Nuevo clima laboral

Heladeros, depiladoras y vendedores de aire acondicionado son 'chivatos' del calentamiento global: el verano empieza antes y dura más. Y se nota en la caja

Esquiadores se desplazan en una percha en una estación eslovena donde escasea la nieve./Reuters
Esquiadores se desplazan en una percha en una estación eslovena donde escasea la nieve. / Reuters
INÉS GALLASTEGUI

Las golondrinas no vuelven porque nunca se fueron, los cerezos florecen antes de tiempo y los incendios devoran enormes extensiones de bosque apenas estrenado el año. El cambio climático es innegable y no hace falta ser un animal o una planta para notarlo: sus efectos van más allá del medio ambiente y afectan a la vida social y al consumo. Tras el invierno más seco y cálido del siglo XXI, las heladerías comienzan a abrir sus puertas, los instaladores de aire acondicionado se ponen las pilas y tanto los cuerpos como las playas se preparan para una cada vez más temprana 'operación bikini'.

Un informe de la Agencia Espacial de Meteorología (Aemet) acaba de confirmar algo que todos intuíamos:los veranos en España son ahora cinco semanas más largos que a comienzos de la década de los ochenta, es decir, comienzan antes –casi un mes– y terminan más tarde. Las temperaturas medias han aumentado en todas las estaciones, pero sobre todo en la primavera y el estío, con picos cada vez más frecuentes en forma de olas de calor, y las precipitaciones se han reducido.

El aumento del nivel del mar, sequías seguidas de tormentas destructivas y riadas, la desaparición de ecosistemas y la extinción de especies son algunas de las terribles consecuencias del calentamiento global en la naturaleza, pero también tiene efectos económicos.

El calor amplía el negocio de los heladeros.
El calor amplía el negocio de los heladeros. / R. C.

Menos nieve, más helado

Para algunos es ruinoso. En muchas ciudades, el paso de las castañeras en otoño fue visto y no visto. Con un febrero primaveral, las franquicias de moda no lograron dar salida a la ropa de abrigo en las rebajas de invierno y adelantan ahora más de un mes sus descuentos de mitad de temporada. Once estaciones de esquí han cerrado sus pistas antes de lo previsto: a muchas les costó arrancar la temporada y ahora mismo la reserva de nieve es la mitad que la media de los últimos cinco años.

Enotros sectores, el cambio climático no se mide en litros ni en grados, sino en euros. A diferencia de otros países de Europa, en España el consumo de helados está directamente ligado a los meses cálidos, por lo que la mayoría de los establecimientos especializados cierra en invierno, explica el presidente de la Asociación Nacional de Heladeros Artesanos, Marco Miquel. «En los países del norte de Europa se consume durante todo el año. Si esperaran al buen tiempo, ni lo probarían», señala el empresario, que regenta el establecimiento Miquel Gelater en Denia (Alicante).

Las terrazas se instalan en cuanto sale el sol.
Las terrazas se instalan en cuanto sale el sol. / R. C.

Tras la pausa invernal, los primeros en abrir suelen ser los valencianos, a primeros de marzo por Fallas, y su éxito en ese arranque depende de las cambiantes temperaturas primaverales. «Aquí salen dos días malos y ya te están diciendo: 'Pronto cerrarás'», se queja. Pero la extensión estival se nota en la caja:según datos de la asociación, el consumo de este producto ha aumentado en torno a un 5% anual en los últimos años. «Antes, el verano se acababa a mediados de septiembre y ahora muchos años dura hasta mediados de octubre», afirma.

«Vendemos cuando hace calor y las ventas aumentan un 5% cada año» Marco Miquel, Heladero

Del abrigo al bikini

Otro síntoma inequívoco de que el calentamiento global ha hecho de las suyas es el inicio temprano de la 'operación bikini' en sus diversos frentes. La semana pasada Zara estrenó la sección 'baño' de su tienda virtual y en apenas unas horas ya se habían agotado varios de sus modelos más coloridos.

Nuria Carrasco, con 27 años al frente del centro de belleza Saymos en Granada, corrobora que la temporada alta de depilaciones y pedicuras cada vez empieza antes y termina más tarde. «En primavera es más aleatorio, porque depende de cuándo caiga la Semana Santa, pero sí notamos que en cuanto hay unos días de calor hay mucha más demanda», explica. «En la época de las comuniones, el buen tiempo condiciona que las mujeres vayan con zapato cerrado y pantalón o con sandalia y falda. Y a final de verano, la gente sigue depilándose durante bastante más tiempo que hace unos años».

«Tras varias noches de calor, la gente compra el equipo aunque sea abril» José Luis Mesa, Ingeniero técnico

Los dietistas-nutricionistas dudan que sea el calor lo que empuja a muchos usuarios a pedir ayuda en estas fechas. «No es fácil discernir si el incremento de personas en las consultas puede ser debido a un periodo más cálido o simplemente a que cuidar la alimentación está de moda», afirma Ramón de Cangas, doctor en Biología Funcional y Molecular.

Las castañeras solo trabajan en otoño.
Las castañeras solo trabajan en otoño. / kike taberner

Aunque no descarta que algunos se acuerden de Santa Bárbara cuando llueve y de los michelines cuando sale el sol, cree que son minoría. «Puede tener algo de influencia en personas que buscan una pérdida de peso por motivos estéticos, pero pequeña. Mucha gente se sigue dejando llevar por las fechas concretas», asegura este miembro de la Academia Española de Nutrición y Dietética.

«La temporada alta de depilación y la pedicura empieza antes y dura más» Nuria Carrasco, Esteticista

Los mayores aluviones de pacientes que buscan perder peso se producen antes de verano, pero también en otoño y a comienzos de año, para paliar los excesos de las fiestas navideñas y del chiringuito, respectivamente, apostilla la presidenta del Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas Nutricionistas, Alma Palau. «Es un clásico», admite. Por suerte, cada vez hay más gente que entiende que una dieta saludable es importante todo el año.

Cuando la gente se enfunda el bañador, espera que las playas estén en perfecto estado de revista y, ante picos de temperaturas estivales en invierno y primavera, muchos ayuntamientos costeros han tenido que revisar el calendario de tareas.

La puesta a punto de las playas depende del cielo.
La puesta a punto de las playas depende del cielo. / R. C.

«Históricamente la puesta a punto de las playas se hacía de cara a Semana Santa, pero este año ya hacía calor en el puente de Andalucía», explica Rafael Caballero, concejal de Turismo de Almuñécar, con 19 kilómetros de playas en la Costa Tropical de Granada. Si hace unos años San Juan era el pistoletazo de salida para la limpieza de la arena, el arreglo de los desperfectos causados por los temporales o la puesta en marcha del servicio de socorristas, ahora se intenta adelantar esas tareas a mayo e incluso abril. «Nos lo han pedido los chiringuitos y hemos recogido el guante», señala el edil.

Pero quizá el 'sensor' más preciso para detectar que algo está ocurriendo en el planeta lo tenga José Luis Mesa, desde hace dos décadas técnico comercial de una empresa sevillana que fabrica e instala aparatos de aire acondicionado.

El largo verano

Invierno seco y cálido. El último invierno ha sido el más caluroso y el quinto más seco desde que hay registros (1965), con máximas 2º más altas que la media, un 30% más de horas de sol y un 51% menos de lluvia. Y las previsiones de la Aemet para esta primavera anuncian más de lo mismo.

Un mes de adelanto. En los años 70 el periodo veraniego (en lo que a temperatura se refiere) comenzaba el 15 de julio y terminaba el 16 de septiembre, mientras que ahora dura del 11 de junio al 22 de septiembre, con datos de Madrid.

0,34o de media ha aumentado la temperatura del mar por década en los últimos 40 años, lo que se traduce en noches más calurosas en las zonas costeras.

«Hace dos años Montoro (Córdoba) registró el récord histórico de temperatura en España, 47,3º. Antes estos picos de calor eran intermitentes, ocurrían un año sí y dos o tres no; ahora se dan de manera generalizada –explica–. Por eso antes los profesionales trabajaban un periodo muy corto, desde mediados de mayo hasta julio, y ahora, si el año viene caluroso, en abril ya están a tope». En el interior de Andalucía, el «detonante» suele ser una sucesión de noches sofocantes en las que la temperatura ronda los 30º y el aire parece detenido. «La gente se levanta y se va derecha a comprar el aparato», destaca.

También contribuye que los precios han caído y casi cualquier familia puede permitirse ya un aire acondicionado: hace veinte años uno de 3.000 frigorías costaba unos 1.200 euros y hoy, una cuarta parte. Con la tranquilidad añadida, resalta el experto, de que estos equipos son cada vez más eficientes, consumen menos electricidad y por tanto contribuyen menos al calentamiento global. Aunque eso mejorase el negocio.