Cuidado con la huella que dejas en redes sociales... te puede costar el trabajo

Cuidado con la huella que dejas en redes sociales... te puede costar el trabajo

La mitad de las empresas comprueban en redes la reputación de los aspirantes a un empleo. Una foto o una mentira pueden costar caras...

JAVIER GUILLENEA

Nuestro destino hace tiempo que dejó de estar escrito en las estrellas; ahora aguarda en las redes sociales su momento de manifestarse. En los intrincados laberintos de Facebook, Linkedin, Instagram o Twitter vamos dejando retazos de nuestras vidas, fragmentos de un puzle que, unidos algún día, darán una imagen de nosotros que quizá no refleje lo que somos, pero eso da igual. Lo verdaderamente importante es que de esa imagen puede depender nuestro futuro laboral.

La actividad en las redes sociales se ha convertido en una de las herramientas que utilizan muchas empresas de todo el mundo para seleccionar a los candidatos a un empleo antes de cerrar una contratación. El aspirante a la plaza puede tener un currículo impecable, una prestancia digna de un director general y más don de gentes que el presentador de un concurso de televisión pero, si no supera la prueba del algodón, es posible que se quede sin el trabajo.

Según un estudio elaborado por el portal de empleo Infojobs, la mitad de las empresas españolas bucea en las redes sociales para obtener datos sobre los solicitantes de un empleo. El 22% de ellas, una de cada cinco, reconoce que, tras ver la información publicada por los candidatos en sus perfiles sociales, ha descartado a algunos que en un primer momento parecían los más idóneos para el puesto.

El principal motivo de descarte son las mentiras o incoherencias detectadas entre lo comentado en las entrevistas personales durante el proceso de selección y lo que Internet dice del aspirante. La segunda razón es el contenido de las fotografías que ha subido a las redes sociales y, la tercera, la existencia de faltas de ortografía graves en sus publicaciones. Otras razones aducidas por las empresas a la hora de desechar a alguien son la falta de respeto hacia otros usuarios de internet, la publicación de opiniones radicales acerca de temas religiosos, racistas, de orientación sexual o sobre política y exponer comentarios negativos sobre jefes, compañeros o sociedades en las que se ha trabajado.

«Lo de las faltas de ortografía clama al cielo, es impresionante»

Si hay algo, los reclutadores de talentos lo encontrarán. Que haya ocurrido hace dos meses o diez años da igual, porque internet es un gran baúl donde es fácil entrar pero muy complicado salir. Esa es una de las ideas que intenta transmitir Leticia Garay, 'community manager' de la Fundación Novia Salcedo, una organización privada que ayuda a los jóvenes en su integración profesional. Pese a sus años de experiencia, ella no sale de su asombro ante la «falta de control de la información» de la que hace gala la generación digital, la que ha nacido con un móvil bajo el brazo. «Están tan acostumbrados a contar su vida en las redes sociales que no son conscientes de que la imagen que dan queda guardada en internet y cualquier persona puede tener acceso a ella. Es algo que me sorprende», admite.

Comentarios más o menos afortunados y fotos de todo tipo se acumulan a nuestro paso y dejan, según Andrés Pérez Ortega, consultor especializado en marca personal, «un rastro terrible» y muy fácil de seguir. En los procesos de selección, los empleadores buscan en estas huellas «el bagaje cultural de los aspirantes, sus valores y si coinciden con la manera de pensar del cliente», asegura Raquel Izquierdo, directora de Servicio de Adecco. Para esta antigua reclutadora, en un contexto en el que «los conocimientos han pasado a un segundo plano, las empresas piensan que a los nuevos empleados se les puede enseñar lo que necesitan saber en su nuevo puesto, por eso buscan a gente que encaje con sus valores».

«Porteros de discoteca»

Judith Monmany, responsable de comunicación de Infojobs, rechaza la idea de que al indagar en internet los reclutadores busquen los puntos débiles del candidato. «Es una herramienta más, como el currículum vitae, la entrevista telefónica y personal o las pruebas psicotécnicas. En las redes se busca confirmar información o ampliarla; es una manera de humanizar al candidato con datos personales, un añadido a las entrevistas. Los reclutadores son personas y se hacen cargo de que lo que hacemos a los quince años no marca nuestras vidas», explica.

Andrés Pérez Ortega, que adelanta que no va a ser políticamente correcto, no está del todo de acuerdo con estas palabras. «Los de recursos humanos van muy de sicólogos; si tú dices que te gusta el senderismo, igual les da por pensar que eres un ser solitario», ironiza. A su juicio, «las redes sociales se han convertido en un portero de discoteca» más interesado en los que se quedan fuera que en los que entran. «En vez de buscar a gente interesante, lo que hacen es descartarla. No son ojeadores, sino descartadores», critica.

Tras el rastro

50%.
es el porcentaje de empresas españolas que consultan las redes sociales de los candidatos antes de tomar la decisión de contratarles. Este hábito es mayor en las que tienen entre diez y 49 empleados en plantilla.
Recomendaciones:
Para no tener demasiados problemas con la huella digital, Infojobs aconseja distinguir entre las redes sociales que queremos usar a nivel profesional y de manera personal o mixta. También es bueno acordarse de gestionar el nivel de privacidad que ofrecen la mayoría de las redes, no mostrar en ellas información falsa sobre los estudios o experiencia profesional, cuidar el lenguaje, lo que incluye evitar los insultos y las faltas de respeto y de ortografía, así como tener cuidado con las fotos e imágenes que se cuelgan. Ante la duda, mejor borrar todo el material que pueda resultar perjudicial.

Hay quien da motivos para ser rechazado. «Lo de las faltas de ortografía clama al cielo, es impresionante», se lamenta Leticia Garay. «A veces escribimos rápido y cometemos alguna, eso es comprensible, pero si la falta es repetida denota descuido», recalca Judith Monmany. En cuanto a las fotos, unas cuantas imágenes de juergas en la ciudad del extranjero donde el aspirante asegura que ha participado en un importante proyecto pueden frustrar su contratación.

«Cuando estoy con los jóvenes busco todo tipo de información sobre ellos y la localizo muy fácilmente. Encuentro muchas fotos y cuando se las muestro no les hace gracia que las haya visto, pero están ahí, al alcance de todos», recuerda Leticia Garay. Quizá no tengan especial relevancia; al fin y al cabo, pueden ser imágenes de un grupo de veinteañeros borrachos lanzándose desnudos a una fuente, nada demasiado grave, aunque lo suficiente para que, ante la duda, una gran compañía decida contratar a otro.

«Hay que tener presente que en internet somos un libro abierto»

Claro que tampoco tiene por qué ser siempre así. «Depende de la empresa; no es lo mismo una de carácter tradicional, como un banco, que una de moda o marketing», puntualiza Raquel Izquierdo. Y también depende de lo que se quiera ver en las fotos, porque, como sostiene el consultor, «que aparezcas en una juerga puede beneficiarte si es interpretado como que eres una persona sociable». Además, añade, «si a los 18 no hay ninguna foto tuya en una fiesta es tan sospechoso como si apareces leyendo el 'Financial Times'».

Pérez Ortega está convencido de que «algún día habrá una especie de amnistía digital» que libere a los internautas del peso de un pasado que «no se puede eliminar, pero sí sepultar». Mientras llega ese momento, la mejor manera de enterrar huellas incómodas es «contrarrestarlas con cosas positivas». «Si quieres posicionarte como un profesional de referencia, crea un blog, que es una herramienta que se usa poco. En él un reclutador puede ver cómo has ido evolucionando y no sustentará su decisión en un tuit o en instagram», recomienda.

Marca propia

Otra solución es dejar solo las huellas que uno quiere que se vean, y para eso hay que comenzar a actuar lo antes posible. El mejor punto de partida quizás sea contestar a una cuestión que se formula Leticia Garay. «La pregunta que hay que hacer a un joven es si quiere que su imagen personal pese más que su trayectoria profesional a la hora de buscar trabajo». Si el interpelado elige la segunda opción, es muy conveniente que tenga en cuenta una verdad inapelable: «Es posible que algo que te hace gracia a los 16 no le haga gracia a nadie, ni siquiera a ti, cuando tengas 26 años».

La receta, subraya Garay, pasa por «gestionar nuestra propia marca». «Así como una empresa cuida mucho su reputación online, las personas deberíamos tener mucho cuidado de hacer lo mismo», afirma. Y en un entorno donde el pasado queda y resurge en el momento más inoportuno, la mejor manera de hacerlo es comenzar pronto. «Igual hay que empezar a los catorce años y no esperar a que hayamos cumplido veinte», agrega.

Gestionar la marca no significa publicar fotos personales en un sillón orejero con un libro de economía aplicada en las manos o tuits con frases de Kant. «La falsedad se pilla», advierte Andrés Pérez Ortega. Se trata, recuerda Judith Monmany, de «ser coherente, utilizar el sentido común y tener presente que en internet somos un libro abierto». Las redes amplían las posibilidades de encontrar un empleo, pero también pueden ayudar a perderlo aún antes de que nazca. «Nosotros no buscamos trapos sucios», insisten los reclutadores. No los buscan, pero si los hay los encontrarán.