Luces y sombras de la Inquisición

Algunos instrumentos de tortura. /
Algunos instrumentos de tortura.

Cuando se cumplen 540 años de la bula del papa Sixto VI que autorizó la creación del Santo Oficio, los historiadores se esfuerzan en poner luces sobre la 'leyenda negra'. En España fueron unas 50.000 las personas torturadas y ejecutadas, mientras que en el resto de Europa murieron entre 2 y 3 millones de mujeres acusadas de brujería

Francisco Gutiérrez
FRANCISCO GUTIÉRREZ

En 1478, hace ahora 540 años, los Reyes Católicos consiguieron del papa Sixto VI la bula que permitía instaurar en sus reinos un tribunal del Santo Oficio. Hasta la muerte de Fernando VII, en 1833, no quedaría abolida. Entre tanto, España se labró una 'leyenda negra', en parte por los historiadores europeos que pusieron el énfasis en los excesos de la Inquisición española, obviando en cambio los entre 2 y 3 millones de mujeres que murieron en el resto de países europeos abrasadas en las hogueras bajo la acusación de brujería.

No fue una, sino tres, las inquisiciones que funcionaron a lo largo de la historia de Europa (llevada también a América por los españoles). La leyenda negra de la Inquisición española ha hecho correr ríos de tinta y solo ahora, desde una perspectiva histórica, se ha empezado a interpretar esta etapa de la historia española sin complejos. Historiadores españoles y europeos han visto ahora que la Inqusición española utilizó los mismos métodos que se utilizaban en Europa, pero con una cierta moderación. En Alemania fueron ejecutadas cien mil 'brujas' en el siglo XVII, y entre 2 y 3 millones de mujeres europeas murieron en la hoguera acusadas de brujería. El Santo Oficio español tuvo un compenente político que no tuvieron otras inquisiciones, además del religioso, y algunos calculan que no llegaron a 50.000 las personas ejecutadas por la Inquisición española.

Pierre Vilar dice en su 'Historia de España' -obra que fue prohibida por la censura franquista- que «bastó a los reyes sostener sin cesar a la Inquisición para que ésta llegase a eliminar, hacia 1535, el vigoroso brote del erasmismos y más, tarde, bajo Felipe II, toda tentativa de los protestantes». Con referencia a los métodos de la Inquisición español, Vilar -que realiza un análisis muy crítico de la Historia española-, dice que «no aporta a esta represión -la de moriscos y judíos-, ni más ni menos rigor ni escrúpulos de los acostumbrados».

Algunos instrumentos de tortura.
Algunos instrumentos de tortura.

Diversidad de metodos

José Antonio Escudero, en su 'Curso de Historia del Derecho Español', reconoce que no es fácil emitir un juicio global sobre la institución de los tribunales de la Inquisición. Indica que no fue lo mismo la Inquisición de unos y otros territorios, y sobre todo de unas y otras épocas. No obstante, opina que, junto a aspectos indefendibles y humillantes (la denuncia inherente al edicto de fe, la práctica presunción de culpabilidad, el secreto sobre el objeto de la acusación) y su secuela en la obsesión nacional por la 'pureza de clase', no dejaron de darse otros más benignos a tenor de los parámetros jurídicos y sociales que a la sazón regían en Europa.

La Inquisición española -indica Escudero- mantuvo en general un saludable escepticismo ante los fenómenos de brujería -cuando en el siglo XVII fueron ejecutadas en Alemania unas cien mil 'brujas'-; practicó el entonces habitual tormento con ciertas garantías y organizó un sistema penitenciario que debió ser mejor que el del Estado. Coincide con Menéndez Pidal en considerar que el Santo Oficio (tribunal de la Inquisición española) no fue tan perverso como la historiografía europea lo ha presentado y que sus prácticas fueron en muchos casos importadas o copiadas de Europa.

Desde perspectivas culturales no parece fácil atribuir a la Inquisición efectos realmente negativos, pues su apogeo coincidió con el Siglo de Oro de la cultura española. Sí es más contradictoria y desconcertante -afirma Escudero- desde perspectivas estrictamente éticas y cristianas.

Algunos autores han visto también en la Inquisición un instrumento utilizado por los reyes españoles para conseguir la unificación política del país. La unificación de los reinos de Castilla y Aragón con el matrimonio de Isabel y Fernando no supuso, en cambio, una unidad política de todo el territorio, ya que cada uno de los reinos continuó disfrutando de fueros propios. Fue precisamente el tribunal de la Inquisición la primera institución al servicio del Estado con jurisdicción en todos los antiguos reinos, algo que también originó frecuentes conflictos con el poder central.

Archivo general de la Inquisición en la Santa Sede.
Archivo general de la Inquisición en la Santa Sede.

Tres inquisiciones

La Inquisición ha formado parte de la 'leyenda negra' española. Extinguida en la Península la antigua Inquisición medieval, los problemas planteados por los falsos conversos llevaron a los Reyes Católicos a solicitar del papa el establecimiento de esa institución, pero con características nuevas. El papa Sixto IV otorgó en noviembre de 1478 una bula autorizando a los monarcas a designar a tres inquisidores, expertos en teología o derecho canónico. Inquisición significa inquirir o indagar en los casos de herejía, y el tribunal de la Inquisición (el Santo Oficio) es el encargado de juzgar y sentenciar los supuestos casos de herejía (judíos y moriscos que, aún bautizados, seguían practicando su religión).

Pero esta inquisición no es sino la recuperación de los antiguos tribunales del siglo XIII. Entre los siglos XII y XIII se extendió por centroeuropa la herejía de los albirguenses, contrarios al culto externo a los sacramentos y a la jerarquía eclesiástica. El Concilio de Tolosa de 1229 organizó una inquisición eclesiástica encargada de desenmascarar a los sospechosos de herejía, que se debía retractar o bien eran entregados por el obispo a la autoridad civil.

Gregorio IX confió en cada diócesis a la orden de los Predicadores o Dominicos la misión de inquirir en los casos de herejía. Inocencio IV autorizó en 1251 a los inquisidores el uso de la tortura.

Una tercera inquisición fue la instaurada por el papa Paulo III en 1542 con el objetivo expreso de acabar con el protestantismo. La intención era limitarla sólo a Italia (a la Italia que no estaba bajo dominio español). La avidez de esta inquisición, según Robert Held, fue «prodigiosa e incluso insaciable». El papa Pablo IV, dominico y gran inquisidor, fue al mismo tiempo un maestro de la tortura.

Es, sin embargo, la Inquisición española de la Edad Moderna la que ha llenado páginas de la Historia. La revolución de 1808 supuso un leve paréntesis que el absolutismo de Fernando VII se encargó de restaurar. Con el final del último de los absolutistas (hace menos de dos siglos), la Inquisición quedó totalmente abolida.

Museo de la Inquisición de Santillana del Mar.
Museo de la Inquisición de Santillana del Mar.

Nuevas formas

Pero el final de la Inquisición no ha supuesto que terminaran las prácticas de tortura. Los campos de concentración nazis no se diferenciaron mucho de las salas de tortura inquisitoriales. Y aún hoy día son muchos los regímenes y países que utilizan la fuerza, la humillación, el dolor y hasta la muerte para acabar con los contestatarios o los que expresan opiniones diferentes a las oficiales. Se cuentan por centenares o millares, las denuncias de Amnistía Internacional y que afectan a todos los países del mundo.

Robert Held, en su guía sobre 'Instrumentos de Tortura desde la Edad Media hasta la Época Industrial' escribe, en referencia a la historia escrita y mostrada en los medios de comunicación sobre esta etapa de la historia, que se ha sugerido una imagen superficial, imperfecta y falsa. «No nos muestran jamás ese basalto eterno y ubicuo en el que todo se apoyaba, esa atmósfera, por llamarla de algún modo, que envolvía el mundo y que incluso ahora continúa casi intacto: carne y huesos desgarrados, cortados y aserrados, quemados y heridos en innumerables cárceles y más aún, en multitud de plazas de cada ciudad o aldea de la cristiandad; cadáveres putrefactos colgados por todas partes; la tierra a los pies de las murallas junto a la poterna de los pecadores, que era un pantano de sangre podrida y que en verano apestaba como los mataderos públicos, que es el auténtico olor de la historia».

Como dice Escudero en su 'Curso de Historia del Derecho', desde perspectivas cristianas «asusta y avergüenza comprobar lo que en nombre de Dios se ha hecho a lo largo de la historia de la humanidad. Lo triste es que, en nombre de nuevos o distintos dioses, se siga empleando la tortura y la crueldad».

Sorprende la imaginación que pusieron en marcha estos hombres de la Edad Media y Moderna al servicio de la tortura y la crueldad. Resulta difícil inclinarse por uno u otro método de tortura como más cruel y repugnante, pero sí hay que dejar constancia del alarde de imaginación que realizaban con una finalidad cruenta: hacer más larga la agonía y el sufrimiento. Para los torturados, la muerte debería suponer un dulce alivio tras tantas penalidades y vejaciones. Tan solo como muestra se puede explicar que en muchos de los casos, la persona sometida a tortura era colgada de las piernas, boca abajo, para que así durara más la agonía y estuviera durante más tiempo consciente, ya que, boca abajo, la sangre podía circular durante más tiempo entre el corazón y el cerebro, manteniendo al torturado plenamente consciente mientras era sometido a crueles y sádicos tormentos.