La aventura de convertirse en el dueño de un pueblo

Milagros es una malagueña que se ha hecho por 60.000 euros con una aldea de seis casas en Lugo. Pepe ha comprado «a muy buen precio» otra en Asturias. El negocio rural y la vida en plena naturaleza les han animado a esta aventura. «Todo son ventajas»

A sus 45 años, la malagueña Milagros Ruiz, en la imagen con sus dos hijos pequeños, trabaja para reformar las seis casas de la aldea Vilaxe, en el municipio lucense de A Pontanova./RC
A sus 45 años, la malagueña Milagros Ruiz, en la imagen con sus dos hijos pequeños, trabaja para reformar las seis casas de la aldea Vilaxe, en el municipio lucense de A Pontanova. / RC
Susana Zamora
SUSANA ZAMORA

Ha cambiado los días radiantes y el tórrido terral del sur por el pertinaz orvallo y la penetrante humedad gallega; el mar azul de su Málaga natal por el frondoso valle de eucaliptos, castaños y pinos de una aldea perdida en el municipio lucense de A Pontanova; el frenesí de la urbe y la masificación turística de la Costa del Sol por la quietud del bosque. A Milagros Ruiz nunca le asustaron las mudanzas ni poner patas arriba su vida para alcanzar sus metas. Lo hizo siendo muy joven, cuando cogió una maleta y se fue de 'au pair' a Inglaterra. Quería aprender inglés y no le asustó hacerlo sola. Ahora, con 45 años, vuelve a liarse la manta a la cabeza. Se ha embarcado en lo que muchos considerarían una locura a su edad, con una familia a cargo (ella y su marido son padres de tres hijos) y un trabajo estable y bien remunerado en la banca. Pero, para Milagros es simplemente un sueño.

Sus continuas vacaciones en el norte de España le hicieron enamorarse de una zona que la aliviaba del sofocante calor veraniego de Archidona, en la comarca antequerana, donde actualmente vive, y la alejaba del trajín y los «peligros» de la ciudad. «El año que visitamos las Rías Baixas, le dije a mi marido que algún día acabaríamos comprando una casita y viviendo en Galicia», recuerda esta malagueña. Solo hubo que esperar unos años hasta que un programa de televisión le puso en bandeja la oportunidad. Era el 10 de octubre de 2015. Sábado. Lo recuerda «como si fuera ayer». Aquel día marcó el principio de su nueva vida. «No acabé de ver aquel reportaje sobre la despoblación que sufren los núcleos rurales y la posibilidad que había de comprarlos, cuando descolgué el teléfono y llamé al número de contacto que daban para hacerme con uno de ellos». Pero Pepe, como familiarmente llama Milagros al comercial de la agencia Aldeas Abandonadas que la atendió al otro lado de la línea, trató de frenar su impulsividad. La invitó a que visitara primero las cuatro casas viejas que salían en el reportaje para que valorase mejor su decisión. Pero Milagros ya la había tomado. «Dame el número de cuenta, que te hago la transferencia ahora mismo», sentenció. El trato quedó cerrado esa misma noche por 60.000 euros.

A la semana siguiente, coincidiendo con la festividad del 12 de octubre, viajaron hasta Vilaxe para comprobar 'in situ' su compra: 15.000 metros cuadrados de terreno con seis casas viejas. Eso era todo. El marido de Milagros no daba crédito: «¿Tú estás loca? ¡Pero si esto cuesta un capital arreglarlo!», le dijo desolado este profesional, que dirige una empresa de materiales de construcción. «Les llegó a plantear que nos devolviesen el dinero, que aquello no merecía la pena», afirma Milagros.

Subvenciones en peligro

Desde Aldeas Abandonadas, una agencia que desde hace una década gestiona la compraventa de núcleos despoblados en España para resucitarlos de sus escombros, le sugirieron que visitara otras viviendas de la zona que ya habían sido reformadas. Allí, Milagros visualizó su proyecto de vida: levantar una aldea nueva para pasar el resto de sus días con su familia y hacer alojamientos rurales. «Todo son ventajas», asegura, y lejos de maldecir el clima, le encanta. «Cuando soportas 40 grados durante todo el verano, llega un momento en que te aburres también del calor. Todo el mundo piensa que en Galicia hace mucho frío, pero no es así en toda la región», matiza. A eso suma otros factores que han sido determinantes en su decisión, como la oportunidad de que sus hijos crezcan en plena naturaleza y «puedan salir solos a la calle sin miedo a que les pase algo»; una estabilidad laboral, ya que al haberse fusionado Unicaja Banco (donde trabaja ahora) con Caja Duero podrá mantener su empleo en Lugo, y por último, «la posibilidad de acceder a ayudas de la administración para financiar la obra».

Milagros siempre vio el vaso medio lleno y tiró para adelante. «A la fecha de la firma de la escritura, solo restaban por pagar 45.000 euros y pedimos una hipoteca». Al coste de la propiedad, la dueña de la aldea suma ahora el de la reforma de las seis viviendas y la urbanización de las calles, cuyo presupuesto asciende a 400.000 euros. Pero, las cosas se torcieron a finales de año, cuando perdieron los primeros 120.000 euros de la ayuda total de 200.000 que le había concedido la Xunta de Galicia para reformar el pueblo. «En septiembre de 2018, dieron luz verde al primer pago, pero teníamos que tener ejecutado el 60% de la obra en diciembre de ese año. En ese momento, solo habíamos invertido 30.000 euros y nos propusieron adelantarnos la diferencia hasta los 120.000, para no perder la ayuda, con la condición de que presentáramos un aval bancario. Pero ningún banco nos lo dio al tener un hipoteca y perdimos ese dinero».

Lejos de venirse abajo, Milagros está ahora más ilusionada que nunca. Ha empezado a reformar una de las casas con recursos propios y ha puesto en venta su vivienda en Archidona (Málaga) para seguir financiando la «ilusión de su vida». «El objetivo es que en diciembre de este año tengamos el 60% terminado para no perder los restantes 80.000 euros que quedan pendientes de la subvención que nos dio la Xunta», aclara.

El consejo de Gwyneth

En su horizonte está ya el verano de 2020. Es la fecha que se ha marcado para empezar a disfrutar de su sueño en el corazón de Galicia. Pese a los contratiempos, nunca se ha arrepentido de la decisión que tomó y nunca le ha preocupado estar apartada del mundanal ruido, «porque a solo tres kilómetros está A Pontanova y allí tenemos todos los servicios». Solo le inquieta una cosa: separarse de sus padres y hermanos.

Como Milagros, cada vez son más los que apuestan por la vida en el campo y optan por aprovechar la oportunidad de comprar una aldea entera. Sobre todo, después de que la actriz Gwyneth Paltrow, a través de su portal de estilo de vida Goop, recomendara comprar una aldea gallega para regalar por Navidad. En ocasiones, no es tarea fácil al tener que poner de acuerdo a todos los propietarios, pero son muchos los que se animan a reunir toda la documentación para poder vender el nucleo heredado. «Nos entran siete u ocho propiedades al día de personas que ya no tienen apego al pueblo familiar», explica Elvira Fafián, fundadora de la empresa Aldeas Abandonadas, con unas 250 en cartera para vender.

Se trata de un negocio que ha crecido en los últimos años, con precios que no dejan de subir. «Si hace una década la aldea más barata valía 6.000 euros, ahora puede costar 60.000», admite Fafián. De ello da buena cuenta, Pepe Rodríguez (68 años), quien con su jubilación decidió aventurarse en el negocio del turismo rural. Fue en el municipio asturiano de Taramundi, compuesto por 52 aldeas. En la de Teixois transcurrió su infancia hasta que cumplió los ocho años. Tenía tres viviendas en propiedad y con las otras dos que compró en 2002, «a muy buen precio», se ha hecho con gran parte de la aldea. «Quedan tres, que por el momento no se venden. Si lo hicieran, me haría con todo el pueblo», afirma sin dudar este asturiano, que ha recorrido medio mundo como mecánico de aviación y maquinista de la marina mercante. Él no solo ve un negocio en la compra de las aldeas, «también una forma de recuperar nuestro patrimonio».

 

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