LIBIDO

ARANTZA FURUNDARENA

Cuantos más canales, menos cosas que ver», dice un personaje de 'Salvaje Oeste', la estupenda novela de Juan Tallón. La frase hace referencia a la pobrísima oferta televisiva. Pero lo mismo podría referirse a la política. «Cuantos más partidos, menos cosas que votar», debió de pensar el domingo más de la mitad de los andaluces mayores de edad... Y se quedó en casa. Tal vez alguno se arrepintiera horas después. Pero supongo que tras escuchar las delirantes conclusiones de los candidatos a la hora de analizar el resultado, muchos se habrán alegrado. Porque una alta abstención es terrible y peligrosa. Pero tiene sus razones. Y los líderes políticos, no sé si de forma consciente o inconsciente, se la están trabajado a conciencia.

Son ya bastantes años, muchas elecciones y demasiadas contradicciones. No hay mejor vitamina para reforzar la abstención que la incoherencia, decir una cosa aquí y la contraria allá. Y eso nuestros políticos lo bordan. Serán de distintas ideologías, pero pertenecen todos a la misma escuela: la del cinismo, con perdón de los respetables Antístenes y Diógenes. Unos, cuando ganan, defienden que siempre debe gobernar la lista más votada. Pero cuando quedan en segundo lugar, argumentan con la misma vehemencia que quienes deben gobernar son ellos y no los de la lista más votada. Otros consiguen llegar al Gobierno central apoyándose en los votos de partidos radicales y anticonstitucionalistas. Pero se rasgan las vestiduras si cualquier otro partido pretende gobernar, por ejemplo Andalucía, con los votos de una formación radical y anticonstitucionalista...

Y, claro, el votante de a pie, el que no es cliente de unas siglas ni está ciego de militancia, empieza a perder las ganas de meter la papeleta en la urna, igual que un cónyuge tramposo y mentiroso acaba por derrumbar la libido de su pareja. Por supuesto que es preocupante que la extrema derecha se vea ya con las llaves de San Telmo (y las de San Pedro) a las puertas del cielo... Pero también lo es la actitud ventajista, la estrategia tramposa y autodefensiva en la que viven instalados los partidos supuestamente más moderados y democráticos. Hagan algo. Cambien. O acabaremos entendiendo la abstención como una de las bellas artes.

 

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