La invasión del yoga

Un grupo de aficionados practica yoga en Time Square, en Nueva York./
Un grupo de aficionados practica yoga en Time Square, en Nueva York.

Lo último es el Bikram, que se practica a 42 grados y con una humedad del 55%. El mejor profesor no tiene por qué ser un contorsionista

FERNANDO MIÑANA

El yoga, fuera de la India, era una cosa estrafalaria para hippies hasta que Madonna comenzó a practicarlo con el cambio de siglo. Su maestro fue Pattabhi Jois, un hombre que nació y se casó en un día de luna llena, el hijo de un astrólogo y sacerdote. Jois, a su vez, era el discípulo de Tirumalai Krishnamacharya, el gran gurú, un curandero y erudito al que todos consideran el padre del yoga moderno.

Krishnamacharya (1888-1989), que también instruyó a otro célebre maestro yogui, Iyengar, perdió a su padre a los 10 años, aunque éste tuvo tiempo suficiente para introducirle en el yoga. El hijo, el mayor de seis hermanos, creó una serie de posturas que son el origen del fenómeno que se expande, a la misma velocidad que el running, por gimnasios y academias de todo el mundo.

El boom no conoce fronteras y en la India, por miedo a que se olvide dónde se encuentra su cuna desde hace 4.000 años, el primer ministro, Narendra Modi, acaba de crear un ministerio del yoga para promover y expandir su conocimiento.

El furor que causa entre actores, modelos y hasta futbolistas ha multiplicado su interés entre la gente. «El star-system ha contribuido a su expansión. Sin duda», comenta Juan Almirall, presidente de la federación catalana de profesionales del yoga y secretario de la española. La lista de practicantes del famoseo, según varias publicaciones, es extensa: Elsa Pataky, Miranda Kerr, Naomi Campbell, Gisele Bundchen, Shakira, Jennifer Aniston y hasta el matrimonio Obama. También hay quien lo practica en pareja, como Carles Puyol y Vanesa Lorenzo, que han popularizado, a base de colgar fotografías con sus filigranas en Instagram, el Acroyoga.

A Almirall, doctor en Filosofía y licenciado en Derecho, le gusta más la faceta introspectiva del yoga, la meditación, que la deportiva. Pero no abomina de esta corriente porque, al fin y al cabo, es saludable. «Ya no está de moda el roquero que se destroza el cuerpo con alcohol y drogas sino el famoso que se cuida». Eso sí, advierte del peligro de llevar el cuerpo a límites no asumibles. «En Estados Unidos Pattabhi Jois desarrolló el yoga dinámico, el de más éxito: una serie de posturas bastante difíciles que cautivó a personas preparadas como bailarines, profesionales del fitness... Es un yoga muy estético que ha enganchado a la gente, pero no todo el mundo está capacitado y puede acabar con una lesión seria».

El yoga es una disciplina ancestral que, muy en esencia, consiste en la composición de unas posturas, o asanas, controlando muy bien la respiración, que tienen como fin mantenerse sano física y mentalmente. Krishnamacharya lo reinventó y Jois lo desarrolló para convertirlo en una actividad más dinámica.

Jois aprendió de su gurú entre 1927 y 1953. Al principio, durante los dos primeros años, practicaba con su maestro sin decirlo en casa. Se levantaba bien temprano y acudía a recibir las enseñanzas antes de ir a clase. Después abrió su academia en Mysore, al sur de la India, donde recibió la visita del belga André van Lysebeth, el culpable de lanzarlo a la fama al escribir un libro sobre él y su escuela de yoga. En 1974 comenzó a viajar al extranjero y un año más tarde llevó el Ashtanga Vinyasa, su variedad, a Estados Unidos. Las primeras estrellas que practicaron el yoga aprendieron de él. Como Madonna, Sting, Willem Dafoe o Gwyneth Paltrow.

UN DEPORTE PARA TODOS

También se suman políticos y escritores. No solo se apuntan a la moda del yoga actores, cantantes y modelos. Políticos como Barack Obama, el presidente de Estados Unidos, y la exministra Elena Salgado también son fieles. O escritores como Fernando Sánchez Dragó, que ya lleva años de experiencia. Más común es verlo entre futbolistas: Carles Puyol, Emilio Butragueño o el británico Ryan Giggs son algunos de sus defensores.
No es una actividad exclusiva para tipazos.
Jessamyn Stanley, una estadounidense de 27 años, se ha empeñado en demostrar que el yoga no es una actividad exclusiva para mujeres delgadas con un tipo espectacular. Stanley, que se define como «una mujer gorda», demuestra a diario a sus más de 200.000 seguidores en Instagram que con sobrepeso también se pueden hacer muchas posturas, como se puede apreciar en la fotografía de abajo.
20 millones de personas practican el yoga en Estados Unidos, un país donde se ha convertido en una pasión. En 2001 solo tenía cinco millones de seguidores, así que se han multiplicado por cuatro en 15 años.

Los dos cantantes hicieron mucho por su difusión. El místico Sting encajaba a la perfección en esta mezcla de meditación y ejercicio, pero Madonna fue su mejor embajadora. «El yoga es una metáfora de la vida: lo tienes que hacer despacio, no te puedes apresurar, no puedes saltar a la siguiente postura. Te encuentras en situaciones muy humillantes, pero no has de juzgarte. Solo has de esperar y dejarte ir. Es un ejercicio para la mente, el cuerpo y tu alma», afirma, a modo de mantra, la reina del pop. El yoga, en teoría, debe servir para relacionarnos con nosotros mismos, con los demás y con nuestro ambiente. Un viaje por dentro y por fuera.

Del yoga más tradicional, el Hatha, han surgido el Ashtanga, clásico con un ritmo intenso que potencia la estabilidad y la agilidad;el Iyengar, más de meditación y calmado;el aéreo Unnati, desarrollado por la acróbata estadounidense Michelle Dortignac y que se practica con una soga anclada al techo para trabajar la flexibilidad y la fuerza; el Kundalini, que combina momentos muy serenos con otros más agitados, y muchos más como el Ananda, el Jivamutki, el Kripalu, el Sivananda, el Svaroopa...

Para evitar lesiones

Ahora la sensación es el Bikram, que se practica en una sala con unas placas de infrarrojos para elevar la temperatura hasta los 42 grados con una humedad relativa entre el 45 y el 55%. En estas condiciones el músculo se calienta antes, se flexiona más fácilmente y es más complicado sufrir una lesión. Está considerado un gran antiestrés, elimina los dolores, mejora las lesiones y reduce el insomnio. El Bikram rebaja la actividad del sistema nervioso y favorece la respiración diafragmática. Eso sí, hay que tener cuidado con llegar a la sesión bien hidratado y sin haber comido en las dos horas previas.

Esta eclosión ha facilitado también la aparición de intrusos, profesores inexpertos poco recomendables. «El problema del yoga es que viene de una tradición y de un país donde no existe el intrusismo. Allí solo hay buenos o malos gurús, pero nadie regula quién puede dar clase. Aquí también. Uno puede encontrarse un buen profesor u otro que lleva cuatro días y no tiene ni idea. El más bueno no tiene por qué ser un contorsionista. Lo mejor es ir probando para ver qué profesor y qué tipo de yoga es el que mejor te va», informa Almirall.

Su ascenso en España es imparable y la plataforma Aomm.tv ha realizado un primer estudio en el que afirma que lo practica el 12% de las personas de 18 a 65 años. De estos, el 64% son mujeres y el 35% hombres. Cuatro de cada cinco practicantes se iniciaron en el yoga en los últimos tres años.

Esta filosofía de vida se está implantando de tal forma en España que muchas mujeres la incorporan también durante la gestación. Es el yoga prenatal y ayuda a respirar mejor y a moverse durante el parto. Sus defensores, entre las que se encuentran la cantante Kelly Rowland exmiembro de Destinys Child o la actriz Mila Kunis, también aseguran que, entrando ya en una dimensión superior, facilita la conexión con el bebé.

Ahora solo falta ver si, como todas las modas, es algo pasajero o acaba enraizando en España. De momento, Elsa Pataky, que comenzó a practicarlo hace siete años en Santa Mónica, ya ha contagiado a su marido, el actor Chris Hemsworth, y a su hija India.

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