La niña que no quiso ser princesa Disney

Abigail Disney, nieta de los creadores de la compañía más famosa del mundo, reniega de su fortuna. «Sé perfectamente lo que el dinero es capaz de hacer a las personas»

Heredera inusual. Abigail Disney tiene 59 años, está casada con el productor de cine Pierre Hauser y es madre de cuatro hijos, a los que ha educado al margen de los lujos../R. C.
Heredera inusual. Abigail Disney tiene 59 años, está casada con el productor de cine Pierre Hauser y es madre de cuatro hijos, a los que ha educado al margen de los lujos.. / R. C.
IRMA CUESTA

Toda la vida creyendo que debe ser una suerte nacer en una de esas familias que nadan en dinero y ahora resulta que ser archimillonario, lejos de ser algo bueno, puede llegar a ser un problema. Complejo de inferioridad, insatisfacción permanente, incapacidad para relacionarse con el resto de los mortales con naturalidad... Si uno tiene mucho, muchísimo dinero, podría estar especialmente predispuesto a padecer cualquiera de esas patologías. Al menos, eso es lo que ha contado Abigail Disney, la mujer que ha heredado buena parte de la fortuna que amasaron Roy y Walt Disney, su abuelo y su tío abuelo, de la mano del cine, la fantasía y los dibujos animados. «Cuando era joven me avergonzaba de la fortuna de mi familia», confesó hace solo unos días en una entrevista a la revista 'The Cut' en la que asegura, para sorpresa de la mayor parte de los mortales, que no quiere ser millonaria. Los problemas para Abigail comenzaron cuando tenía veinte años. Por aquel entonces, 1984, Michael Eisner, director ejecutivo de Walt Disney Company, se encargó de multiplicar las ganancias de la empresa fundada por la familia y de hacer que su padre, hasta ese momento un buen hombre de clase media alta, se volviera inmensamente rico. «Una de las primeras cosas que hizo fue comprarse un jet. Fue cuando sentí que mi padre había perdido el rumbo y es por eso que soy hiperconsciente de lo que la riqueza puede llegar a hacerle a la gente. Había vivido en una familia toda mi vida y de repente no era capaz de reconocerla», afirma la auténtica princesa Disney, por más que esté empeñada en dejar de serlo.

En su confesión, Abigail explica que, en ese afán por no permitir que el dinero estropeara su vida y conseguir ser reconocida por sus propios valores, decidió volcarse en los estudios. Sin embargo, una licenciatura en la Universidad de Yale, una maestría de la Universidad de Stanford y un doctorado en la Universidad de Columbia no lograron que terminara sintiéndose segura de sí misma. «He pasado mucho tiempo esforzándome por conseguir títulos de posgrado que me hicieran sentir que soy válida. Pero los sentimientos de ser un fraude volvieron pronto a aparecer». Ahora que es una mujer adulta ha encontrando por fin la paz y la confianza trabajando en sus propios proyectos para el cine, involucrándose en un montón de iniciativas filantrópicas y luchando por los derechos de las mujeres en todo el mundo.

En corto

Una carrera propia
Abigail estrenó en 2015 el documental 'The Armor of Light', un filme sobre un pastor que intenta alejar a sus feligreses de las armas, y ganó un Emmy. Aquello se convirtió en la prueba de que era capaz de hacer cosas importantes al margen de su apellido.
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son los millones de euros que ingresó en 2018 la factoría de entretenimiento que fundó Walt Disney y que emplea a 199.000 personas. El empresario tuvo dos hijas, una biológica y otra adoptada, que le dieron en total diez nietos. Roy O. Disney, su hermano y socio, tuvo un hijo, Roy Jr., padre de Abigail y de tres varones.

«Creo que las personas que crecen en este tipo de vida pueden tomar dos caminos: el elegido por Kim Kardashian, que es gastar, gastar y gastar, absorbiendo completamente la idea de que 'sí, eres muy especial', y aspirar a que todos te miren –conozco a muchas personas que han seguido esa ruta, entre ellas, muchas de mis amigas– o el opuesto. Yo usaba ropa mediocre. No quería que nadie supiera lo que tenía. Pasé la mayor parte de mi juventud en escuelas donde la gente te avergüenza por el hecho de tener dinero. No quería que nadie supiera quién era», cuenta esta mujer sonriente, empeñada en demostrar que se puede ser una pobre niña rica.

Directa y de izquierdas

La realidad es que la sobrina nieta de Walt, el hombre que alumbró al mismísimo Mickey, ha crecido atrapada en una suerte de contradicción existencial. «Lo extraño de mi vida es que generalmente me emociona conocer a alguien a quien no impresiono lo más mínimo. Soy una mujer de izquierdas que vive en Manhattan, del tipo intelectual de cabeza puntiaguda. Esas son las personas que odian a Disney y piensan que es lo peor en la tierra. Y ahí es donde probablemente estaría yo si no estuviera relacionada con él», suelta, sin querer desvelar a cuánto asciende la fortuna de la que disfruta gracias a los personajes a los que su abuelo dio vida.

Abigail no tiene problema en admitir que, cuando conoce a alguien, una simple broma sobre Cenicienta le basta para hacerles reír. «En algunos casos, todo lo que tengo que hacer es no ser muy gilipollas. Es como si la gente pensara que vas a llegar en una carroza pero, en aproximadamente una hora, invariablemente dirán: '¡Oh, Dios mío, está mujer tiene los pies en la Tierra'. No sé qué esperan las personas».