Más conciencia, mejores máquinas

Pablo Rodríguez, director ejecutivo de Telefónica Innovation Alpha/R. C.
Pablo Rodríguez, director ejecutivo de Telefónica Innovation Alpha / R. C.

Pablo Rodríguez reflexiona sobre el uso de los datos y la inteligencia artificial en un nuevo libro

Daniel Roldán
DANIEL ROLDÁNMadrid

Un padre gana algo de peso tras el nacimiento de su hijo. Quiere averiguar por qué ha pasado, que ha hecho durante los últimos meses para que engorde. Coge una aplicación y mete todos sus datos -comida, peso, altura y masa corporal, entre otros-, su estilo de vida y cómo come a lo largo del día, frecuencia y cantidad. Después de estudiar todos los datos, la 'app' le sugiere algunas pautas para mejorar su estilo de vida acorde a sus necesidades. La aplicación también analiza que le pasa a una persona que se queda con poca energía a lo largo del día. «Me estaba diciendo que comía poco y que debía aumentar mi alimentación», señala Pablo Rodríguez, director ejecutivo de Telefónica Innovation Alpha -la unidad de investigación a largo plazo de la compañía de telecomunicaciones- y experto en tecnologías de internet.

Estos ejemplos del uso de las aplicaciones se deben al desarrollo de la inteligencia artificial (IA) y a la utilización de los datos. Una realidad que asusta sobre todo porque se recogen de la vida privada de los usuarios. «Hay que tener transparencia y claridad. Es importante que el usuario tenga más control de estos datos», apunta Rodríguez, autor de 'Inteligencia artificial. Cómo cambiará el mundo (y tu vida)' (Deusto). Un libro donde reflexiona sobre el futuro de la IA y el delicado equilibro que ya se está produciendo. «Debemos asegurarnos de que los algoritmos que usan estos macrodatos son justos y no discriminan a minorías», añade. El autor pone como ejemplo el programa Compas que están usando los jueces estadounidenses.

Es un 'ayudante' que indica a los magistrados qué condenas deben imponer a los reos y, entre otras variables, estudia las posibilidades que tiene el preso de reincidir. Pero el estudio de las sentencias reveló dos hechos: que fallaba menos que los jueces de carne y hueso pero cometía los mismos pecados. Por ejemplo, que se condenaba más a los acusados afroamericanos. ¿Por qué? Porque Compas se nutre de las sentencias ya ejecutadas y si estas tienen un cierto sesgo, aplicará lo que ha aprendido en sus consejos futuros. «Cuanto mejor desarrollemos nuestra conciencia humana, nuestra capacidad para interactuar, las máquinas mejor aprenderán», dice Rodríguez. «Creo que la suma de la inteligencia humana y la IA creará una inteligencia humana. No es necesario decidir entre una y otra», reflexiona el autor.

El futuro va a pasar por la complementación de las dos inteligencias, añade el autor, que en el libro expone diferentes sectores donde sorprende el uso de la IA, como la cocina. En 2015, IBM desarrolló el Chef Watson, un ordenador que analiza el contenido de más de 9.000 recetas, sacando información sobre patrones de elaboración y terminología de esas combinaciones.

Singularidad

Esta revolución, señala Rodríguez, será muy diferente a la industrial porque se realizará a una mayor rapidez. «Tendremos que adaptar nuestra formación en el transcurso de nuestra vida», explica Rodríguez. Si la revolución industrial duró cuatro generaciones, la de la inteligencia artificial será en apenas una. Y el punto de inflexión será el «momento de la singularidad», cuando la IA se convierta en una inteligencia general. «Será cuando el humano no sepa diferenciar si está hablando con otro humano o con una máquina», añade. Situaciones similares ya han ocurrido en la redacción de noticias o en un concurso literario que se celebró en Japón. Un programa de IA escribió una novela corta que pasó el primer examen.

Pero todo esto no va a ser inmediato. «La inteligencia artificial puede alcanzar, en la actualidad, la misma capacidad de computación que un ratón. Nos faltan treinta años para que se desarrollen las capacidades del cerebro», explica Rodríguez, que está convencido de que «las máquinas no van a quitar el trabajo y los humanos no se van a convertir en los próximos simios». Habrá una reestructuración, donde los trabajos de los seres humanos se enfoquen hacia los servicios sociales, las capacidades negociación o la solución de los conflictos. «Pero hay que decir que el 40% de los trabajos de 2030 no nos lo podemos imaginar hoy», indica el experto. «¿Alguien podía imaginarse hace unos años que iba a ser 'community manager' o desarrollador de móviles?».

 

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