La librería que salvó Harry Potter

Turistas se fotografían dentro de la librería Lello en enero de este año. :: Miguel Riopa / Afp/
Turistas se fotografían dentro de la librería Lello en enero de este año. :: Miguel Riopa / Afp

Por los particulares rincones de Lello, en Oporto, pasaron el año pasado más de un millón de personas

JAVIER BRAGADO

Son las nueve de la mañana del lunes y en Rua de la das Carmelitas en Oporto hay varias personas haciendo cola ante una librería todavía cerrada. Por fuera, se observa una bella fachada neogótica y se adivina un pequeño local. Pero no es la hermosura del recinto lo que atrajo a más de un millón de visitantes en 2018 a pagar cinco euros por entrar en una casa de libros sino la magia.

La culpa de la masiva asistencia a Livraria Lello es de Harry Potter. O más bien, de J. K. Rowling, su creadora. La británica vivió durante varios años en la ciudad atlántica, conoció a un portugués con el que se casaría y tendría una hija y compaginó la enseñanza con la escritura en los rincones de la desembocadura del Duero antes de regresar a Edimburgo. Varios años después, los seguidores del mago quisieron seguir las evidentes huellas de la inspiración de la británica. «En mis primeras semanas en Portugal escribí el que se ha convertido en mi capítulo favorito de 'La piedra filosofal': 'El espejo de Oesed'», confesó la autora.

Los más persistentes llegaron a la bella librería en el casco histórico de Oporto y quisieron ver en los recovecos de yeso pintado de la escalera los guiños a la escuela de Howarts, los pasadizos a lugares mágicos y los libros que proporcionaban las instrucciones para los hechizos de Potter y sus amigos.

Afianzada esta idea en la comunidad de seguidores del joven comenzaron a llegar turistas lectores a una librería que estaba en delicada situación económica. Primero, quisieron negar la entrada a quienes accedían únicamente para fotografiarse en los altos de la peculiar escalera curvada o con el fondo de la vidriera del techo con la frase 'decus in labore' (Dignidad en el trabajo). Como en tantos lugares del mundo, frenar la avalancha de turistas sólo fue posible cuando se puso precio a la entrada ante la amenaza de cierre.

De los tres euros iniciales de 2015 se ha pasado a los cinco euros, que se descuentan al adquirir un libro, y la tienda ha superado la crisis. Según los datos suministrados por Lello a AFP, la librería cuenta ahora con 60 empleados mientras que en 2015 únicamente había nueve. Su función principal, vender libros, se ha reforzado. Se vende un promedio de 1.200 ejemplares por día y se presume de un catálogo de más de 60.000, según los propietarios.

Las consecuencias son evidentes para cualquier visitante que se adentre en la pequeña librería modernista de dos plantas. La entrada de 4.000 personas al día (un 40% son españoles, según el diario 'JN') significa hacer cola y armarse de paciencia. Peldaño arriba, peldaño abajo, se suceden las negociaciones y turnos para fotografiarse. Es la maldición de Harry Potter. Una condena que debe sobrellevarse porque, después de 113 años de historia, el lugar por el que pasaron grandes escritores portugueses sobrevive gracias al personaje de un libro posiblemente inspirado por su ambiente.