Partidos sin marcador frente a las derrotas humillantes

Cada vez se intenta proteger más a los niños de 'palizas' en el deporte escolar y hasta se sopesa suprimir los resultados. Los detractores de la medida subrayan que el carácter se forja en la derrota

Ganar puede convertirse en una obsesión durante la infancia, una edad para divertirse y aprender ./R. C.
Ganar puede convertirse en una obsesión durante la infancia, una edad para divertirse y aprender . / R. C.
FERNANDO MIÑANA

El Valencia Basket tiene un proyecto de cantera que es observado por toda Europa. Los equipos inferiores juegan en L'Alqueria del Basket, una instalación fastuosa de unos 15.000 metros cuadrados con trece pistas –nueve cubiertas y con parquet–, vestuarios, gimnasio, zona médica... que tuvo un coste de 18 millones de euros. Con tamaño poderío y el respaldo de un club –auspiciado por Juan Roig, el potentado de los supermercados– de los más poderosos de España, sus redes pescan por todos los equipos de la Comunidad Valenciana. Muchos de los niños que destacan jugando al baloncesto acaban, antes o después, en L'Alqueria. Este pulso desigual se refleja cada semana en el marcador de sus partidos. Las 'palizas' están a la orden del día.

«Es una realidad», admite Andreu Casadevall, exentrenador de varios equipos de la ACB que ahora es el coordinador de la cantera masculina del Valencia Basket. «Pero cuando publicamos los resultados no ponemos de cuánto hemos ganado, solo que hemos ganado».

El baloncesto, como ocurre en otros deportes, trata de evitar las humillaciones a jugadores sin callo. Se extiende la corriente de que los niños no tienen por qué ser zarandeados en la cancha, una 'herida' que se puede evitar cerrando el acta cuando la diferencia empieza a ser sonrojante. ¿40 puntos? ¿50? Cada uno pone el límite donde considera, pero cada vez son menos los que dejan que el potencial deportivo, como una metáfora de lo que se encontrarán en la vida, dicte su ley. La federación gallega de fútbol da una vuelta de tuerca más y pide que no se publiquen los resultados.

¿Es bueno ahorrarle al chaval el escozor de una derrota indecorosa? ¿No es recomendable que descubra cuanto antes que la vida no es solo el calor del ala paterna? ¿No puede animar a que el chiquillo pruebe en otro deporte que quizá se le dé mejor y donde será más feliz? ¿Es posible pasar un buen rato con los amigos aunque pierdas por mucho? Muchas preguntas y pocas respuestas incontestables.

Un partido de minibasket.
Un partido de minibasket. / R. C.

«Es una decisión difícil. Lo único que tengo claro en este asunto es que la Federación Española de Baloncesto es la que tendría que trazar la línea. Y yo respetaría esa línea. Igual no estaría de acuerdo, pero la respetaría. Ahora lo que intento inculcar a los equipos de la cantera es que, cuando ganen por muchos puntos, dejen de presionar en toda la cancha, que intenten atacar sin botar el balón, que les dejen tirar algún triple... Para los niños que van perdiendo es frustrante pero también entiendo que les tenemos que hacer ver que, como sucede en la vida, estas cosas pueden suceder. Todos tenemos que estar preparados para ser peores que el de al lado», explica Casadevall, quien tiene previsto hablar con el psicólogo del club para que dé charlas a los chicos.

Violencia por el resultado

En esto del deporte, sobre todo en el que realizan los menores de 12 años, no es fácil encontrar blancos y negros. «Yo no estoy a favor ni en contra», adelanta Francisco Ortín, profesor titular de Psicología de la Universidad de Murcia y autor del libro 'Los padres y el deporte de los hijos'. «En el deporte, como en la educación, lo importante es el equilibrio. Si eliminamos el resultado peligra el deporte, pero la competitividad es compatible con la educación. Creo en el componente educativo de una derrota, de su aprendizaje, de incentivar la autocrítica, pero a partir de un límite deja de tener sentido. Cuál es es límite, no lo sé, pero si perder por 40 o por 50 ya es doloroso, qué necesidad hay en hacerlo por 100».

«Es importante la labor educativa de padres y entrenadores» Eisa Aguilar, Exjugadora y directora de competiciones de la FEB

La clave para Ortín, que también es coordinador del grupo de trabajo de deporte en el Colegio de Psicólogos de la Región de Murcia, la tienen los adultos que rodean a los niños: padres, entrenadores, clubes, público... «Su conducta es determinante. El adulto debe preocuparse por cómo ha preparado el partido y cómo ha sido, no por el resultado. Cuando el niño llega a casa no le puedes pedir el resultado. Las preguntas deben ser: ¿Crees que lo has preparado bien? ¿Habías descansado? ¿Te habías alimentado bien? Luego el niño seguro que te dice el resultado, pero no debe ser tu prioridad en el trato con tus hijos».

Antonio de Torres es el presidente de la Federación Andaluza de Baloncesto, donde intentan echar toneladas de algodón en los partidos de benjamines y alevines. El dirigente apunta hacia un problema de fondo: «Vemos que la violencia verbal se nos mete en las pistas cada vez a edades más tempranas y creemos que es el marcador el que genera esa violencia».

«Intento que no presionen en toda la cancha, que ataquen sin botar el balón...» Andreu Casadevall, Jefe de cantera del Valencia Basket

La Federación Española, según explica De Torres, cierra los partidos de minibasket cuando un equipo alcanza los 50 puntos de diferencia. «A partir de ese momento ya no se suman las canastas, se juega a reloj corrido, se siguen señalando las faltas personales... Nosotros hemos reducido esa diferencia a 40. Y en infantiles (nacidos en 2005 y 2006), a 50. El resto, baloncesto puro y duro».

Saber ganar es tan difícil como saber perder.
Saber ganar es tan difícil como saber perder. / R. C.

Su razonamiento es que, más allá de 40 o 50 puntos, lo único que puede generar es negativo. «Una derrota por 200 a 4, como he llegado a ver, no vale para el que gana ni para el que pierde. El ganador no juega forzado por el rival y el perdedor se hunde. Si enganchas varias derrotas así es difícil que esos niños vayan a querer seguir jugando al baloncesto. Y más difícil aún me parece saber ganar de esta forma...».

«No recuerdo las palizas»

Elisa Aguilar fue un referente del baloncesto español: jugó en la WNBA, en Rusia y en los mejores equipos nacionales. Además fue la capitana de la selección española con la que logró medallas de todos los colores en los Europeos y un bronce mundial. A sus 42 años dice que los recuerdos deportivos de la infancia quedan ya muy borrosos. «Seguro que pegué palizas y me las dieron, pero no me acuerdo, de lo que me acuerdo es de pasármelo bien, de hacer muchos amigos, de aprender los valores del deporte... Durante esos años de aprendizaje es muy importante la labor educativa de los padres, los entrenadores y el propio club».

«La derrota educa, pero a partir de un límite pierde el sentido» Francisco Ortín, Profesor de Psicología Universidad de Murcia

La madrileña estuvo 19 temporadas en la cumbre y se retiró después de ganar el Eurobasket de Francia 2013. Ahora es la directora de competiciones (de élite) de la Federación Española, lo que no le hace dar la espalda a lo que sucede en la cantera. «Es un tema sensible; realmente no sé si no es igual de humillante que cierren el marcador que perder por 60 puntos».

«Un 200-4 no vale para el que gana ni para el que pierde» Antonio de Torres, Presidente de la Federación Andaluza de Baloncesto

Aguilar, que fue una de las jugadoras más inteligentes de su generación, cree que es «un asunto que se debe estudiar a fondo» para descubrir si estamos sobreprotegiendo a los niños o ahorrándoles un sufrimiento innecesario. Ella, como casi todos, piensa que los adultos tienen en su mano la opción de suavizar la frustración sin necesidad de falsear el resultado. «¿Realmente un niño se deprime tanto por una derrota muy abultada? Yo creo que al principio tiene que ser doloroso pero que a los cinco minutos, si su entrenador y sus padres le quitan hierro, ya están riéndose, pensando en algo diferente y jugando a otra cosa».

La Federación Andaluza creael 'Valorcesto'

Un torneo de preminibasket en Huelva dio pie a lo que hoy se conoce como el 'Valorcesto', una iniciativa de la Federación Andaluza de Baloncesto que pretende utilizar su deporte para inculcar unas serie de valores entre los niños. Este proyecto se sustenta en cinco pilares: la salud, el apoyo a la mujer, la integración, la educación en valores y los proyectos solidarios. A través del baloncesto se informa del peligro de la obesidad infantil; se colabora con el Banco de Alimentos; se lleva el baloncesto a zonas deprimidas de Andalucía y se integra a personas sordomudas; se conceden becas a los clubes con equipos femeninos o que contratan a entrenadoras, y se ha desarrollado el programa 'Stop Bullying'.

'Valorcesto' fue inaugurado en Córdoba por Jorge Garbajosa, presidente de la Federación Española de Baloncesto, quien confía en que este modelo se traslade a otras federaciones territoriales.

 

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