Los Dólmenes despejan su horizonte

Menga, con la Peña de los Enamorados al fondo. :: a. j. guerrero/
Menga, con la Peña de los Enamorados al fondo. :: a. j. guerrero

Retiran la verja que mandaron colocar en Menga y Viera en 1886 cuando la construcción megalítica fue declarada monumento nacional

ANTONIO J. GUERRERO

2018 está despejando el terreno en el entorno del Sitio de los Dólmenes de Antequera. A la reanudación de las obras del museo, este lunes se retiraban de las entradas de los dólmenes de Menga y Viera las rejas que se mandaron colocar en 1886 cuando la construcción megalítica fue declarada monumento nacional.

Las cámaras, vigilancia y guías permanentes llegan hoy, pero hasta hace 20 años, el recinto tenía fácil acceso del exterior, incluso hubo un falso guía que aguardaba la llegada de visitantes para entrar por una valla derruida para mostrarles el lugar. Luego llegó el gran proyecto del museo prehistórico que se presumía sería la apuesta de Antequera para la Expo'92 de Sevilla; y el cercamiento del lugar, hasta que hace un año se colocaron cámaras de grabación y vigilantes las 24 horas.

La colocación de estas verjas se produjo cuando Alfonso XII declaró a Menga monumento nacional para la protección del interior. Siglos atrás fue refugio de pastores. Pero tras la puesta en marcha del sistema de vigilancia y varios estudios, el director del conjunto, Bartolomé Ruiz, subraya el 8 de octubre de 2018 como un día importante en las historia de los dólmenes en Antequera. Lo considera como «verdadera muestra de la valorización de este sitio», tras seis meses dejando las puertas abiertas las 24 horas, tanto en Menga como en Viera, sin ningún problema. No se ha podido hacer aún en el tholos del Romeral, al estar fuera del conjunto dolménico que sí tiene vigilancia personal todo el día, pero espera que en el momento en el que haya un vigilante permanente, «se haría innecesaria la presencia de la reja» y se quitaría como en estos dos primeros. Como arqueólogo y responsable del conjunto, sabe que en más de una visita de expertos le preguntaban por la reja, pero les exponía que era por seguridad de su interior, aunque «fuera un obstáculo para contemplar el paisaje que tenemos justo enfrente, con la Peña de los Enamorados como recibimiento de quienes salían tras venerar el templo».

Hoy, 132 años después, Bartolomé Ruiz consigue volver al estado del conjunto como, por ejemplo, estudió el arquitecto malagueño Rafael Mitjana, que escribió en 1847 'Memoria sobre el templo druida hallado en las cercanías de la ciudad de Antequera', que marcó el inicio del largo camino que en 2015 se consiguió concluir al ser declarado Patrimonio Mundial.

Desde este martes, quienes acudan al conjunto prehistórico se encontrarán con una nueva forma de conocer los dólmenes de Viera y Menga: sin rejas, libres, sin cadenas en forma de barrotes, con una espectacular vista desde el interior del segundo, desde donde se contempla la maravillosa estampa de la Peña de los Enamorados desde que sale el sol.

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