Los alumnos del maestro Chicho Ibáñez

Díez Boscovich e Ibáñez, ayer en la sala de ensayo de la OFM.  :: ñito salas/
Díez Boscovich e Ibáñez, ayer en la sala de ensayo de la OFM. :: ñito salas

Díez Boscovich graba con la OFM la banda sonora de 'Urubú', la película de terror con la que Alejandro Ibáñez rinde homenaje a su padre

REGINA SOTORRÍO

málaga. Alejandro Ibáñez debuta en el largometraje con 'Urubú', pero no piensa en la taquilla y ni en la crítica. Desde que empezó con esto tiene una motivación que no disimula ni esconde: «El público que busco es mi padre, sentarme a su lado y decirle 'esto lo hemos hecho por ti'. Y si le gusta la película, ese será nuestro Goya y nuestro Oscar», declara con convicción el hijo de Chicho Ibáñez Serrador. Lo dice rodeado de atriles en la sala de ensayo de la Orquesta Filarmónica de Málaga en Carranque, donde hasta el viernes Arturo Díez Boscovich graba la banda sonora de esta película homenaje al maestro del terror. «Todo lo que había antes de Chicho era teatrillo filmado. Cuando él llegó, hizo televisión», sentencia el director de orquesta malagueño.

Con 'Historias para no dormir' y '¿Quién puede matar a un niño?' como referentes, 'Urubú' narra la aventura de un matrimonio en la selva amazónica. «Y no se vislumbra hasta más adelante que la cosa se torna oscura», apostilla Díez Boscovich. No hay «ni grandes presupuestos, ni explosiones, ni mucha sangre». «Es más psicológico, como el cine que hacía mi padre: nunca destripaba al monstruo hasta el final», apunta Alejandro Ibáñez, que clasifica su película como «clase B elegante». Una mirada a los 70 y 80 que se traduce en cómo se cuenta y en cómo suena 'Urubú'.

El director y compositor malagueño bebe de los grandes autores que le «enseñaron a amar» el cine en su debut en la música para un largometraje. Por eso, huye de la electrónica tan presente en las bandas sonoras de hoy para apostar por la gran orquestación. «Lo que hace Arturo es arte, es lo que se hacía antes», añade el director de cine. La mención a Waldo de los Ríos, el compositor de cabecera de Chicho, es inevitable. Boscovich incluye «guiños» hacia él en sus partituras, con pasajes «muy del estilo» de lo creado por De los Ríos. Una música que remite a las producciones de los setenta a la que el malagueño añade un toque «exótico y sugerente» con percusiones y algún instrumento asiático.

También el rodaje de 'Urubú' se ha hecho como en los tiempos (o casi) de Chicho Ibáñez. Sin más tecnología punta que un dron («todo a pulso y a sudar»), el 98% del filme se ha grabado en exteriores del Amazonas, «luchando contra la climatología, los bichos, los cambios de luces, las lluvias». «Han sido dos meses duros e intensos», afirma Alejandro Ibáñez. «Está filmado de una manera muy bella, con una poética misteriosa», le reconoce Boscovich.

Lo ha sacado adelante un equipo «de guerrilla» curtido en el documental, pero «primerizo» en el largometraje. Todos con un mismo objetivo: «Homenajear a mi padre», reitera Alejandro Ibáñez. En parte por eso eligió a Díez Boscovich para poner música a su película: fue el propio director de orquesta malagueño quien le escribió un día para expresarle su admiración por su padre. Durante meses Alejandro Ibáñez mantuvo en secreto el proyecto, incluso se fue a rodar a Brasil con la excusa de hacer un documental; pero el Goya de Honor a Chicho dio pie a que se destapara la historia. «Le enseñé el 'teaser' en enero y le gustó. En una entrevista habló bien de lo que vio». Y con eso, dice, está satisfecho. Chicho la verá pronto al completo en casa. El resto tendrá que esperar a su estreno en Sitges.