memes en la red. Muchas de ellas ya compaginaban su trabajo en el ámbito de la comunicación con el humor, como las periodistas Lucía Taboada o Paula Cantó o la guionista Henar Álvarez. Esta última lograba hace pocos meses un gran hito al triunfar en el programa 'Late Motiv' de Buenafuente con su monólogo 'La puta de la clase', justamente mediante el mismo mecanismo de la señora Maisel en la secuencia arriba descrita de apropiarse del pertinaz calificativo.

Esto nos recuerda otra aportación de estas mujeres en el tratamiento de temas novedosos, o que hasta entonces abordaban ellos pero no ellas, vinculados a la sexualidad y también a la escatología: abundan por ejemplo los chistes sobre la menstruación y en general una reinterpretación de la visión del propio cuerpo que resulta muy refrescante. Nos ayudan así a las que aún tenemos que luchar con años de tabú sobre esas cuestiones, que reconozco que me cuesta abordar en mis propios textos y charlas. Así, lo cómico es un terreno más de la esfera pública que ha estado vedado y que hay que conquistar, un espacio de interacción con los demás en el que estas mujeres hablan libremente de lo que piensan. Con ello están precisamente contribuyendo a conseguir un objetivo del feminismo y es justo reconocérselo.