Javier Bahón: «Los ránkings educativos no son fiables; hay países que preparan a sus alumnos para esas pruebas»

Javier Bahón, con niñas del colegio Sierra Blanca./Germán Pozo
Javier Bahón, con niñas del colegio Sierra Blanca. / Germán Pozo

Dirige y asesora a los colegios Sierra Blanca y El Romeral en la implantación de nuevas metodologías educativas

Francisco Gutiérrez
FRANCISCO GUTIÉRREZ

El maestro ha perdido el papel de mero transmisor de conocimientos y el futuro de la escuela y la educación está en una constante innovación. Por esto, Javier Bahón pone especial énfasis en la figura del profesor, su interés y motivación, y lamenta que en las facultades se «enseñe como se enseñaba».

¿Qué se entiende por 'inteligencias múltiples'?

–Es una teoría sobre la mente humana, formulada por Howard Gardner en 1983, que indica que hay distintas capacidades, inteligencias o habilidades. Todas ellas cumplen unos mismos criterios y de ahí se derivan una serie de capacidades importantes para nuestra vida. Y en cada una de ella podemos ser fuertes o débiles; por ejemplo, en la inteligencia lingüística, lógico-matemática, cinestésica, musical, naturalista, visual, interpersonal e intrapersonal. Por eso se habla de ocho grupos de capacidades en las cuales tenemos más o menos desarrollo, siendo todas ellas importantes en la vida adulta.

¿Se puede determinar la fortaleza o debilidad de cada una de esas inteligencias?

–Sí, hay instrumentos para determinarlo, aunque para el autor no es lo prioritario, pues toda etiqueta puede perjudicar. Tenemos pruebas basadas en ítems, en la observación, contamos con la propia opinión de los alumnos, la familia, de monitores; se trata de recoger el máximo de información de cómo se comporta una persona.

Y esto, ¿cómo puede ayudar en el desarrollo de los pequeños?

–Tenemos que tratar de conocer lo mejor posible a las personas. El desarrollo mental del ser humano no es definitivo hasta los 7 u 8 años, así que todo lo previo es estimulación para que esas capacidades vayan creciendo. Se trabaja con dos objetivos: uno es que las fortalezas no se mantienen o desarrollan por sí mismas; si no se practica, ese talento no se desarrolla y acaba desapareciendo, por esto nuestro deber es practicar esas fortalezas. Y con las que presentan debilidades lo que hay que hacer es trabajarlas, pero a través de las inteligencias más fuertes: si no eres bueno en matemáticas pero sí en cinestésica o visual, trabajo sobre estas dos para introducir el trabajo matemático, es lo que se llama establecer puentes.

¿Qué relación encuentra entre las inteligencias múltiples y el fracaso escolar?

–Desde el perfil del sistema, diríamos que las personas fracasan en la escuela cuando tienen un mal rendimiento lógico-matemático o verbal-lingüístico. Pero yo niego la mayor: si tengo ocho grupos de capacidades, y como ser humano en el futuro me voy a poder desarrollar en otras que no sean la matemática o lingüística, no las necesito. Nadal o Arteta no las han necesitado para triunfar en sus profesiones. Pero esto no se tiene en cuenta en el ámbito escolar, y de lo que hablo es de fracaso en la escuela, no de fracaso escolar. Es un sistema de vista corto y estrecho para formar al alumno en todas sus capacidades. Por esto no hay asignaturas de primera o de segunda, no puede haber asignaturas 'maría': todo lo que suponga una dimensión humana es igualmente importante.

¿Cómo puede el profesor conocer las fortalezas y debilidades de los alumnos?

–La profesión de maestro es de las más complejas del mundo; no se busca una solución para un niño, sino para 25 a la misma hora y con todas las combinaciones posibles. El papel del maestro ya no es el de transmitir contenidos, sino el de hacer que las personas lleguen a ser autónomas, acompañarles en el crecimiento personal, ayudarles a que regulen y controlen su vida. La figura del maestro es la de un mediador, tratamos de dotar a los alumnos de estrategias para que ellos mismos sean los guías en sus vidas. Darles estrategias para buscar fuentes, contrastar la información, pero ya no es el proveedor fundamental de información, ya no tenemos ese papel.

¿Qué le parece la idea de implantar una especie de MIR educativo?

–Me parece una idea interesante, aunque tiene sus matices. Pero sí es bueno que los futuros profesores se enfrenten a la realidad, sepan lo que pasa en un aula y vivan las relaciones con los alumnos y las familias, algo a lo que no se les prepara en las facultades.

Los ránkings internacionales, como PISA, nos dejan en muy mala posición, sobre todo a Andalucía. ¿Está de acuerdo con ellos?

–En general no estoy de acuerdo con los ránkings. Hay tantos condicionantes en la educación, en los centros, en los contextos de los centros, que hacer un ránking es una medida muy traidora. No beneficia a los que quedan por detrás, que se desmoralizan, como es lógico. Y los que están por delante me dan miedo, porque hay países que han llegado al numero 1 preparándose específicamente para las pruebas, se han puesto a entrenarse en todo tipo de pruebas estándar, así que para mí no es válido. Hay que medir y evaluar, sí, pero con unos parámetros personalizados, y medir si lo que estoy haciendo está dando buenos resultados.

La LOMCE estableció hasta reválidas, ¿cómo las valora?

–No podemos hacer que la educación sea algo tan aversivo y desagradable para el alumno, aprender tiene que ser placentero.

Mejorar la educación, ¿es cuestión de dinero, de presupuesto?

–Es un factor más, pero yo pongo el énfasis en el profesor, en su formación. Si el profesor no está extraordinariamente formado, dan igual los recursos. Y no entiendo como recursos la ayuda de libros, comedor o transporte escolar, que son ayudas sociales, no a la educación.

En ese sentido, ¿cómo cree que se enseña en las facultades a los futuros maestros?

–En general, se enseña como se enseñaba. La educación emocional, las metodologías activas, siguen sin estar en el programa de la mayoría de las facultades.

 

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