Un despilfarro insostenible

Francia quiere prohibir la destrucción de productos que no han podido ser comercializados, una práctica habitual para las multinacionales. «Miles de niños no tendrán juguetes en Navidad mientras éstos llenan los vertederos»

Un despilfarro insostenible
PAULA ROSAS

Ropa, electrodomésticos, pañales, cremas... a partir de 2023, todos aquellos productos no alimentarios que se hayan quedado sin vender en Francia no podrán ser destruidos. El Gobierno galo quiere que sean reciclados o donados para evitar un despilfarro que se eleva cada año en el país a 650 millones de euros y que ha generado una gran polémica. La medida formará parte de un nuevo proyecto de ley para favorecer la economía circular que será presentado en el Consejo de Ministros el próximo mes de julio y del que aún quedan por explicar todos los detalles. Pero el origen de la indignación tiene una fecha clara.

Hace cinco meses, un documental televisivo destapaba una verdad incómoda que ha puesto en el punto de mira a gigantes de la distribución como Amazon. Un reportero del programa 'Capital', del canal M6, conseguía ser contratado en uno de los centros logísticos del gigante americano y revelaba cómo millones de productos como juguetes, televisiones, ropa o cafeteras eran destruidos al no haber sido vendidos. Amazon comercializa productos propios y también otros de vendedores externos que almacena en sus naves para agilizar el envío a los compradores. Pasado un cierto tiempo, el coste del almacenaje para estos vendedores externos resulta tan caro que prefieren que los productos que no han sido vendidos sean destruidos.

La nueva legislación ha hecho aumentar las donaciones de alimentos un 50% en solo tres años

Los periodistas pudieron filmar enormes contenedores repletos de cajas de Lego a 128 euros, paquetes de pañales de 31 euros o libros, todos ellos nuevos y en perfecto estado, pero destinados a la aniquilación. A través de unos rastreadores por geolocalización que consiguieron colocar a la mercancía, demostraron que fue destruida y que incluso algunos de los productos acabaron en un vertedero ilegal. «Miles de niños no van a recibir juguetes por Navidad y vemos que son capaces de tirar millones de artículos a la basura, es aberrante», se indignaba Antoine Delorme, el responsable sindical de la CGT de una de las plantas de Amazon. Según los cálculos del sindicato, el gigante de la distribución destruye cada año en Francia 3,2 millones de objetos manufacturados nuevos.

El documental sacudió las conciencias y provocó la cólera de las instituciones. «Estoy conmocionada, indignada», dijo entonces la secretaria de Estado de Transición Ecológica, Brune Poirson, y prometió que antes del verano una nueva ley sobre la economía circular pondría fin a esas prácticas.

Una «primicia mundial»

Ahora, el primer ministro, Édouard Philippe, ha presentado la medida como una «primicia mundial» que, a partir de finales de 2021 o, según los casos, de 2023, prohibirá este obsceno derroche con un fuerte impacto ecológico. «Podemos encontrar un modelo económico viable, intentar que todo lo que no sea vendido sea o bien donado, para favorecer el desarrollo de la economía social y solidaria, o bien transformado en piezas sueltas que permitan recomponer objetos y alargar su vida», ha propuesto. El Gobierno busca un modelo de crecimiento basado en una «gran sobriedad del uso de los recursos naturales» para evitar, según palabras del propio Philippe, este «despilfarro escandaloso».

¿Cómo se va a llevar a cabo? La letra pequeña está aún por explicar, pero los plazos ya están claros: 2021 para las industrias ya cubiertas por una estrategia de gestión de residuos (EPR, siglas en inglés de responsabilidad extendida del productor), como por ejemplo los textiles o los equipamientos eléctricos o electrónicos, y 2023 para las demás, según han precisado desde el Ministerio de Transición Ecológica. El sector del lujo, que teme que la nueva medida favorezca la creación de un mercado alternativo de saldos que acabe afectando a su industria, contará con unas disposiciones especiales. También se tendrá que aclarar qué ocurre con productos como, por ejemplo, el maquillaje, que pasado cierto tiempo caducan. O qué tipo de castigo se impondrá a las empresas que no cumplan con la prohibición.

Los plazos

Derroche alimentario.
En 2016, la Asamblea Nacional aprobaba una ley contra el despilfarro alimentario para impedir que las grandes superficies tiren comida o la estropeen a propósito.

La nueva ley ahonda en las medidas impulsadas en 2016 por el Gobierno de François Hollande para luchar contra el despilfarro alimentario y que ya sancionan a las empresas que tiran comida en lugar de donarla a organizaciones caritativas. Además, contemplará nuevas medidas como un índice de 'reparabilidad' de productos o nuevas EPR para sectores como los juguetes, cigarrillos o artículos de deporte.

El Gobierno quiere evolucionar hacia una economía más verde, pero la crisis de los chalecos amarillos le ha hecho recapacitar sobre si deben ser los ciudadanos, a través de sus impuestos, los que soporten el peso de la transición ecológica. El auge del partido de los Verdes en las últimas elecciones europeas, que ha quedado tercero impulsado por la ola ecológica que recorre Europa, ha sembrado también la urgencia ecológica en el seno del Ejecutivo. «Los ciudadanos nos han dicho que quieren que les acompañemos en la transición ecológica, pero que no quieren hacerlo de manera obligatoria o a través de impuestos», admite el primer ministro. «Hemos escuchado ese mensaje».

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