Cuatro víctimas de violencia de género relatan su calvario: «Sin apoyo no habríamos levantado cabeza»

Cuatro víctimas de violencia de género relatan su calvario: «Sin apoyo no habríamos levantado cabeza»

María se vio en la calle con dos hijos tras quemar la casa su marido. Miriam fue apuñalada por su pareja. Carmen puso fin a 32 años de matrimonio tras una brutal paliza. Fátima se casó obligada y al llegar a España comenzó su infierno. Estos son sus testimonios

Susana Zamora
SUSANA ZAMORA
María «Me asusta que se cuestionen las ayudas»

Nunca se vio como una víctima de violencia de género hasta que se puso en manos de profesionales que le abrieron los ojos. «Desde el principio, yo veía cosas que no eran normales: no podía vestirme como me gustaba, ni comportarme ni reírme con naturalidad delante de él. Sentía que no era yo misma, pero pensé que todo eso cambiaría al casarnos». Pero tras 14 años de matrimonio y un hijo en común, María (nombre ficticio) ha pagado cara esa confianza. El maltrato psicológico no tardó en llegar y las amenazas se sucedían. «Me decía que me iba a quitar el niño, que haría daño a quienes me querían, incluso que iba a quemar la casa». María vivía «atemorizada» y consciente de que aquello no era vida para su hijo, sacó valor y le planteó «una separación por las buenas». «Se volvió loco y trató de intimidarme de nuevo con volar el piso, pero en esta ocasión yo vi en su cara que lo decía de verdad. Lo denuncié por maltrato psicológico y, al cuarto de hora de notificarle la Policía la citación para un juicio rápido, prendió fuego a la casa».

A partir de ahí, María se vio en la calle sola con un niño, sin trabajo y sin vivienda. Hoy es una mujer que ha resucitado de sus cenizas gracias en gran medida a la ayuda recibida. Durante 33 meses, recibió la Renta Activa de Inserción (RAI), de 426 euros, que concede el Ministerio de Trabajo a personas en paro, sin derecho a ninguna prestación y a la que pueden acogerse las víctimas de violencia de género. A su término, sumó otra por el mismo importe durante un año (algo más de 5.000 euros en un pago único) de la Junta de Andalucía, que le ofreció un programa de inserción laboral con el que encontró su trabajo actual. Además, la Administración local en la que reside colaboró en el pago de su alquiler hasta que le concedió una vivienda social. «Por eso, que haya partidos como Vox que cuestionen estas ayudas, me asusta. Son necesarias para protegernos, para volver a levantar la cabeza, pero también para tratar psicológicamente a los menores. Si mi hijo es un maltratador en el futuro, no solo habré fallado yo como madre, sino toda la sociedad», asegura María, portavoz de la asociación Amusuvi. Se muestra crítica con el partido que ha irrumpido en la escena política andaluza, pero también con PP y Ciudadanos. «Estos partidos no deberían ceder al chantaje de Vox; sería venderse por un sitio en el Gobierno y dejarnos con el culo al aire». «Defienden que la discriminación en positivo en materia de violencia de género no es necesaria. Solo les digo que miren las estadísticas, a ver si son igualitarias».

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Miriam «Es inadmisible querer acabar con lo logrado»

Miriam Moraleda se revuelve cuando escucha hablar a Vox de violencia de género. «Yo soy la primera en hacer crítica, en reconocer que la ley es mejorable y que aún queda mucho por hacer, pero acabar con lo conseguido es inadmisible». Asegura que faltan ayudas, pero sobre todo echa en falta una revisión de los baremos del riesgo de las víctimas para aumentar su protección, más opciones a un alquiler social y condenas más severas a los agresores. Sabe de lo que habla, porque el drama lo vivió en sus propias carnes hace una década cuando fue apuñalada por su pareja después de doce años juntos y dos hijos en común. El agresor fue condenado a ocho años de prisión por asesinato en grado de tentativa y una orden de alejamiento de diez años, de los cuales ocho ya los ha cumplido en la cárcel. «¿No sería más lógico que la orden de alejamiento entrase en vigor a su salida de prisión para así sentirnos más seguras?», lamenta.

Miriam echa la vista atrás y su relato es estremecedor. «Nuestra relación siempre fue buena, hasta que una noche salí con sus hermanos en el pueblo. Cuando llegué a casa, me volvió la cara de un guantazo». Aunque desconcertada, Miriam siguió adelante con su pareja. «El segundo episodio se produjo seis meses antes de que acabara todo, cuando al entrar al dormitorio para avisarle de la cena se vino para mí y me agarró del cuello contra la pared. Yo sospechaba que mantenía una relación por internet y no debió gustarle que lo sorprendiese», aclara. Se separaron, pero solo fue un punto y seguido. Su pareja le pidió volver y ella accedió por sus hijos. Sin embargo, aquella misma noche se abalanzó contra ella con un cuchillo de cocina en la mano. Escapó de milagro. Lo que nunca pudo imaginar es que dos horas después del juicio, cuando acudió con su agresor a la vivienda a recoger sus pertenencias, le asestara una puñalada en presencia de la Guardia Civil. Pasó seis meses en una casa de acogida y contó con la ayuda de asociaciones como Anabella y Mujeres Unidas contra el Maltrato. Con la Renta Activa de Inserción logra sobrevivir. «Es insuficiente, pero no podemos consentir que nos quiten lo conseguido».

Carmen «Hay que pasar esto para saber lo que es»

Nunca olvidará la Nochevieja de 2014. Con aquellas campanadas acabaron para Carmen (nombre ficticio) 32 años de matrimonio. Tras una brutal paliza delante de sus dos hijas se decidió a dar el paso y denunciar. No era la primera vez que le pegaba su marido, pero sí la más violenta. «El maltrato empezó siendo psicológico, tan sutil que no era capaz de reaccionar, pero cuando dejó de funcionarle pasó a las agresiones físicas». Tras la denuncia, se activó el protocolo para víctimas de violencia de género y Carmen permaneció en una casa de emergencia hasta la celebración del juicio rápido, donde condenaron a su agresor a trabajos a la comunidad y una orden de alejamiento de doce años. Carmen pasó varios meses en un hogar de acogida, donde recibió asistencia psicológica y asesoramiento legal y laboral. «Me trataron muy bien y no puedo quejarme de toda la ayuda que he recibido», afirma. Aunque económicamente solo recibió 3.000 euros de la administración autonómica tras salir de la casa de acogida, Carmen valora todo el apoyo personal que ha tenido, tanto de las instituciones como de asociaciones como Incide, que tiene un programa de acompañamiento para las víctimas de violencia de género.

Por eso, cree que la postura de Vox es un paso atrás: «No me entra en la cabeza que la gente pueda a votar a un partido con esas ideas tan retrógradas; es como volver a los tiempos de Franco». «Hablan de una ley de violencia intrafamiliar que proteja por igual a ancianos, hombres, mujeres y niños cuando somos nosotras las que principalmente morimos y las que necesitamos políticas que nos ayuden a salir del drama. Son fundamentales, porque la mayoría nos quedamos sin nada», apunta. Carmen dice que hay que verse en esa situación. «Deberían tener en su familia un caso similar al nuestro para que comprobasen lo duro que es», apunta. Lamenta la falta de sensibilidad que en general muestran los partidos, «que aprovechan cualquier tema candente, con el que la sociedad está especialmente sensibilizada, para hacer política. Es lamentable».

Fátima «La ley española me ha salvado la vida»

Confiesa sin reparos que la Junta de Andalucía ha sido su «familia». Sin casa, sin dinero, sin familia y sin conocer el idioma, Fátima se vio de la noche a la mañana en la calle con un hijo recién nacido. El pequeño solo tenía cuarenta días cuando su marido le dio una paliza, que le abrió los puntos de la cesárea y la dejó malherida. Nacida en Marruecos, fue obligada por su familia a casarse. Hasta entonces, había trabajado en varias empresas, donde ganaba más de 1.500 euros. Pero su esposo no lo aceptaba y tuvo que dejarlo. Sufrió desprecios y abusos desde el principio, «pero en mi país lo consideran un asunto familiar y la policía no hace nada», explica. Fue al llegar a España, adonde se trasladaron por motivos de trabajo, cuando los episodios violentos se sucedían casi a diario. «Me encerraba en casa para que no pudiera salir sola a la calle, me violó en numerosas ocasiones y me pateó en la barriga estando embarazada de nuestro hijo», relata.

Aquello no era vida para su bebé y denunció. Se sentía «desamparada» tras haber sufrido aquel «infierno», pero en la casa de acogida en la que permaneció nueve meses con su hijo encontró todo el afecto, la formación, el apoyo psicológico y el asesoramiento legal para salir adelante. «He tardado dos años en recuperar mi autoestima, en volver a mirarme a un espejo y en salir sola a la calle, pero me siento protegida. Sé que si no hubiera estado en España y no hubiera estado amparada por la ley de violencia de género, hoy estaría muerta».

Por esta razón, detesta la postura que ha adoptado Vox en esta materia. «No llevan razón cuando hablan de desigualdad y de discriminación, porque la fuerza del hombre no es equiparable a la de una mujer, que siempre será más vulnerable. ¿Cuántos hombres han muerto en proporción a las mujeres?», expresa. Lamenta que los partidos políticos usen la violencia de género como «arma arrojadiza», en lugar de hacerlo para mejorarla. Ahora, confía en que la justicia española la siga protegiendo de su agresor. «Utiliza a mi hijo para seguir maltratándome. Temo por los dos».

 

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