El puente de los perros suicidas

Por algún motivo hasta ahora desconocido, los perros saltaban sobre el pretil y caían al vacío./RC
Por algún motivo hasta ahora desconocido, los perros saltaban sobre el pretil y caían al vacío. / RC

Cientos de canes comenzaron a saltar al vacío desde el Overtoun, en Escocia, en 1950. Casi 70 años después, el misterio parece resuelto, pero pocos llevan a sus mascotas sin correa

JAVIER GUILLENEA

En el puente Overtoun, cerca de la ciudad escocesa de Dumbarton, un letrero advierte a los dueños de perros de que deben sujetar a sus mascotas con una correa. El aviso no pretende evitar que los animales se peleen con otros o muerdan a la primera persona con la que se crucen; lo que quiere impedir es mucho más serio. Es un mensaje para que los perros no se suiciden.

Comenzaron a saltar en la década de 1950. Los vecinos salían a pasear con sus mascotas y, por algún motivo, muchas de ellas se mostraban intranquilas al cruzar el puente y saltaban por encima del pretil, un muro de granito que sirve de frontera entre el camino y un vacío de quince metros de altura. Desde entonces, unos 300 perros han dado ese fatal paso, aunque hay quien habla de 600. Para medio centenar fue su último salto. Incluso algunos de los que sobrevivían volvieron a repetir el intento, como si una fuerza misteriosa los llamara desde algún territorio desconocido.

Todas las caídas se produjeron en el mismo lugar, en los dos últimos tramos del lado derecho del puente, y casi todas en días claros y soleados. Además, los perros pertenecían a razas de nariz larga, como labradores, collies y perdigueros. Una de las víctimas se llamaba 'Bonnie'. «Algo se apoderó de ella en cuanto nos acercamos al puente. Primero se quedó perpleja, pero después una energía extraña la poseyó, corrió y saltó por el parapeto», explicó poco después su dueña.

Nadie sabía lo que ocurría allí, pero en Dumbarton pronto empezaron a circular ese tipo de historias que tanto gustan a los escoceses. Según las versiones más atrevidas, el puente, que fue construido en 1895 sobre un arroyo, hace honor a su nombre. En la mitología celta, Overtoun es conocido como 'el lugar angosto', una zona en la que se abre un portal espiritual que conecta las puertas del cielo con las del infierno. Por cuestiones de sensibilidad, ese umbral sería percibido por los perros, que sienten el impulso de atravesarlo.

Un cartel previene de llevar atadas a las mascotas al cruzar el Overtoun.
Un cartel previene de llevar atadas a las mascotas al cruzar el Overtoun.

Hay otras hipótesis no menos sugerentes. Algunos vecinos han rememorado la historia de la Dama Blanca, que no es sino la viuda de John White. Al parecer, esta mujer vivió sola y guardó luto durante más de treinta años tras la muerte de su marido, en 1908. Según los lugareños, su fantasma ha sido visto en ventanas y paseando por el lugar. Y también hay quien recuerda que, en 1994, Kevin Moy arrojó a su hijo a la muerte desde el puente porque creía que el pequeño era el anticristo. El hombre, que estaba drogado y se lanzó al vacío tras matar al niño, sobrevivió y más tarde insistió en que aquel lugar estaba embrujado.

A falta de más respuestas, Mary Armour, una psíquica supuestamente experta en fenómenos paranormales, dio un paseo por el puente con su perro labrador, al que llevaba sujeto con una correa, pero allí no pasó nada. «Los animales son hipersensibles al mundo espiritual, pero no sentí ninguna energía adversa», afirmó. De hecho, la mujer apuntó que había experimentado un sentimiento de «pura calma y serenidad», aunque admitió que su perro la había conducido hacia el lado derecho del puente.

El misterio se mantenía mientras los chuchos seguían lanzándose al vacío. Nadie era capaz de dar con una explicación convincente hasta que apareció en escena el psicólogo canino David Sands, quien cruzó el puente con un perro de avanzada edad que había sobrevivido a una caída para observar su reacción. El animal lo atravesó sin ningún problema, pero al llegar al tramo final se tensó repentinamente. Algo había captado su atención aunque, debido a sus muchos años, el perro no había tenido fuerzas para saltar.

Los tres sentidos

Aquello le dio una pista al investigador. Sands pensó que uno de los tres sentidos principales de estos animales –la vista, el oído o el olfato– se había visto tan estimulado que al perro le había surgido una curiosidad insuperable. Descartó el primero de ellos porque, desde la perspectiva de un can, lo único visible en el puente era el pretil de granito. Poco más podía ver, fantasmas aparte.

Especialistas de una empresa de acústica de Glasgow acudieron al escenario para medir los niveles de ruido. Había quien pensaba que las armas nucleares almacenadas en una base militar cercana, las antenas telefónicas próximas o incluso la misma estructura del Overtoun podían emitir sonidos solo audibles para los perros, pero las mediciones de los técnicos no revelaron nada fuera de lo normal. Solo quedaba el olfato.

Trágica historia

Fantasmas
El puente fue construido en 1895 para salvar un barranco de 15 metros en la localidad escocesa de Dumbarton, un tiempo suficiente para que haya acumulado dos fantasmas en su historia: la Dama Blanca y el hombre que arrojó al vacío a su hijo porque estaba convencido de que era el anticristo
300
perros han saltado al arroyo desde que, en la década de 1950, comenzó el extraño fenómeno, aunque algunas fuentes hablan de 600

Los cebos que colocó bajo el puente el experto en hábitat animal David Sexton permitieron comprobar la existencia de ratones, visones y ardillas en la zona. El siguiente paso fue impregnar diferentes áreas de una campa con el olor de estos tres animales y soltar diez perros de las mismas razas que las de los 'suicidas' para ver qué hacían. Casi todos salieron disparados tras el rastro de los visones.

El fuerte olor a moho que emiten las glándulas anales de estos animales es un aroma irresistible para los perros, sobre todo para los que tienen el olfato más desarrollado. Según Sands, este olor, más intenso en días claros y soleados, era lo único que percibían las mascotas en el puente, ya que su vista y su oído estaban limitados por el pretil. Al percibir la fragancia mohosa, los canes saltaban felices sobre el muro de granito sin saber que al otro lado no había nada. Todo encajaba, incluso las fechas, porque los visones fueron introducidos en Escocia en los años veinte pero solo comenzaron a reproducirse en libertad a partir de los cincuenta, que es cuando empezaron los suicidios.

El misterio había quedado resuelto. Ni damas blancas, ni puerta al infierno, ni fuerzas paranormales; unos simples visones habían sido los causantes del estropicio, aunque hubo quien no quedó demasiado convencido. Muchos vecinos de Dumbarton aún se preguntan por qué no ha sucedido lo mismo en otros puentes y por qué los perros solo se lanzan en uno de los tramos del lado derecho. Por si acaso, no dejan que crucen sueltos el Overtoun.

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