Lluvia de dedos helados: un extraño fenómeno meteorológico habitual en Sierra Nevada

Lluvia de dedos helados: un extraño fenómeno meteorológico habitual en Sierra Nevada

Las tormentas de hielo causan destrozos y accidentes: congelan todo lo que tocan. En España son un fenómeno raro, excepto en Granada

INÉS GALLASTEGUI

Lluvia engelante, gota subenfriada, tormenta de hielo… son diferentes nombres para un fenómeno meteorológico relativamente raro en España pero de efectos devastadores: congela todo lo que toca. Cuando la nieve se derrite en su caída al entrar en una masa de aire más cálido y la temperatura cerca del suelo es baja, las gotas se solidifican al entrar en contacto con cualquier objeto que encuentren en su camino. Se forma entonces una capa de hielo durísimo e irregular que se adhiere y se acumula sobre tendidos eléctricos, carreteras y vehículos, alas de aviones o el propio paisaje, causando graves daños económicos y, a veces, accidentes mortales.

Aunque parezca paradójico, no es el frío extremo –como el que estos días ha llegado a la Península procedente de Europa– el que provoca el suceso. El físico Mario Picazo explica que la lluvia engelante precisa de unas condiciones bastante particulares, en concreto, que haya una masa de aire más cálido que funda la nieve entre las nubes y el suelo y que la capa de aire frío pegada a la superficie sea lo bastante fina para que las gotas no tengan tiempo de volver a congelarse hasta entrar en contacto con algo. «Se produce sobre todo en el nordeste de Estados Unidos y el sureste de Canadá, desde los Grandes Lagos hasta la costa atlántica, y en las planicies de Europa oriental», explica desde Los Ángeles el meteorólogo de eltiempo.es y profesor de la Universidad de California. Ni siquiera allí son muy frecuentes, «entre tres y ocho veces por invierno, aunque puntualmente haya años de mayor actividad». El récord: una capa de 20 centímetros, el día de Año Nuevo de 1961, en Idaho.

¿Por qué cada vez oímos hablar más de este fenómeno? Algunas investigaciones, señala Picazo, apuntan a que el cambio climático favorece su aparición, porque la temperatura de los océanos es más alta y es más probable que el vapor de agua se cuele entre las nubes de nieve y la tierra.

Atascos monumentales

Aunque infrecuente, en España también ocurre. Hace ahora un año que las gruesas capas de hielo en el asfalto provocaron choques y atascos monumentales en varias autopistas y autovías del centro del país. La AP-6, la AP-61, la AP-51 y la A-1 se convirtieron en trampas para miles de conductores.

Donde no es tan excepcional es en Sierra Nevada: la meteorología del macizo penibético está muy influida por su cercanía al Mediterráneo –la cumbre del Veleta (3.396 m.) está a solo 37 kilómetros de la costa– y hay «entre diez y veinte» tormentas de hielo cada invierno, asegura el ingeniero Álvaro Fernández, director técnico de la estación de esquí y montaña de Granada. Cuando la previsión anuncia que una borrasca se acerca por el Sur y la temperatura rondará los 0 grados, se toman medidas preventivas durante la noche, como guardar las sillas bajo techo o dejar en funcionamiento los remontes para evitar que se congelen los cables. Pero con cierta frecuencia el equipo antibloqueo debe apresurarse al amanecer, con sus machotas al hombro, para acabar «a martillazos» con la masa de «hielo superduro» y fuertemente adherido al metal que recubre por completo las pilonas y las poleas de los remontes. Además, las máquinas deben volver a pisar las pistas para evitar que los esquiadores se deslicen sin freno.

Más allá de las pistas, nada impide que el suelo se cubra de una pétrea cáscara blanca cuando se dan las condiciones precisas en las altas cumbres que coronan este espacio natural de 860 kilómetros cuadrados. A primeros de diciembre fallecieron en la zona dos alpinistas, en sendos accidentes. Ambos eran jóvenes, experimentados e iban bien equipados. Tanto el Parque Nacional como la Federación Andaluza de Montañismo (FAM) y los clubes de excursionistas llevaban dos semanas alertando de la presencia de la temida lluvia engelante. «Las actividades en la montaña deben adaptarse a las circunstancias y, para reducir riesgos, hay que considerar las condiciones meteorológicas, el estado del terreno y el nivel del grupo», recuerda Javier Martín, técnico de la FAM. Es preciso llevar material adecuado en buen estado –piolet y crampones que se clavan en el hielo para evitar resbalar– y, por supuesto, saber utilizarlo.

«No soy partidario de cerrar el monte, pero hay días en que es preferible salir por un área sin nieve o por una zona menos empinada», resalta este guía de alta montaña. Originario de Madrid, aún tiene grabado su primer invierno en Sierra Nevada, en 2004: junto a otro miembro del equipo nacional de esquí de montaña –al que ahora pertenece como técnico–, al pasar a la cara sur del macizo se encontraron de pronto con los aterradores efectos de una tormenta de hielo. «A pesar de ser los dos muy experimentados, nos vimos en una situación muy comprometida. Tuvimos que quitarnos los esquís y ponernos los crampones para poder salir de allí», recuerda.

 

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