La mesa donde murió la República

La mesa de la firma con la placa explicativa entre sus patas. /  AP
La mesa de la firma con la placa explicativa entre sus patas. / AP

España recupera hoy el escritorioen el que Manuel Azaña firmó la capitulación en 1939

ANTONIO CORBILLÓN

El soporte donde la II República exhaló su último aliento legal con la firma de la capitulación de su presidente, Manuel Azaña, en su exilio francés, vuelve a manos españolas. La secretaria de Estado de la España Global, Irene Lozano, visita hoy el pueblecito de Collonges-sous-Salève (Alta Saboya, junto a la frontera suiza) para recuperar este mueble, una mesa familiar estilo Napoleón III. Es lo único que queda de La Prasle, la casa que el diplomático francés Marcel Griaule alquiló al cuñado de Azaña, el escritor y periodista Cipriano Rivas Cherif. Para la posteridad quedó la foto en la que este último leía la carta ante la prensa internacional.

Este trozo de historia sigue vivo gracias a la sensibilidad de la familia Griaule. «Siempre consideraron que podría ser un objeto de valor y se esforzaron en cuidarlo, incluso cuando la casa desapareció», explica el director de España Global, Joaquín de Arístegui. La familia la conservó durante estos 80 años. De la entrega hoy se encargará Luc Franzoni, nieto por vía materna de Marcel. España recibe la mesa «sin coste alguno» y con el compromiso de que «tenga visibilidad, que sea un elemento tangible de la moderna historia de España», continúa De Arístegui.

Localizar esta mesa de madera del siglo XIX estilo Baulle que se consideraba perdida ha sido posible gracias a las pesquisas del Consulado español de Lyon, que llevaba meses realizando labores de identificación del legado histórico del exilio. Pero también fue necesaria la complicidad de Francisca Ledesma, una residente en la cercana Annecy y cuya familia era conocida de los propietarios del mueble. En una visita anterior de los responsables de España Global para conmemorar la participación española en la batalla de Glières, Ledesma les trasladó la propuesta de Luc Franzoni para donarla de forma altruista.

No era la primera vez que el hoy anciano Franzoni intentaba hacer llegar al Estado español este legado. En los años ochenta ya intentó dar noticias de su relevancia, pero no recibió respuesta. Entonces decidió donarla al Ayuntamiento de Collonges-sous-Salève. Les pidió lo mismo que reclama ahora a las autoridades españolas: que llevara una placa explicativa de su papel histórico (sigue ahí, entre los arcos que unen las patas) y que se colocara en un lugar relevante. No le hicieron caso y decidió llevarse otra vez el escritorio a su casa.

La firma que ha llevado este objeto a tener peso en la historia ocurrió el 28 de febrero de 1939. Manuel Azaña y su equipo habían huido a Francia cuando entendieron que no quedaba esperanza de ganar la Guerra Civil en los campos de batalla. Quedaba la esperanza de la diplomacia internacional. Azaña agotó las gestiones de solución ante la Sociedad de Naciones. Ya había anunciado que dimitiría en cuanto las potencias dieran su bendición a Franco. «La decisión de Reino Unido y Francia de reconocer el nuevo régimen supone un punto de ruptura», continúa Joaquín de Arístegui.

El documento se elaboró el 27 de febrero de 1939, un día antes de la llegada de toda la comitiva a su retiro de La Prasle. El propio Rivas Cherif, prestigioso intelectual y cronista, se había encargado del alquiler. Azaña, completamente descorazonado, había hecho saber que, tras su renuncia, no interferiría en el día después. Aquella casa era como un retiro y la estrenó con la firma de la renuncia a su papel en la historia aquel 28 de febrero.

Tras la recepción, España asegura que cumplirá con los designios de Franzoni. «Aún no se ha decidido dónde estará. Tal vez en Alcalá de Henares, lugar de origen de Azaña. Lo que está claro es que nos parece que hay una conexión histórica entre los 80 años de esa capitulación y los 40 de la Constitución del 78», reflexiona Joaquín de Arístegui.