Álvaro Bilbao: «Es más fácil educar sin castigos de lo que parece; lo difícil es hacerlo sin gritos»

El doctor Álvaro Bilbao, en una imagen de archivo./Óscar Chamorro
El doctor Álvaro Bilbao, en una imagen de archivo. / Óscar Chamorro

El neuropsicólogo, especialista en el funcionamiento del cerebro infantil, defiende los beneficios de la educación en positivo en un taller en Málaga. Sus claves para lograr la armonía en el hogar pasan por marcar límites, tratar a los niños con afecto y dejarles espacio para crecer

Rossel Aparicio
ROSSEL APARICIOMálaga

Atiende con amabilidad la llamada de SUR en un hueco de su apretada agenda, entre consulta y consulta, en el Centro Estatal de Atención al Daño Cerebral ubicado en Madrid, con alguna interrupción que otra durante la entrevista. Recupera pronto el hilo del discurso en torno a la educación en positivo, tema central de la conferencia-taller que impartirá este sábado en Málaga capital donde acude por primera vez como conferenciante. Defiende una crianza sin castigos, sin gritos, marcando límites claros, siempre con afecto y dejándoles espacio para crecer. Álvaro Bilbao, neuropsicólogo especialista en el funcionamiento del cerebro infantil, padre de tres hijos y autor de varios libros (entre ellos el popular 'El cerebro del niño explicado a los padres'), sostiene fehacientemente que los padres y educadores que conocen las claves del funcionamiento el cerebro infantil jugarán de alguna forma con ventaja a la hora de educarlos con mayor efectividad. Recomienda «no confundir el amor con la sobreprotección» y predicar con el ejemplo de los padres, que «son los guías del niño». Solo así conseguiremos hijos educados y felices.

-¿Se puede educar realmente sin gritos, y, lo que parece más difícil, sin castigos? Para muchos padres parecerá una utopía...

- Sí, se puede. Es más fácil educar sin castigos de lo que parece; más dificultad tiene educar sin gritos. En nuestra casa no castigamos jamás. Sí que hay consecuencias, eso sí, a determinadas acciones. Si mi hijo no apaga la tele a la hora a la que debe ya sabe que, al día siguiente, no podrá verla. Hay que saber diferenciar entre lo que es un castigo y una consecuencia natural, lógica, a un comportamiento concreto. Educar sin gritos es más dificil. Los gritos son humanos. A todos se nos escapan. Lo que sí es importante es entender que hay más estrategias que podemos seguir para que los gritos sean poco a poco una excepción y la armonía sea más que habitual en el día a día con ellos.

-Entonces, los padres que recurren al grito y a la amenaza de un castigo un día sí y otro también para que obedezcan, ¿qué hacen mal? ¿Qué otros métodos pueden usar?

-En primer lugar, un error básico es no tener unas expectativas realistas en la crianza de tu hijo. Es decir, pensamos que los niños van a hacer caso a la primera, que desde los dos años van a saber estarse quietos en el restaurante o, que al darle biberón, van a dormir del tirón la noche entera... Al no tener una expectativa de la realidad, no entendemos bien lo que ocurre y nos frustramos más. En segundo lugar, no sabemos anticiparnos a las situaciones de estrés. Para evitarlas debemos trabajar las normas, los límites en casa, dejándoles claramente lo que esperamos de ellos. Y, en tercer lugar, no aprendemos de los errores: tras superar una situación difícil que nos ha hecho perder los nervios, una vez vuelve la calma, no lo aprovechamos para asegurarnos que no se repita. Educamos en caliente en lugar de educar cuando estamos ya tranquilos. Si no aprendemos de los errores éstos se repiten. Los niños, en un estado normal, entienden perfectamente las normas y saben asumirlas.

-Entonces es síntoma de una clara falta de recursos por parte de los padres...

- (Ríe). Es que no es nada fácil ser padre o madre. Los niños tienen su mundo interior, su propio código de circulación y de funcionamiento, ellos lo que quieren es jugar y es normal porque es la manera natural del cerebro de aprender. Pero conviene resaltar una cuestión: el cerebro es una combinación de sus instintos naturales, sí, pero también de la cultura en la que vivimos. En nuestra cultura está interpretar un semáforo en rojo o que las croquetas se pueden comer con las manos pero los espaguetis no, por ejemplo. Todos estos códigos culturales los debemos ir introduciendo los padres y eso requiere de una serie de estrategias que no todos suelen conocer y por ello van más al grito, a poner etiquetas a los niños («eres un gamberro, un desobediente...»)... Cuando eres consciente de cómo funciona el celebro del niño te das cuenta de cómo aprenden más rápido. Venimos de una educación que se basa mucho en premios y castigos pero hoy en día hay alternativas más pedagógicas y efectivas.

-¿Podría ofrecernos algunas pautas para salir airoso de una rabieta?

-De entrada debemos aceptar que las rabietas son algo habitual y normal en todos los niños y todas las culturas del mundo. Dicho esto también es importante resaltar una serie de cuestiones que pueden empeorar el comportamiento del niño y que pueden hacer que la rabieta se agrave o que, por el contrario, se aplaque al sentirse el niño más seguro. Por ejemplo, dejar al niño solo es algo que va a asustarlo y que puede agravar la rabieta. Gritarle o agarrarle son cosas que no debemos hacer. En cambio quedarnos a su lado, ser pacientes, eso ayudará a que el niño se tranquilice.

-¿No es efectiva a su parecer entonces la técnica de ignorar al niño que popularizó en televisión la famosa 'Supernanny'?

- Vamos a ver. En este caso la semántica es importante: no es lo mismo decir 'te estoy ignorando' que decir 'estoy a tu lado, todos nos enfadamos'. Ignorarlo también puede ser darle tiempo a que se le pase el enojo. Sin embargo, si estas a su lado se calmará antes y todo se solucionará antes. Es mejor una actitud de espera que ignorarlo transmitiéndole una actitud de intransigencia de nuestra parte.

-¿Qué más podemos hacer para controlar a nuestros hijos?

-Poner límites. Debemos explicarle a nuestro hijo lo que no queremos que haga antes de que ocurra. De esa manera prevenimos que desarrolle ciertas conexiones o patrones neurocerebrales. El castigo viene a posteriori y la norma de antemano. Los gritos y castigos llegan cuando estamos desbordados, los pequeños y los adultos. Y lo peor que pueden hacer los padres es sumarse a ese caos para resolver un conflicto. El primer paso es entender que el niño está cansado y que le cuesta controlar sus emociones. ¿Cómo aprenderá a hacerlo? A través de los modelos de los padres. Si él se enrabieta y nosotros con él, aprende que cuando uno se frustra se enrabieta y dramatizará más. También es muy importante tener una relación positiva con nuestros hijos. Si las interaccines son negativas, tenderá a alejarse de nosotros.

Al detalle

Álvaro Bilbao
es Doctor en Psicología de la Salud, neuropsicólogo, esposo y padre de tres niños maravillosos. Formado como Neuropsicólogo en el Hospital Johns Hopkins (Baltimore) y el Royal Hospital for Neurodisability (Londres) ha colaborado con la Organización Mundial de la Salud. Su dedicación principal es la de rehabilitador de personas con lesión cerebral, labor que realiza en el Centro Estatal de Referencia de Atención al Daño Cerebral (Madrid)
Conferencia-taller
Lleva por título 'Educar en positivo' y se desarrollará en Málaga, de 9.30 horas hasta las 14.00 horas, en el Colegio de abogados de Málaga (Paseo de la Farola, 13). Imprescindible inscripción (ver información aquí)
Libros
'El cerebro del niño explicado a los padres', 'Todos a la cama', 'Cuida tu cerebro', 'Me falla la memoria'

-¿Puede darnos algunas pautas de esa educación en positivo que abandera entre padres y educadores?

-Como primer punto a destacar, entender que los comportamientos que tenemos los padres deben ser afectuosos hacia los niños y detectar los que son negativos. Es importante mostrar afecto y respeto en todo momento hacia ellos. En segundo lugar, en el taller incidimos en lo que hemos comentado antes de las expectativas realistas. También es fundamental responder con congruencia al niño y poner límites desde que son pequeños. Podemos incluso dialogar con ellos y poner entre todos normas familiares. Eso suele ser un recurso muy efectivo. La comunicación también debe ser positiva y de una forma que el niño entienda: agáchate, háblale bajito y evita construcciones verbales que no escuchan.

«La comunicación también debe ser positiva y de una forma que el niño entienda: agáchate, háblale bajito y evita construcciones verbales que no entienden»

«Los niños lo pasan mal cuando practicamos el método Estevill para dormir. Pero, ¿tiene ese estrés consecuencias neurológicas a largo plazo? Los estudios científicos parecen indicar que no»

-¿Qué construcciones verbales no escuchan los niños?

-Los imperativos no los escuchan bien, los mensajes colaborativos los asimilan mejor. Un «¡ponte los zapatos!» es algo que el niño no escucha bien porque no entra dentro de su forma de pensar, porque no tienden a pensar en ellos mismos como seres autónomos teledirigidos, y, en cambio, el «vamos a ponernos los zapatos» o «vamos a ponernos juntos los zapatos», lo entienden mucho mejor, prestan más atención.

- ¿Cuáles son los problemas que más le plantean los padres en su consulta o en sus conferencias?

-Sobre todo las rabietas, problemas de autocontrol, cómo gestionar los celos. La falta de capacidad del niño para aceptar normas, la rebeldía. También hay mucha preocupación por la alimentación y por la hora de dormir, por supuesto. La sobreprotección es otro de los grandes problemas actuales. Los bebés nacen con ocho ojos en el cogote. A muchos de ellos les falta autonomía y confianza al estar tan sobreprotegidos. ¿Por qué? Pues porque a nivel neurológico desarrollan menos la corteza prefrontal que es la que nos ayuda a tomar decisiciones, a solucionar problemas y saber gestionar riesgos. Educar bien es poner normas, dar cariño, responder a sus necesidades y darles libertad. Hay un momento para cada cosa y hay que saber diferenciarlos.

-Cambiando de asunto y aprovechando su amplio conocimiento del cerebro del niño, ¿por qué los padres nos convertimos en discos rayados? ¿por qué hay que repetirles tantas veces las cosas?

-Porque han aprendido que al final se ponen el pijama cuando nos acercamos a ellos, por ejemplo. Los hábitos no se aprenden de la noche a la mañana. En el 99% de los casos no se ríen de nosotros, simplemente quieren jugar y por eso no nos hacen caso. Están en su mundo, en Disneylandia, y nosotros los queremos llevar al nuestro, a la cruda y aburrida realidad de los baños, las cenas y el ritual de hora irse a la cama. Hay padres que me explican que tienen que repetir un millón de veces las cosas y yo les digo que sus hijos lo mismo necesitan dos millones de veces hasta interiorizarlo.

- Ahora que menciona la hora de irse a la cama... ¿por qué suelen pedir justo al apagar la luz un vaso de agua o ir a hacer pipí?

-(Vuelve a sonreir, cómplice). La pregunta también sería: ¿por que no ha pedido agua en las últimas horas y lo hace ahora? Es un mecanismo para saber si el adulto que tienen cerca va a responder sus necesidades por la noche. Fíjate qué curioso: nos pasamos todo el día pidiéndoles que no se alejen, que estén cerca y ,cuando llega la noche que es el momento más peligroso del día para ellos, resulta que les decimos que se van a quedar solos, a oscuras y que nosotros nos vamos al salón a ver la tele. La situación les produce miedo, inseguridad. Te piden agua para comprobar que vas a venir si te necesitan. Mi recomendación es precisamente que los padres estén presentes hasta que se duerman, también por una cuestión práctica: el niño se va a dormir antes si te quedas en la habitación o en la puerta, o sentado a los pies de la cama. Si no te ve, irá a buscarte.

-¿Qué opinión le merece el método estivill para enseñarles a conciliar el sueño? (Eduard Estivill es autor del polémico libro 'Duérmete niño')

-Personalmente no me gusta y no lo he practicado con mis hijos. Cuando lloran de noche yo quiero que sepan que su padre y su madre están ahí. Las posiciones a favor y en contra sobre este asunto los encontramos también a nivel científico. Los niños lo pasan mal cuando practicamos ese método, cuando llaman al papá o la mamá y estos no acuden. Sufren estrés, pero, ¿tiene ese estrés consecuencias a largo plazo? Los estudios científicos parecen indicar que no. La Asociación Americana de Pediatría ha concluido que no hay riesgo a nivel neurológico para el menor. Siendo justos y objetivos no es tan terrible como dicen unos ni tan inocuo como dicen otros. Dicho esto, insisto: yo no lo he practicado ni creo haberlo recomendado a nadie. En mi libro 'Todos a la cama' abordo otras estrategias para dormir al niño. No es la única vía. En mi opinión, deben ser atendidos por la noche ya que no hacerlo afecta a nivel psicológico y emocional.

Bilbao es autor de varios títulos sobre el funcionamiento del cerebro (archivo).
Bilbao es autor de varios títulos sobre el funcionamiento del cerebro (archivo). / Mireya López

- ¿Qué estrategias podemos usar para dormirlos de una forma más efectiva? ¿El colecho es una de ellas?

- Existen métodos para dormir calmándolos con rutinas y de una forma cercana. El colecho no tiene contraindicación, aunque hay situaciones en las que no se puede practicar: cuando un padre es obeso, si fuma en la habitación o si toma psicofármacos ya que se aumenta el riesgo de aplastamiento. En el resto de casos no le veo inconveniente. Pero ojo, si los padres no descansan bien es el momento de buscar alternativas y acostarlo en su cama.

-Cambiamos de asunto a otro que también genera controversia: el uso de las nuevas tecnologías. ¿A partir de qué edad recomienda su uso?

- La Sociedad Americana de Pediatría habla de dos años sin ningún tipo de tecnología. Yo soy más radical si cabe y siempre digo que, antes de los 6 años, nada de nada. Los estudios de los que disponemos destacan que afectan negativamente a edades tempranas. Los que pasan más tiempo pegados al móvil o a la tablet tienen más problemas de comportamiento, de atención, dificultades para estar motivados en clase, ansiedad o incluso se observan indicios de depresión infantil, ansiedad. Hay que tener en cuenta que la tecnología supone un estímulo muy potente. Si al cerebro de un adulto le puede tener enganchado durante horas imaginaros en un cerebro en desarrollo. A partir de esa edad que recomiendo también es fundamental tener claras dos premisas: por un lado, tiempo limitado, prefijar cuándo va a jugar con el móvil y durante cuánto tiempo. El segundo pilar es el autocontrol. Cuando llegue el momento de dejarlo deben ser capaces de hacerlo sin gritar, sin enfadarnos, sin pegar a papá o a mamá. Cumpliendo esos puntos podemos ir introduciéndolo incluso antes de los seis años.

-Para terminar espero que rompa una lanza a favor de los padres: Álvaro Bilbao, ¿también pierde los nervios en casa?

- Por supuesto. Somos humanos y todos perdemos la calma, que nadie se sienta peor padre o madre por ello. Todos nos equivocamos. En casa tenemos tres hijos y las puertas abiertas para que vengan muchos niños. Claro que nos enfadamos y perdemos el control. Lo importante es saber qué hacer con esas equivocaciones. Hay que explicárselas al niño para que aprenda, para que aprendamos todos. Lo fundamental es que pase pocas veces y darle un vuelco positivo al asunto. Como dice el pedagogo Gregorio Luri, «los niños necesitan padres imperfectos».