Se regalan casas en Japón

Se regalan casas en Japón

Al envejecido país del sol naciente se le acumulan las viviendas vacías. Contabiliza ya 8 millones. Como no sabe qué hacer con ellas, ha empezado a regalarlas

ICÍAR OCHOA DE OLANO

Si alguna vez fantasearon con la idea de instalarse en el país de los trenes bala, el sashimi, los bosques de bambú y los manga, este puede ser el mejor momento. Japón vive un nuevo tsunami. Este, de viviendas muertas. Se estima que el parque de casas abandonadas en la nación del sol naciente, en donde viven 126 millones de personas, alcanza ya la desbordante cantidad de ocho millones, un superávit que obedece, en buena medida, al declive demográfico de su población. El asunto quema tanto en las manos de los propietarios como en las del Gobierno nipón, por lo que muchos titulares han empezado a entregar esos inmuebles sin contraprestación alguna. Vamos, que literalmente los regalan.

El fenómeno que ha llevado a esta isla a convertirse en el paraíso soñado de cualquier okupa se explica por un cóctel de razones. Por un lado, los japoneses posponen cada vez más tiempo su boda y, por tanto, tiene los hijos más tarde. Eso, cuando los tienen. La tasa de natalidad en la isla no llega al 8%, lo que provoca que la cuarta parte de la mano de obra de Japón supere los 65 años. Y, por otro, la esperanza de vida no para de crecer –se sitúa en los 85 años–, hasta el punto de que ostenta el récord mundial de centenarios, con cerca de 70.000.

Claves

Limitaciones para alquiler.
Los dueños de las casas vacías confiaron en que una nueva ley de intercambio de viviendas permitiría a Airbnb hacerse cargo de las propiedades. Pero la norma se aprobó en verano con severas restricciones, como la de limitar el alquiler a 180 días, lo que ahuyentó a la firma estadounidense.

Una de las consecuencias de esta compleja sociedad es su monumental 'stock' de bienes inmuebles que, sin embargo, constituye un mero aperitivo de la marea de ladrillos huecos que se avecina. Según un reciente estudio, el excedente de viviendas desocupadas aumentará hasta los 21,7 millones en 2033, el equivalente a un tercio del parque de casas de Japón. En paralelo, la población irá envejeciendo y mermándose de forma dramática. Se espera que se reduzca un 30% para 2065.

Sin llegar aún a ese desolador panorama, un listado llamado 'akiya banks', que traducido sería algo así como 'base de datos de casas abandonadas', se ocupa de ofrecer una buena parte de ellas a quien quiera ocuparlas. Hay viviendas gratis, otras que han pasado de costar 80 millones de yenes a solo 1 millón –o lo que es lo mismo, de 625.000 euros a 7.800– y también hay alquileres por 300, 400 o 500 euros al año. Lo que sea con tal de quitárselas de encima –y que sus titulares dejen de pagar impuestos por propiedades que no utilizan– y de evitar que se caigan a pedazos.

La superstición agrava el problema. Los nipones rechazan vivir donde alguien ha muerto

En eso precisamente están los gobiernos locales, muchos de los cuales han abiertos líneas de subvención para tratar de propiciar la aparición de compradores dispuestos a demoler y a construir nuevas casas. El grueso de las viviendas sin vida se concentran en las comunidades rurales y suburbanas, a donde no quieren ir los jóvenes, y a menudo se encuentran en mal estado. Se levantaron en la década de los sesenta, durante el auge de la vivienda de posguerra, cuando los estándares de calidad eran bastante limitados y las estructuras prefabricadas, algo común. En otros casos, se edificaron en terrenos inclinados, lo que las hace poco sólidas, o quedaron dañadas en algún desastre natural.

Invocar al feng shui

A todos estos condicionantes que explican el incremento de casas fantasma y su complicada resurrección, hay que añadir un ingrediente cultural para terminar de entender el problema: la superstición. A los japoneses les da 'yuyu' vivir en una casa en la que alguien ha pasado a mejor vida.

«Es de lo más común encontrar lugares que se quedan abandonados tras el fallecimiento del dueño», señala el agente inmobiliario Yuken Kon. Más aún si ha sido el escenario de un homicidio, un suicidio o una muerte solitaria. Convertidas en propiedades estigmatizadas, algunos agentes inmobiliarios se ven obligados a realizar rituales e incorporar de algún modo los preceptos del feng shui con la esperanza de bendecirlas de algún modo y de volverlas a hacer habitables para los nipones.

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