Cinco fenómenos pseudocientíficos que te harán perder tiempo y dinero

Cinco fenómenos pseudocientíficos que te harán perder tiempo y dinero

Desde la baba de caracol hasta la homeopatía, la ciencia avisa de la ineficacia de numerosos tratamientos alternativos

ALBERTO GÓMEZ

«A mí me funciona». «Por probar no pierdo nada». «Al menos no tiene efectos secundarios, como los fármacos». Son los argumentos esgrimidos una y otra vez como mantras irrenunciables por los defensores (y vendedores) de numerosos fenómenos que han disparado su popularidad en los últimos años y que, bajo el paraguas de estudios científicos más que cuestionables, se presentan como la solución a casi todos nuestros males. Desde la homeopatía hasta las cremas de baba de caracol o la acupuntura, los productos y tratamientos mágicos están cada vez más presentes en nuestras vidas. Pero, ¿cuáles son los riesgos de confiarles salud y belleza? En la mayoría de ocasiones son alternativas inocuas basadas en el efecto placebo, pero en otras pueden agravar enfermedades o causar lesiones, sobre todo si sustituyen a procedimientos médicos que sí están respaldados por la ciencia, cuya comunidad lucha desde hace lustros por alertar sobre los peligros de estos fenómenos pseudocientíficos que acaban suponiendo una pérdida de tiempo y dinero. Hoy te descubrimos cinco de ellos.

Los productos milagro. Las lociones anticalvicie, la baba de caracol, el veneno de serpiente, las cremas anticelulíticas Las empresas del sector de la salud y la belleza multiplican sus beneficios a base de vender supuestos productos con efectos milagrosos. Tener una actitud crítica ante la publicidad y no dejarse llevar por soluciones presentadas como rápidas e incluso mágicas resulta fundamental para evitar ser engañados. En la mayoría de ocasiones, estos productos actúan como cualquier otro cosmético o hidratante y no entrañan riesgo para la salud, pero pasan factura en la cuenta corriente.

Homeopatía. Es uno de los sistemas de medicina alternativa más discutidos. Se apoya en la teoría de que la sustancia que causa un mal, diluida en proporciones infinitesimales en agua, puede curarlo. A pesar de que goza de aceptación por parte de algunas universidades y de que la recomiendan cerca de 10.000 especialistas en España, la comunidad científica coincide en considerarla pseudociencia porque los mecanismos que propone contradicen las leyes de la química médica. Sus defensores aseguran que cura cefaleas, trastornos digestivos y de origen nervioso y otras enfermedades, pero lo cierto es que fue creada en el siglo XVIII, cuando el funcionamiento del cuerpo humano era casi desconocido, y que en sus preparados prácticamente no existe principio activo. Los estudios realizados apuntan a que nada permite diferenciar los efectos del tratamiento homeopático del efecto placebo, salvo en lo referente al bolsillo: su precio resulta prohibitivo.

Acupuntura. Forma parte de la medicina tradicional china y consiste en la inserción de agujas en el cuerpo. La Organización Mundial de la Salud aprueba su uso para ciertas dolencias, un aval que la comunidad científica considera «excesivamente crédulo». De nuevo nos topamos con el efecto placebo, basado en las expectativas del paciente y en su condicionamiento. No hay evidencia científica que corrobore la eficacia de la acupuntura y existe el riesgo de que provoque infecciones o hematomas locales.

Osteopatía. Es una terapia manual basada en la creencia de que todas las partes del cuerpo están conectadas, por lo que el tratamiento va más encaminado a la recuperación del equilibrio general que al alivio del foco de la dolencia. En España no está reconocida como una actividad profesional legal y su práctica no está incluida en el Código de la Sanidad Pública, como sí lo está la fisioterapia. Desde el punto de vista científico, la osteopatía responde a una concepción antigua del organismo y de las enfermedades y sus efectos no son distinguibles de cualquier masaje terapéutico. En otros países se limita a prácticas no invasivas ejercidas por personal cualificado, sin tratar de dotarla de rigor científico.

Movimiento antivacunas. Desde hace más de una década existen movimientos de padres que se niegan a aplicar determinadas vacunas a sus hijos. Muchos de ellos se basan en un estudio fraudulento promovido por Andrew Wakefield, un cirujano e investigador que tiene prohibido el ejercicio de la medicina en Reino Unido por sus prácticas deshonestas, y que establecía una relación entre la vacuna triple vírica y el autismo. La falta de rigor tumbó su teoría, considerada un fraude por la comunidad científica, pero para entonces la idea ya había corrido como la pólvora. En tres años, los casos de sarampión se han cuadruplicado en Europa. La evidencia médica demuestra que los beneficios de la vacunación compensan los raros efectos adversos de la inmunización y numerosas asociaciones señalan el devastador efecto que estos movimientos pueden producir en el mapa de enfermedades prevenibles.