Héroes malagueños de la trashumancia

Héroes malagueños de la trashumancia

Cinco jóvenes que han superado el cáncer acompañan a pastores en León y Asturias en esta tradición

MATÍAS STUBERMálaga

«Andar por terrenos de montaña ha sido muy complicado. Los trayectos no han sido fáciles. Pero yo tengo una filosofía de vida. Todo lo que pueda intentar, lo intento. Si veo que no sale, pues ya pido ayuda». El testimonio es de José Emilio Gil. Un adolescente malagueño de 17 años que estudia bachillerato en el IES Miraya del Mar. Cuando camina cojea por momentos. Se inclina hacia delante y hacia la derecha para descargar el peso. Sabe que los kilómetros le pesan más que a los otros, pero eso a él le da igual. Las limitaciones que admite el cuerpo de un adolescente con una pierna amputada las suple con fuerza de voluntad. El diagnóstico le llegó a él cuando no era ni consciente. Un neuroblastoma torácico a los trece meses de edad. No hay ninguna buena noticia relacionada con el cáncer. En su caso, vino a sumarse a otra enfermedad que la emprendió contra su extremidad y la vida se puso más seria de lo deseable. La amputación vino a causa de una pseudoartrosis congénita de tibia. Pero José Emilio plantó cara y las vicisitudes adversas le imprimieron un carácter que no contempla el «no» como primera respuesta. El mismo que le ha llevado a superar una aventura de ocho días por los picos más altos de León y Asturias. José Miguel acaba de volver a Málaga. Durante la última semana, ha perseguido rebaños de ovejas y ha contemplado en primera persona el ritual de la trashumancia junto a otros cuatro adolescentes malagueños que comparten experiencia vital con él: haber superado el cáncer. Los cinco son, además de José Emilio, Tania, Helena Ainhoa, Vanesa y Enrique. Todos han sido seleccionados por AVOI (Asociación de Voluntarios de Oncología Infantil) para participar en la 'Primera Aventura Trashumante entre Lobos y Mastines'. Una iniciativa solidaria impulsada por Tiendanimal y Royal Canin para reconocer su esfuerzo por querer agarrarse a la vida y vencer la enfermedad. La expedición ha sido dirigida por el aventurero malagueño Manuel Calvo, que ha estado acompañado, además, por voluntarios de AVOI.

El grupo retornó a Málaga este viernes. El balance son 71 kilómetros recorridos por senderos de alta montaña, un descenso en canoa por el río Sella, la convivencia y, en última instancia, la conciencia adquirida sobra una tradición ancestral en la que el perro demuestra, una vez más, su importancia para el ser humano.

¿Qué es la trashumancia? Es la palabra que describe la economía del pasto más ancestral que existe. El hombre y el animal se mimetizan con la naturaleza. Una relación y una tradición guiada y alimentada por el instinto de supervivencia. Los pastores y el ganado desempeñan el papel principal en una tradición que está en retroceso, pero que se niega a sucumbir. Sobre todo en comunidades como Castilla y León y Asturias es una práctica habitual. Los pastores acompañan a su ganado de ovejas por laderas y zonas montañosas, rastreando el terreno en busca de alimento para que los animales tengan algo que echarse al hocico. La vida del pastor discurre entre la montaña abierta y una especie de refugio que se denomina «chozo». Tres por tres metros cuadrados sin internet, sin televisión, sin cuarto de baño, sin nada.

Las tiendas de campaña que han servido de refugio durante esta aventura.
Las tiendas de campaña que han servido de refugio durante esta aventura.

Helena Ainoha Reyes ahora solo está pensando en repetir la experiencia. Estudia en el IES Mayorazgo y tiene 17 años. Sabe lo que es vencer un cáncer de hígado y riñón. En su caso, las expectativas que tenía antes del viaje eran moderadas y han sido superadas por todo lo alto. Dice que quiere volver, pero luego rectifica: «Fue una experiencia increíble y me gustaría que pudieran disfrutar otras personas de la misma manera en la que lo hemos hecho nosotros». Helena Ainoha asegura que haber superado un cáncer le ha imprimido una fuerza de voluntad de la que, quizá, carezcan algunos adolescentes de su edad. Percibe una relación directa en su afición por las artes marciales.

Las técnicas de combate de la trashumancia son los ladridos de los mastines. Sirven para espantar al lobo, que es el enemigo natural del ganado. Era la segunda pata de este viaje: concienciar sobre la importancia que tiene el perro para el ser humano. «Uno de los objetivos principales era que los jóvenes conocieran de primera mano la tarea de los mastines como protectores del ganado frente a los ataques de los lobos. Ambas especies mantienen una relación de amor odio. Sin el lobo, una raza de siglos como el mastín, que pesa de media 80 kilos, no tendría visos de sobrevivir. Los rebaños que llevan mastines, no sufren ataques», les explicó Manuel Calvo a estos cinco guerreros. «No será la última aventura de este tipo», adelanta.