Pablo Sánchez-Molina: «Me aburro si hablo de cosas con poco sentido»

Pablo Sánchez-Molina: «Me aburro si hablo de cosas con poco sentido»

Su cabeza no para de funcionar a lo largo del día. Ha pasado por Estados Unidos y ahora por Alemania, como investigador visitante, para lograr el doctorado en Derecho Constitucional. Todo ello mientras dirige la Escuela de Debate Cánovas-UMA

MARINA RIVASMálaga

Su vida es un puente entre las universidades de Málaga y Sevilla. En la primera se encuentra el director de su tesis, el catedrático de Derecho Constitucional Ángel Rodríguez, y en la segunda imparte clases mientras prepara cursos para doctorarse. Todo ello gracias a una beca de la Fundación La Caixa, que recibieron sólo 25 personas de toda España, en su caso, en 2015. Hijo de padres médicos y moteros, Pablo Sánchez-Molina desarrolló desde pequeño su pasión por viajar, aunque ya tenía claro que la medicina no era lo suyo. En sus ratos libres disfruta debatiendo entre risas con sus amigos, sin importar ideologías, pero siempre manteniendo que haya un tema interesante sobre la mesa.

¿Qué le lleva a estar ahora en Alemania?

–Pues ahora mismo estoy en un centro de investigación, un Max Planck de Derecho Internacional y Comparado y esto es una pasada. Irse fuera siempre es importante para crecer, en mi caso por la investigación para mi tesis, sobre el análisis de la protección de los derechos humanos a nivel nacional e internacional. En Estados Unidos estuve unos siete meses en la Universidad de Berkeley, en California.

Y justo en ese momento coincidió con la elección de Trump como presidente…

–Fui porque sabía que sería un momento importante. Allí lo hacen todo a la grande, los debates entre candidatos eran 'shows' y te ofrecían pizza, palomitas, incluso un bingo. Cuando ganó Trump recuerdo a la gente cabizbaja al día siguiente, fue como un jarro de agua fría.

¿Coincidió con más españoles?

–Precisamente a través de una noticia de este periódico, que contaba que había un chico, Alejandro, que estaba estudiando allí en esos momentos, contacté con él y se convirtió en uno de mis mejores amigos allí.

Se define como proyecto de constitucionalista… ¿cree que hoy día se puede haber generado una imagen negativa en torno a la actual Constitución?

–Para mí, sus valores no son negociables: justicia, igualdad… Lo que sí es verdad es que se podrían retocar ciertas cosas.

Si le dieran la oportunidad de cambiar sólo una cosa, ¿cuál sería?

–Yo creo que lo que más quebraderos de cabeza nos ha dado pasaría por cerrar el modelo autonómico, es decir, fijar bien las competencias que tiene el Estado central y las comunidades autónomas.

¿Cómo fue el momento en el que le ofrecieron ser el director de la Escuela de Debate de la Fundación Cánovas?

–Llevaba ya tiempo con ellos y cuando me ofrecieron llevar la Escuela de Debate en la Universidad, creo que ese 'sí' fue una de las mejores decisiones que he tomado.

El ver que salen talentos cada año ayuda…

–Claro, hace unos días dos de nuestras chicas, Carmen y María, quedaron campeonas del mundo, por ejemplo. Y eso ya no es lo importante, sino las capacidades que puedes adquirir cara al futuro.

Sirve para romper los clichés de los andaluces incultos y vagos…

–Incultos hay en todos lados, incluso fuera de Andalucía (bromea).

Estando a distancia, ¿cómo puede compaginarlo todo?

–Ahora me he ido sólo el verano, pero cuando me fui a Estados Unidos me ayudó mucho Pablo Ruiz, que se hizo cargo de la Escuela en ese tiempo, aunque a él no le guste decirlo. Hay mucha gente detrás, eso hace que no sea difícil.

El tiempo para el ocio ya lo da por perdido, ¿no?

–Bueno, estoy retomando algo de tiempo para ir con los amigos, al gimnasio... Yo he jugado al tenis, pero ahora me es imposible, el trabajo es lo primero y no me importa dedicarle todo el día si es lo que me gusta.

Vamos, que de pequeño no era el típico niño que soñaba con ser futbolista…

–Lo único que tenía claro es que mis padres son médicos y yo no quería serlo. Desde pequeño ellos siempre me decían que parecía el Defensor del Pueblo porque siempre les llevaba la contraria e intentaba defender a mi hermano… Aunque yo también era muy travieso (ríe).

¿Sus amigos recurren a usted para mediar en los conflictos del grupo?

–(Ríe). La verdad es que debatimos mucho, hay gente de todas las ramas e ideologías y nos lo pasamos muy bien debatiendo entre nosotros. Yo no me caso con ningún partido ni ideología, veo cosas buenas y malas en todo.

Les imagino debatiendo entre cañas en alguna taberna…

–En algún restaurante, taberna o terraza… nos encanta. Yo me aburro si hablo de cosas que no tienen mucho sentido.

Hablando de cuestiones trascendentales… ¿cuál sería el trabajo de sus sueños?

–Lo que más me gusta es la universidad, controlo mi tiempo y me permiten vivir experiencias internacionales. Me gusta tener grupos de alumnos, pero también investigar fuera.

De todos los destinos en los que ha estado, ¿dónde se quedaría a vivir?

–(Resopla) California me podría gustar, pero ese sistema tan capitalista hace que sea una sociedad con muchos contrastes…

¿Y dónde no viviría?

–Quizá México o incluso Madrid, yo soy más de Málaga (ríe).

¿Y el destino más raro?

–El año pasado, por ejemplo, estuvimos en el Mundial de Debate en Guatemala, que es uno de los países más peligrosos del mundo. Nos enteramos de que estaba habiendo un tiroteo detrás de nuestro hotel y también recuerdo coger un taxi allí, con los cristales tintados, y decirnos el conductor que era para que no le atracaran, porque si la gente no ve lo que hay dentro no se arriesgan a robar. Me chocó mucho.

¿Ha calculado en cuántos países ha estado?

–Tampoco en tantos, mis padres me superan. Ellos son moteros y viajan por Europa y por el mundo con sus motos, han ido de Málaga a Noruega en moto y ahora se van a Eslovenia, por ejemplo. Yo todavía no he adquirido esa pasión, pero de momento sí que tengo moto, de hecho no tengo coche.

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