Consejos para mantener el frío a raya y reducir la factura en calefacción

Consejos para mantener el frío a raya y reducir la factura en calefacción

Unos sencillos hábitos y algunos trucos domésticos permiten sacar mayor provecho y minimizar el 'sablazo' de la factura

SOLANGE VÁZQUEZ

Se acercan tiempos de chocolate caliente y curros. Después de un parón de muchos meses, las calefacciones de la mayoría de los españoles han vuelto a la actividad. El frío y la lluvia han llegado para quedarse, zanjando por completo las dudas sobre la conveniencia de sacar la ropa de invierno de los altillos. Además, el desplome de temperaturas de los últimos días, anuncia que ha llegado la hora de empezar a calentar la casa para no pasar frío. Sea cual sea el sistema que tenga para caldear su hogar, este año, el acto de encender la calefacción va a ir acompañado de un poco de miedo debido a la subida del precio de la electricidad y el gas, las dos opciones mayoritarias entre los ciudadanos.

Las variaciones en la climatología por provincias, el sistema de calefacción elegido y la subida del precio de la luz hacen que la inversión de los hogares se dispare este invierno, según datos obtenidos de un estudio realizado por Certicalia por provincias y en Tarifas Gas Luz. Una vez más, los españoles tendrán que rascarse el bolsillo para hacer frente a los 322,74 euros mensuales de media que abonarán por su uso en los cinco meses más fríos (noviembre a marzo).

Con este panorama, el acto mecánico de encender la calefacción -que tiene algo de solemne, porque es como la 'inauguración' doméstica del invierno- va a requerir de una reflexión previa. ¿Realmente hace falta tirar tanto de ella? ¿Qué soluciones son las más recomendables para ahorrar en la factura y evitar un 'sablazo'?

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El termostato, bajo control

Algunas publicidades de compañías energéticas muestran la imagen de personas en paños menores por su casoplón, admirando el paisaje invernal desde unas enormes cristaleras... Algo que puede parecer muy sugerente, pero que no es ecológico ni mucho menos económico. «La temperatura de confort es de 20 a 21 grados, no más. Mucha gente tiene la casa a temperaturas muy superiores para ir en camiseta todo el año y eso se va a reflejar en la factura. Cada grado que subes el termostato, pagas de un 5 a un 7% más», explica José Luis Segura, responsable de comunicación de la Asociación de Personas Consumidoras y Usuarias del País vasco, EKA-ACUV. Así que es mejor abrigarse con ropa más gruesa o ponerse una mantita en el sofá y no tener un microclima tropical todo el año en casa a costa de nuestra cartera.

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Menos días, menos horas, menos euros

A la hora de 'ajustar', no sólo hay que vigilar los grados. «También hay que tener en cuenta que la necesidad de calor no es constante a lo largo de todos los meses ni a lo largo del día», apunta. Vamos, que no hay que poner el piloto automático y encender la calefacción por sistema en cuanto empieza el frío. Quizá haya jornadas en las que no haga falta. Y, sobre todo, hay que apagar la calefacción si estas fuera de casa muchas horas al día.

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Habitación por habitación

No todas las habitaciones de la casa se usan lo mismo ni tienen las mismas necesidades. La cocina, por ejemplo, cuenta con sus propias fuentes de calor que hacen prácticamente innecesario tener calefacción. También hay algunos huecos de la casa en los que no hay nadie buena parte del día -generalmente, dormitorios-, por lo que se puede ahorrar calentándolos un poco antes de irse a dormir. En realidad, la sala de estar, que es la estancia más usada, es el único lugar donde está justificado tener la calefacción puesta muchas horas.

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De noche, a poder ser, sin calefacción

Para dormir, la temperatura de confort es de 16 o 17 grados. En la cornisa cantábrica, si la casa se mantiene bien cerrada y no hay un temporal de frío extremo, el termómetro de las casas no suele bajar mucho más por la noche, así que la mayoría de las veces la calefacción nocturna es prescindible. Si hace mucho frío, bajar la temperatura a 16 grados supone ahorrar un 13% respecto a mantenerla a 20.

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Para ventilar, bastan 10 minutos

Por la mañana es suficiente con abrir la ventana diez minutos para que se renueve el aire. Si las ventanas permanecen abiertas más tiempo, la pérdida de calor requerirá gastar mucha más energía para volver a caldear la casa, recuerda el experto. Es decir, tiramos dinero.

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Cierra las puertas

El calor se 'escapa'. Por eso, para que una casa permanezca calentita gastando lo mínimo, es necesario cerrar las puertas de las habitaciones. Si no, se acabará diluyendo.

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Los radiadores, sin nada cerca

Nuestros criterios estéticos son a veces incompatibles con nuestras ganas de ahorrar. Mucha gente coloca muebles o estanterías sobre los radiadores, que ciertamente no suelen ser muy bonitos. Así los camuflan un poco. Error. «El aire caliente pesa menos que el frío y va hacia arriba. Por eso, si colocamos algo encima, dificultamos que el calor se expanda correctamente», dice Segura. Esto incluye la ropa mojada que solemos secar justo sobre los radiadores, claro. «Se puede poner, pero a una distancia prudencial», añade.

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Las persianas y las cortinas... no sólo para el verano

Si en verano bajamos persianas y echamos las cortinas para que la casa esté fresquita... ¿por qué en invierno nos olvidamos de ellas? «De día hay que subir las persianas a tope y retirar cortinas para que entre la luz, que caldea aunque no haga sol, porque es energía –explica–. Y de noche, por el contrario, es aconsejable bajar las persianas y correr las cortinas para que el calor acumulado durante el día no se escape». Las paredes que dan al exterior y los cristales están mucho más fríos que el resto de la casa, de ahí que mejor 'taparlos'.

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Ojo con la caja de la persiana

Si la vivienda dispone de buenas ventanas -con doble cristal, rotura de puente térmico- y está bien aislada, la pérdida de calor se reduce un 50%. Si no es así y no nos podemos permitir hacer reformas, hay algunos 'arreglillos' que podemos hacer para evitar que la fuga de calor nos estruje la economía doméstica. Los expertos aconsejan instalar burletes en puertas y ventanas -en cualquier ferretería los venden- para que cierren mejor. Así se evitan corrientes y filtraciones. También se pueden tapar con masilla o silicona las posibles rendijas de las ventanas. «Para saber por dónde se va el calor, basta con poner la llama de un mechero o una vela cerca del marco y ver dónde se mueve», indica Segura.

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Revisión de calderas y radiadores

Los radiadores de la calefacción de gas hay que purgarlos cada dos años y los eléctricos, mantenerlos limpios y sin polvo. Las calderas también deben ser sometidas a mantenimiento porque a veces no funcionan correctamente, lo que supone gastar más para calentar menos.

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Aislante tras los radiadores

Para que el calor de los radiadores -sobre todo, los colocados en paredes que dan al exterior- se quede en la estancia, es aconsejable colocar tras el aparato un material aislante reflector.

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Paredes 'forradas'

Además del uso de cortinas -si son gruesas o de un material como la lana, mejor-, para que el frío no entre en casa es muy útil tener las paredes cubiertas, sobre todo con estanterías que contengan libros, ya que el papel es un gran aislante térmico. Cuadros, armarios y hasta pósteres ayudan a guardar el calor. En el suelo, tener una alfombra gruesa también ayuda, lo mismo que decorar la casa con colores oscuros, que absorben más el calor.

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Un poco de corcho

Si tienes alguna pared por la que entre mucho frío, hay algunas soluciones decorativas que te pueden ayudar. Una de ellas es colocar un panel de corcho, material muy útil que, además, puede servir para dar un toque original al hogar. También es una excelente opción para revestir esos armarios o despensas que parecen auténticos frigoríficos.

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