Los heavies de Madrid: «Este planeta es un tugurio sideral»

José y Emilio Alcázar posan en medio de las obras de remodelación de la GranVía madrileña./Alberto Ferreras
José y Emilio Alcázar posan en medio de las obras de remodelación de la GranVía madrileña. / Alberto Ferreras

Los hermanos Alcázar llevan 17 años apostados ante una antigua tienda de discos y aseguran tener una «cosmovisión»

Llevan 17 años protestando silenciosamente, día tras día, frente a lo que fue una de las tiendas de rock más emblemáticas de la capital. Emilio y José Alcázar son dos supervivientes de los 80 reconvertidos en iconos de la ciudad.

Personal

52 años
Y siguen siendo 'colchoneros' hasta la médula. Su lema es una estrofa de Barricada: 'Si te estorban las cadenas, rómpelas y ponte en pie. Lucha por no ser esclavo, y no preguntes por qué'.
La fama
Aseguran no tener la más mínima pretensión egocéntrica. «Somos gatos, gatos. Un honor y un título».
Ya no asustan a la gente
A los niños les gustan porque creen que están disfrazados de piratas o de indios. En los 80 las mujeres se cogían el bolso cuando se cruzaban con ellos.

¿Cómo empezó todo?

– Llevamos aquí desde 2005, cuando cerró la tienda Madrid Rock. Que cambiemos cultura por lo que se vende ahora es lo que da sentido a nuestra protesta silenciosa de cada día. Esto es una batalla mística. Al que quiere salir del consumismo barato y asqueroso que hunde al ser humano, hablamos con él, pero es una batalla muy personal contigo mismo, entre tu lado estúpido y tu lado trascendente. Todos los días son el primero y el último.

¿Y aquí hasta cuándo?

– Esto es un libro que se escribe cada día. Hay una página escrita que se llama destino y otra que escribes tú. Lo importante es que ambos vayan de la mano, en un sentido coherente y que brille dentro de ti. Hay una frase que nos gusta mucho: 'Hasta donde el destino te lleve y tu valor te permita'. Eso es lo que hacemos aquí.

Sois uno de los grandes misterios de la ciudad. ¿De dónde venís? ¿A dónde vais?

– La Guerra Civil hizo que naciéramos aquí. A nuestros abuelos les iban fusilar en Guadalajara y tuvieron que venir a Madrid escondidos en una ambulancia. Pero nosotros somos madrileños de pura cepa. De la plaza de Olavide, de la calle Trafalgar. ¿Que a dónde vamos? El destino se escribe día a día. Lo importante es vivir el momento con intensidad. ¿Que somos un misterio? Todos somos en el fondo un universo por descubrir. Somos dos ciudadanos de Madrid hablando de libertad.

En vuestro entorno familiar, de amigos…, ¿sois las ovejas negras?

– ¡¡¡Totalmente!!! Nuestros padres eran de clase media. Del Opus. Y nuestro papá, de Falange, pero no renegamos de eso. Era un gran hombre, muy buena gente. Nos llevaban a misa, pero pensaban que era lo mejor. Ellos creían que ser como Dios manda era lo que tenía que ser. Venían de esa generación. Nosotros venimos de la época de 'la letra con sangre entra'. El día más feliz de mi vida fue cuando nos echaron de los Maristas de Chamberí. Somos muy cristianos y muy budistas a la vez. Y metafísicos. Esto es una meditación constante.

¿Trabajáis?

– ¡¡¡No, no, no, noooo!!! Nosotros no curramos. Estamos totalmente en contra de servir al sistema. Es una aberración. Reciclamos todo, hasta la comida. Sobrevivimos porque nos dan una pensión por no tener nada. Son 500 'pavos' para los dos. Pero no queremos más. No se trata de tener, sino de ser. Una vivienda digna y lo demás te lo sabes buscar. Mira, nosotros no tenemos una Harley, que nos hubiera molado que te cagas. La libertad es liberarte, no comprarte vicios ni tonterías. Hay que tener la cabeza tranquila, y aun así aquí hay veces que acabas medio loco.

¿Bebéis, fumáis, tomáis drogas?

– Para comprender este tinglado primero hay que dejar de beber y todos los demás estorbos. Luego lees y ya comprendes. Estuvimos 20 años con las drogas muy dentro, y hace otros 20 que lo dejamos todo, el tabaco incluido. Los 80 fueron malos en este barrio. Aquello fue tremendo. La heroína... Nos marcó a toda la generación.

Supervivientes

¿Os consideráis entonces unos supervivientes?

– Claro que lo somos. Nuestro hermano pequeño murió por sobredosis con 24 años. Eso no se olvida nunca...

¿Los 80, los 90 o lo que estamos viviendo ahora?

– Los 80. Los 90 son las sobras de los 80, y esto ya no es absolutamente nada. Por eso decimos con mucho orgullo que somos ochenteros, sobre todo en homenaje a la cantidad de basca que murió. Por ellos siempre estamos aquí. Los 80 fueron nuestra guerra.

¿Tenéis pareja?

– Hay un alma gemela que todos buscamos, y como no la hemos encontrado porque han salido mal las parejas que hemos tenido, pues esa ilusión sigue viva.

Si hubiéseis tenido un hijo, ¿qué le diríais?

– ¡Joder! Pues que siga su corazón, no su cabeza. Que siga ese instinto de bondad y de pureza que hay en cada ser humano, nunca sus ambiciones materiales, que son las que nos convierten en robots y en egoísmo en estado puro. Sería una responsabilidad, pero muy bonito. Si tuviéramos hijos de carne y hueso seguirían siendo tu propia conciencia, pero con esa forma.

Cualquier anécdota digna de mención que recordéis.

– Cada día hay alguna. Esto es un auténtico manicomio viviente, una galería de espejos. Te sorprende gente que ves cada día, pero porque la peña está muy loca. Aquí te vuelves psicólogo, psiquiatra, antropólogo, astrólogo... Lo que nos moló una vez es que vimos ahí arriba, parado, un ovni. Estuvo veinte minutos. Una luz azul así –gesticula– muy guapa, muy bonita. Nadie le hacía ni caso, y nosotros flipando. Hombre, nosotros, por lógica, creemos en la vida en otros planetas. Tenemos una cosmovisión muy amplia. Nos llevan millones de años de adelanto. Esto en realidad es un tugurio sideral.

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