Los justicieros de la ortografía

Afortunadamente, a muchos ciudadanos aún les hierve la sangre al ver las calles llenas de erratas. Algunos van más allá, y salen a corregir carteles, rótulos, grafitis...

Los justicieros de la ortografía
ISABEL IBÁÑEZ

Si es usted de los que se ponen malos al leer que una academia 'Enseña ingles' o un cartel con un reclamo tan atractivo como 'Bebes y mamas gratis', siempre puede sumarse al nuevo activismo, el ortográfico. Personas como usted, hartas de ver cada mañana la misma pintada llena de faltas, se están lanzando a las calles a uno y otro lado del 'charco' para corregir el maltrecho castellano que asalta en paredes y rótulos de nuestras ciudades. Ortografía viene de dos palabras griegas, 'orto' de 'recto, correcto', y 'grafía' de 'letra', aunque algunos aplican sin querer el uso coloquial de orto en Argentina. Léase culo.

Los activistas

1 En Ecuador, esta pintada firmada por Acción Poética M. fue corregida por la gente de Acción Ortográfica Quito.
2 Acción Ortográfica de Madrid dice esto: «Nos gusta que la gente se comunique bien, y estamos dispuestos a ayudar con lo que sea: rotuladores, aerosoles, cinceles y con bofetadas, si es preciso». En la primera foto han corregido una pintada y el segundo es un montaje con las comas que faltan en un texto literario de la calle Huertas.
3 Acentos Perdidos es una iniciativa, puesta en marcha en 2009 en México por el joven vasco Pablo Zulaica, que corrige las tildes ausentes en los textos de la calle. En la foto, un niño coloca el acento a la palabra 'alemán', dentro de una jornada organizada con estudiantes en Tijuana. Salieron de 'patrulla' con motivo de la presentación del cuento 'Los acentos perdidos', de Zulaica.
4 La Unión de Correctores (UniCo) se va de cacería por las calles de Madrid cada 27 de octubre, Día del Corrector en honor al nacimiento de Erasmo de Rotterdam, filósofo, filólogo, humanista y teólogo holandés que dedicó parte de su vida a la labor de corrector en una imprenta. En realidad, este día no es más que una forma de reivindicar la necesidad de su trabajo, de que alguien vele por el buen uso de la lengua. En la foto, una señal de aparcar en batería sin el acento correspondiente (tomada por Francisco Gabriel Sánchez en Madrid).

El último en incorporarse a esta titánica tarea ha sido Acción Ortográfica Quito, que ha inspirado al grupo del mismo nombre de Madrid. Hace unos días, BBC Mundo daba fama a la anónima labor del grupo ecuatoriano. Salen al anochecer o de madrugada para combatir los errores de los muros de sus ciudades, en pintadas, grafitis, rótulos, carteles... y con la misma arma con la que fueron 'perpetrados', un spray. Como muestra, esa corrección entre activistas que preside estas páginas: esa hermosa frase que alguien identificado como Acción Poética M. inmortalizó con la mejor de las intenciones (siguiendo la iniciativa fundada por el poeta mexicano Armando Alanís que busca llenar las ciudades de poesía). Pero Acción Ortográfica Quito tuvo que corregirla. «La idea -explican desde este grupo- surge de un grafiti que estaba tan mal escrito que era imposible entenderlo. Tenía tantas faltas de ortografía, contamos doce, que era difícil conjeturar sobre las intenciones o sentimientos del autor». Aquella frase era: 'Para qué y Porque mi amor por ti por mi lo siento...'. Con la corrección quedó así: '¿Para qué y por qué, mi amor? Por ti, por mí, lo siento'.

Explican que no pretenden solo enmendar errores o «dar una lección al grafitero, sino también intervenir la ciudad de una forma alegre y sacar una sonrisa a la gente. Una suerte de 'vandalismo chistoso'». Sin embargo, pronto se dieron cuenta del volumen de trabajo que tenían ante sí y se lo tomaron en serio: «Nuestra lucha consiste en no desfallecer hasta librar a la sociedad de los males causados por las faltas de ortografía». Además del gupo de Madrid, están surgiendo colectivos similares en Colombia, Perú, Bolivia y México.

Mucho se habla de una decadencia general de la ortografía, pero desde Acción Ortográfica Quito consideran que quizá «parezca mayor por Internet y las redes sociales. Si alguien deja algo mal escrito en Facebook, todos sus contactos se enteran de que no sabe escribir; antes esto era mucho más difícil de averiguar». Y luego está el WhatsApp: «No es lo mismo 'No quiero verte' a 'No, quiero verte', una confusión que puede resultar dramática». Achacan ese incremento en las faltas «a la informalidad al escribir, a la necesidad de comunicarse rápidamente, a la pereza de poner palabras completas y a que no se lee igual que antes».

Si en algún sitio saben de esto es en La Unión de Correctores españoles (UniCo). Su tarea se encuentra entre los textos de libros, medios de comunicación, Internet, agencias de publicidad, departamentos de marketing de empresas... Pero una jornada al año, el 27 de octubre, Día del Corrector, una veintena de ellos se lanzan a la calle con sus cámaras para una cacería donde las piezas a fotografiar son carteles, señales y rótulos, esencialmente oficiales, mal escritos. «Es solo una forma de llamar la atención -dice el presidente de UniCo, Antonio Martín-. Hemos hecho otras cosas, pero no nos hicieron demasiado caso. La gente tiene la idea de que un corrector es un trabajo aburrido, lo típico que nadie querría hacer. ¡Ahí sentados y con ese nombre!»

En 2007 salieron a la calle por primera vez para dejar constancia de la cantidad de cosas que se pueden encontrar solo paseando, «reflejo del menosprecio a nuestra lengua». Se queja Martín de que para colocar un cartel en la calle existen normas sobre dimensiones, materiales, el tipo de luz... «Pero muchas veces no se piensa en lo que se está poniendo, en que 'mesón' igual sale sin acento. El centro de Madrid es una salvajada sin tildes. Y luego está la 'mayusculitis', gente que escribe todo con mayúsculas o la primera letra de cada palabra. Por cierto, la RAE nunca ha dicho que las mayúsculas no llevan tildes».

Ese día de 'cacería', los correctores no se fijan en pintadas o grafitis, tampoco en el menú de un bar, porque no piensan en las personas que han hecho un cartel deprisa y corriendo, sino en textos institucionales o de empresas grandes, «porque pueden pagar a un corrector. Te plantas en la plaza de Callao y ves la Fnac, con sus carteles de informática o televisión en mayúsculas sin tilde. Miras a otro lado y ves una oficina de información también sin tilde. Más allá, un coche de Policía... sin acentuar». Ahora, la barbaridad más graciosa que recuerda la vio en un mapa: «El espacio de mar entre Cuba y Florida aparecía como 'estrecho de Colon'». Martín, que insiste en que esto no es más que una anécdota para dar a conocer su trabajo de asesores lingüísticos, no cree que ahora se escriba peor que antes: «Lo típico es decir eso, pero lo que ocurre es que cada vez se escribe más, como nunca antes. Hoy, cualquier crío que accede a la Red ya escribe mucho más que nosotros a su edad. Y dicen que han bajado los índices de lectura, pero no tienen en cuenta todo lo que se lee a través de Internet».

Uno de los pioneros en esta labor de limpiar, fijar y dar esplendor a las calles es Pablo Zulaica, un joven de Vitoria que emigró a México. En 2009, dibujó y recortó unas tildes adhesivas para pegar allá donde faltaran y fundó Acentos Perdidos. «El boom fue entre 2009 y 2012. Ya no salgo como antes, cuando llegué a hacer una intervención al día. Pero la cosa se ha ido manteniendo a base de maestros y alumnos que retoman la actividad y la siguen poniendo como práctica de clase. El blog internacional que gestiono (acentosperdidos.blogspot.com) tuvo a unas diez personas enviando fotos de sus acciones de otros países».

Detenidos por el 'Tildetón'

Aunque primero pensó en hacer correcciones completas, luego optó por centrarse en las tildes: «Mucha gente no ve el valor de la buena escritura, el respeto que conlleva ni el problema de imagen que se genera a sí mismo quien escribe mal, pero puede ser porque no se le compartió ese valor, no se ejercitó en la lectura o simplemente nadie le enseñó. Vi menos intrusivo una tilde, el 'coco' de la ortografía para la mayoría».

Salir por ahí a pintar o pegar cosas en las paredes puede acarrear problemas. En Perú, un grupo se inventó el 'Tildetón', «una especie de 'redada' entre varios, y no me quedó sino subirme al carro y hacerlo aquí, en México DF», recuerda Zulaica. Él y otros veinte acabaron detenidos por infringir el reglamento 'de cultura cívica' sobre mobiliario urbano. «Pero el policía que vigilaba la entrada me llamó y me dijo por lo bajo: 'Yo les entiendo, a mí también me gusta leer'. Y nos recomendó ir a una instancia superior donde, sin quitarnos la multa de 50 euros, me dieron un salvoconducto para seguir con la labor «por tratarse de una actividad cultural y educativa».

¿La errata más bestia? «No sé, pero me hierve la sangre cuando es un cartel oficial. Por cierto, junto a la casa de mis padres, en Vitoria, el Ayuntamiento señala el parking como Amarica (es el apellido del pintor Fernando de Amárica), sin tilde, y no es euskera porque va con c». Zulaica también imparte charlas a universitarios y estudiantes de Secundaria bajo el título 'Si te quieres morir por un acento mal puesto significa que vas bien'. ¿Le sucede eso a usted, lector?

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