La gimnasta que desafía la ortodoxia

La gimnasta estadounidense Katelyn Ohashi, durante su ejercicio perfecto. :: UCLA GYMNASTICS/
La gimnasta estadounidense Katelyn Ohashi, durante su ejercicio perfecto. :: UCLA GYMNASTICS

Katelyn Ohashi, la júnior que derrotaba a Simone Biles, recupera la sonrisa en la universidad tras abandonar la élite por el exceso de presión

JOSÉ MANUEL ANDRÉS

Un terremoto ha sacudido al mundo de la gimnasia y ha dividido a los puristas y a aquellos que se alejan de la ortodoxia para valorar este deporte. La historia de la gimnasta estadounidense Katelyn Ohashi (Seattle, 1997) es una de tantas que queda sepultada para el gran público en el desván de los sueños olímpicos truncados. Sin embargo, la capacidad de las redes sociales para llegar a cualquier rincón del mundo en segundos ha hecho que un ejercicio de '10' en una competición universitaria haya sacado a la luz una inspiradora experiencia deportiva y vital.

Cuando era una júnior, Ohashi se atrevía a desafiar a su compatriota Simone Biles (Columbus, 1997), la ahora reina indiscutible de la gimnasia con cuatro oros olímpicos y catorce mundiales. De hecho, en la primera competición en categoría absoluta para ambas, la American Cup de 2013, Ohashi se impuso de nuevo a Biles. Todo estaba de su lado para desarrollar una carrera de época, pero ese deporte profesional que hace soñar cada día a millones de personas en todo el planeta también es un tirano cruel, capaz de quebrar a una adolescente que dedica su vida a la gimnasia desde los tres años.

La presión de la competición de élite en una etapa fundamental del desarrollo físico y personal comenzó a hacer estragos. En ese mismo 2013, una lesión en el hombro la alejó de la competición durante varios meses. Una pesadilla que se repitió al año siguiente con una dolencia en la espalda que la obligó a pasar por el quirófano. Las exigencias de la gimnasia de élite causaron además problemas de mayor calado en la vida de la joven, que sufrió un desorden alimenticio provocado por las presiones de los nutricionistas del equipo nacional estadounidense para cumplir con los estándares de belleza.

Ohashi decidió entonces refugiarse en sus estudios de Sociología en la Universidad de California (UCLA), una nueva aventura alejada de los tatamis donde se deciden las medallas más prestigiosas que aprovechó para compaginar la vida académica con la gimnasia a un nivel más modesto.

La competición universitaria revivió en su interior esa ilusión propia de la infancia en la que no importa competir por ser campeón nacional o por ser el mejor del instituto, sino emocionar al espectador. Ese es el leitmotiv que explica el fenómeno viral en el que el vídeo de Ohashi se ha convertido. Más allá de las críticas que muchos especialistas han vertido sobre un ejercicio de suelo que combina la técnica con elementos menos ortodoxos como el baile o la música de Michael Jackson y que por tanto es incomparable con la pureza de la gimnasia de Biles, lo realmente importante es que el espectáculo ha conseguido erigirse en un auténtico ejemplo para esa gran mayoría de niños y adolescentes que sueñan con ser campeones y a los que la competición de élite cierra sus puertas sin que ello extinga el amor que sienten por su deporte.