El laboratorio del Ratoncito Pérez

El Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana recoge dientes de leche para su colección. Quiere compararlos con los de nuestros antepasados

Un niño observa el diente de leche que se le ha caído. /R. C.
Un niño observa el diente de leche que se le ha caído. / R. C.
FERNANDO MIÑANA

El Ratoncito Pérez se dará un gran festín la noche del viernes. El Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (Cenieh) recogerá dientes de leche en siete comunidades coincidiendo con la Noche Europea de los Investigadores. Su objetivo es desarrollar un estudio que permita comparar la boca de nuestros niños con la de sus antepasados.

El Cenieh ya cuenta con un banco de unos mil de estos dientes diminutos porque los cuatro años anteriores realizó esta recolección en Burgos, donde está radicado el centro. Pero esta vez espera multiplicar sus reservas de manera exponencial: la recogida se ha organizado, además de en la ciudad castellana, en otras localidades de España como Cáceres (en la Universidad de Extremadura), Santander (Universidad de Cantabria), Palma de Mallorca (Escuela Universitaria de Odontología), Jerez de la Frontera (la AAAF), Avilés, Gijón y Oviedo (Universidad de Oviedo) y Madrid.

Marina Martínez de Pinillos, una investigadora postdoctoral, es la coordinadora del proyecto dentro del grupo de antropología dental de este centro de investigación. A ella y a su compañera Chitina Moreno se les ocurrió pedir colaboración ciudadana para realizar una recogida de dientes de leche. El motivo se enmarca dentro del ámbito paleontológico. «No existía una colección de dientes de leche de referencia. Los queremos para poder compararlos con los de otras especies, como los del 'Homo antecessor', los restos de este humano de unos 900.000 años encontrado en Gran Dolina, en la sierra de Atapuerca. Ver la diferencia con los neandertales».

La importancia de los dientes radica en que es el tejido más duro de nuestro cuerpo y eso implica que, generalmente, es lo que mejor se conserva pasados años e incluso siglos. Hay quien los estudia como si fuera la 'caja negra' del organismo de los humanos y a menudo esconde respuestas sorprendentes para las preguntas de los investigadores.

El centro cuenta desde sus inicios, en 2014, con la colaboración de la Casita Museo del Ratón Pérez en Madrid. Los niños, a cambio de sus piezas dentales, reciben una bolsa con obsequios y un diploma que les acredita como ayudantes del Ratoncito Pérez.

Empiezan a los seis años

Lo más importante es que los niños, o sus padres, informen a las personas que recogen los dientes de dos datos: su sexo, si son chicas o chicos, y la fecha de erupción del diente para saber la edad que tenían cuando se les cayó. Porque son muchos los chiquillos que llevan piezas que conservan de cuando las perdieron tiempo atrás. En ocasiones, años. «Los dientes de leche, por lo general, suelen empezar a caerse a partir de los seis años, pero la variabilidad es muy amplia y hay niños a los que no se les caen hasta los siete años y otros que ya han perdido alguno a los cinco», aclara la investigadora.

Los dientes de leche, por su composición, se rompen, se destruyen. Por eso se animaron a pedir colaboración a los ciudadanos con la aspiración de conseguir la colección más amplia del mundo. «El primer año la gente se volcó. Estuvimos seis o siete horas sin levantarnos de la silla recogiendo dientes», agradece Marina Martínez de Pinillos, quien considera que su estudio también puede tener aplicación para el ámbito médico o forense. «Queremos aprender si es posible distinguir si un diente es de un niño o de una niña, un dato que sería de ayuda en sucesos como el caso Bretón».

Los dientes se conservan en el centro, ubicado en Burgos, y cada pieza se guarda en una bolsa de plástico con una etiqueta. Sin contacto con otro diente u otro objeto. Y se les aplica una capa de consolidante a base de acetona y paraloid. Una pátina, reversible, porque los dientes se desmineralizan, se abren y se parten. El estudio quiere averiguar qué ocurre debajo del esmalte.

Después de cuatro años no ha sido difícil encontrar diferencias entre los dientes actuales y los de los niños neandertales. «No solo en los dientes de leche sino también en los permanentes. Los neandertales tenían piezas dentales más grandes, más voluminosas. Las del homo sapiens son bastante simples y relativamente pequeñas. Por morfología, grosor y otros aspectos, son especies muy diferentes», especifica la coordinadora del proyecto, una mujer que conserva sus dientes de niña y que, ahora, años después, trabaja rodeada de cientos, en breve miles, de dientes leche.

Marina Martínez de Pinillos, en una recogida anterior.
Marina Martínez de Pinillos, en una recogida anterior. / R. C.

Recogida

1.000
piezas dentales, aproximadamente, forman actualmente la colección del Centro Nacional de Investigación (Cenieh) sobre la Evolución Humana. El viernes seguramente se multiplicará.
La mayor colección
El Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana tiene la aspiración de lograr la mayor colección de dientes de leche del mundo. Este viernes, durante la Noche Europea de los Investigadores, recogerá nuevas piezas en nueve ciudades españolas.
Diversificación
Los cuatro años precedentes solo se recogieron en Burgos, pero al ampliarse a otras seis comunidades autónomas, el proyecto confía en poder establecer un patrón que se ajuste mejor a todos los españoles según su entorno, ambiente, hábitos alimenticios...
 

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