Las primeras salidas nocturnas de los hijos

Son temidas por todos los padres, que se debaten entre la preocupación y darles alas

Las primeras salidas nocturnas de los hijos
Carolina Cancanilla
ANA BARREALES y PABLO ARANDAMálaga
Por Ana Barreales El concepto 'en nada'

Conviene saber un poco de Psicología para entender el significado que tiene para un adolescente el concepto «en nada» como respuesta a la pregunta de: «¿A qué hora vuelves?» o «¿Te has cogido ya el autobús?» o «¿Cuándo acaba el cumpleaños o la fiesta de turno? En lenguaje 'teenager' «en nada» es un periodo difuso que puede ir desde los 10 minutos a las 3 horas y media, según se lo estén pasando.

Es verdad que la percepción del tiempo varía con la edad. A medida que nos hacemos mayores todo pasa muy rápido. En la infancia el verano parece un periodo de felicidad que no va a acabar nunca y en la adolescencia todo es muy relativo. Por ejemplo «pronto» (referido volver a casa o a despedirse de sus colegas) es cuando ocurre antes de las tres de la mañana.

Igual que si se habla de levantarse en vacaciones:«pronto» es cualquier hora antes de las 12.30 y «tarde» es directamente para comer. Y cualquier cosa que suponga tener horarios, aunque sólo sea desayunar antes de las 11.00 y almorzar no más tarde de las 15.00 es «estresante» y «agobia».

Hay que ponerse en su pellejo. En apenas unos pocos meses pasan prácticamente de ir con sus padres a todas partes a hacer botellón (o a ir con gente que lo hace). Así que es difícil estar tranquilos cuando los polluelos empiezan a dejar el nido a ratos.

«Ahora los niños no hacen recados para los padres sino que son éstos quienes los hacen para sus hijos»

Cuando yo era pequeña ni había móviles ni te acompañaban a todas partes. Todo lo contrario, en cuanto tenías edad de 'hacer recados' te mandaban a cualquier sitio, mientras tú procurabas estaquearte lo más posible. Al llegar la época de salidas nocturnas, si no andabas sobrada de pasta, había que elegir entre tomarse unas cervezas o pagarse un taxi. Así que si no tenías la suerte de tener un colega con coche, te tocaba volver en el búho, que era lo más barato. Los autobuses nocturnos salían cada hora y, bien mirado, con la perspectiva que te da el tiempo, eran toda una escuela de vida. Ahí se concentraba la crème de la crème regada con alcohol. Lo que escuchabas mientras esperabas en la parada y las conversaciones durante trayecto eran un buen entrenamiento para aprender a hacerte invisible o para salir de alguna situación difícil, según tocara.

Ahora los niños no hacen recados para los padres, sino lo contrario. Son los padres los que están pendientes de hacer cosas para sus hijos. Hasta en las salidas nocturnas los hay que se ponen el despertador para recogerles y que vuelvan a casa sanos y salvos y para que disfruten los angelitos. Porque eso no ha cambiando, siguen saliendo por las noches, aunque con su correspondiente red de seguridad.

Si tienes varios hijos en ese proceso de somos mayores para ir de fiesta, pero no adultos independientes, te tocan imaginarias interminables. Alguna vez me he planteado tener todos el horario inverso en fin de semana: hacer la vida de noche, y de día, a dormir. Que casi das las gracias cuando llega el lunes y puedes acostarte a tu hora sin despertares sobrevenidos hasta que suene el despertador. Pues eso, que todo es relativo.

Por Pablo Aranda La noche y la ciudad

Se hace de noche y los jóvenes quieren salir, con lo bien que se está en la cama. Ahora llegan más tarde que en nuestra época, pero para compensar no tenemos que esperarlos levantados. Por la mañana, sintiéndome mal padre, abro la puerta y me asomo a ver si están, y sí, están, menos mal. Un amigo mío se desnudaba en el rellano de su piso y entraba en la casa en calzoncillos. Si su padre lo sorprendía él decía que se había levantado a beber agua.

Dos calles más abajo de la mía vive un simpático veinteañero que tiene un coche deportivo. Controlo su horario mejor que el de mis hijos pues se hace notar a base de acelerones. No respeta ni su estrecha calle, en la que todavía juegan niños y sacan sillas señoras de otra época. El tío acelera, derrapa y un día se encaró a voces con una de las señoras. Pues ese idiota comparte la noche con nuestros hijos y a lo mejor uno choca con él sin querer en un bar de copas, o le sostiene la mirada sin saber aún que los chulos pueden mirar lo que les plazca pero nosotros no. Cuando la agenda infantil nos incluía nos quejábamos, pero ahora que no nos incluye, ay. La prevención es importante y el deporte juega un gran papel: si el sábado tienen partido a las nueve de la mañana deberán acostarse pronto. En nuestra época las madres esperaban levantadas pero se ahorraban ir a los partidos.

Claro que llega un momento en el que te piden que mejor no vengas, papi. Yo tardé en darme cuenta y a veces era el único padre en la grada ¡y encima leía cuando mi hija estaba en el banquillo! Pues eso, que mejor no vengas. Lo entendí.

«Llega un momento en el que te piden que mejor no vengas, papi. Yo tardé en darme cuenta»

La comunicación también es vital, aunque en seguida perciben el tono sermón y tuercen la cara. Hay drogas de todos los colores y ginebra rosa. Machotes que buscan pelea y manadas que venden su alma, y la tuya, por un culo. La selva. Niños buenos que se vuelven malos sorbo a sorbo. Calles oscuras, tierra de nadie. Y las compañías. Creo que es importante sintetizar el mensaje e ir al grano en nuestros consejos. Incluso negociarlo: no te doy el tostón media hora si me prestas cuarenta segundos de atención: Cuando alguien te parezca turbio es que posiblemente es turbio. Que les den a los turbios. Fin del mensaje. Si lográsemos que asimilasen eso (y nosotros de camino). Y el poder de un no. En fin, hay que intentarlo y relajarse. Ofrecernos para recogerlos (qué suerte los que tenéis aparcamiento privado), aconsejarles que vuelvan en grupo. Un día me llevé un susto. Escuché el acelerón del vecino y a los cinco minutos entró en casa mi hija. Pero no, venía con una amiga y me preguntó si esta podía quedarse a dormir, es que vivía lejos y había perdido el autobús. Me pareció fantástico y al día siguiente preparé un gran desayuno para las dos. Se levantaron a la una y media.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos