Diez segundos para ser un poco más felices

Carlos Odriozola, ayer durante su conferencia a la que asistieron más de 300 personas./
Carlos Odriozola, ayer durante su conferencia a la que asistieron más de 300 personas.

El psicoanalista ofrece en una amena conferencia las pautas para convertir la frustración en un motor capaz de cambiar la actitud ante los problemas. El psicoanalista ofrece en una amena conferencia las pautas para convertir la frustración en un motor capaz de cambiar la actitud ante los problemas

ANTONIO JAVIER LÓPEZ

Cada pocos minutos se escuchan risas, unas veces más animadas; otras, algo más tímidas. En un par de ocasiones el auditorio rompe en aplausos incluso. A primera vista, nadie diría que el asunto que ha reunido a más de 300 personas en la sala es la frustración. Pero sobre eso disertaba en la tarde noche de ayer el psicoterapeuta Carlos Odriozola. Como sucedió hace un año, Odriozola llenó el auditorio del Aula de Cultura de SUR; en este caso, en el Centro Cultural Provincial, en la conferencia organizada junto al Centro Cultural de la Generación del 27 y el Centro de Psicología Humanista de Málaga.

Durante casi dos horas, Odriozola ofreció las pautas fundamentales para abordar los sinsabores de la vida de una forma constructiva, incluso enriquecedora. Al fin y al cabo, «la llave inglesa para ajustar las tuberías de nuestra vida está en nuestras manos», como recordó en la presentación la jefa de Cultura de SUR, María Eugenia Merelo, parafraseando al propio Odriozola.

Cómo afrontar las frustraciones (sin matar ni morir en el intento) era el ilustrativo título de la ponencia en la que el psicoterapeuta abordó los mecanismos para convertir la desazón en asertividad. Pautas que pueden condensarse en diez segundos, el tiempo recomendado por Odriozola para detenerse ante una contrariedad, respirar hondo, tomar distancia (sobre todo mental) y no dejarse arrastrar ni por la depresión ni por la rabia.

«Lo importante no es tanto la frustración, como la interpretación que hacemos de ella y la actitud que tomamos ante ella», reivindicó Odriozola, que apoyó su charla en esquemas de gran formato, fotografiados con fruición por buena parte de los asistentes.

Partieron los diagramas de la Pirámide de Maslow, que distribuye las necesidades humanas en cinco bloques esenciales. De abajo (es decir, más básico) arriba serían la supervivencia, la seguridad, la pertenencia, la autoestima y la autorrealización. «Cuando estas necesidades están satisfechas, aparece el bienestar», como recordó Odriozola, que dedicó su charla, justo, al caso contrario.

Claro que para satisfacer las necesidades primero hay que conocerlas y eso a menudo es el primero de los problemas, como sostuvo el especialista. El estrés, la desatención a los mensajes lanzados por el propio cuerpo, olvidar el presente para vivir en el pasado o en el futuro, estar más pendiente de las necesidades de los demás que de las propias, la baja autoestima o el deseo de evitar conflictos (para terminar creando a menudo otros peores) son algunos de esos árboles que no dejarían ver el bosque.

Aplazamiento o sustitución

«El juego de la culpa es la locura en la que vivimos», resumió el psicoterapeuta, que ilustró cómo la frustración suele derivar en agresividad, ya sea hacia afuera (los otros) o hacia adentro (nosotros mismos). Ninguno de los dos caminos auguran nada bueno psicopatías en el primer caso y depresiones en el segundo, por llevar el asunto hasta sus penúltimas consecuencias, así que, para Odriozola, conviene convertir esa agresividad en asertividad, en un motor de cambio.

Junto a eso, la frustración puede manejarse también aplazando o cambiando el objetivo, el deseo, la necesidad perseguida. Al fin y al cabo, la desazón también es una cuestión de energía.

 

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