La cerveza de Thor

Lleva testículos de ballena, que se ahúman usando excrementos de oveja como combustible. La nueva marca islandesa, una bebida «compleja y muy agradable» elaborada para la fiesta de invierno, repugna a los ecologistas

La cerveza de Thor
CARLOS BENITO

La verdad es que, a la hora de brindar por Thor, no parece apropiado utilizar cualquier bebida. Hablamos del dios nórdico del trueno, el portador del martillo Mjölnir, el que habrá de combatir a la gran serpiente en la terrible batalla final de Ragnarök, y no queda muy legítimo tratar de honrar a este tiarrón con un vasito de refresco o una chispeante copichuela de lambrusco. Hasta podría suceder que la frivolidad no le resultase grata y nos machacase de un buen mazazo antes de decir chinchín. Pero, dicho esto, tal vez los responsables de la empresa Brugghús Steðja hayan llevado las cosas demasiado lejos: el día 23 lanzan al mercado su cerveza 'Hvalur 2', a la que aportan sabor y aroma los testículos de ballena ahumados a base de excrementos de oveja, en una especie de apoteosis vikinga.

«Esta cerveza está inspirada en la fiesta invernal islandesa, en la que comemos testículos de carnero, tiburón podrido o grasa agria de ballena, igual que se hacía antaño. Creemos que este producto encaja muy bien en la fiesta», explica a este periódico Dagbjartur Arilíusson, uno de los responsables de la cervecera. Ciertamente, la dieta de algunos islandeses a lo largo de las próximas semanas incluirá ingredientes poco comunes. La fiesta del Thorrablót es una especie de recuperación de las antiguas esencias paganas: se empezó a celebrar en el siglo XIX, cuando los nacionalistas islandeses se reunían para recitar poemas y pronunciar discursos en honor de Thor, y más recientemente ha derivado en una rara orgía gastronómica, con bufés de manjares tradicionales que la historia había ido dejando atrás. Aparte de las delicias citadas por Dagbjartur, se consumen otros platos que pueden resultarnos algo más familiares, como morcillas o cabezas de cordero, junto a exquisiteces regionales como las aletas de foca curadas en suero de leche.

No es la primera vez que Brugghús Steðja lanza una variedad especial pensada para el Thorrablót. El año pasado comercializaron la Hvalur original, que contenía huesos molidos de ballena. Las autoridades alimentarias acabaron retirándoles el permiso, pero para entonces ya habían vendido los cinco mil litros de cerveza, que volaron -y, seguramente, se bebieron- en cuestión de días. Estos productos singulares están concebidos en colaboración con Hvalur, la principal empresa de caza de ballenas del país, que el año pasado capturó un centenar de rorcuales comunes destinados fundamentalmente al mercado japonés: ya que la palabra ha aparecido tres veces, a lo mejor conviene aclarar que hvalur, en islandés, significa simplemente 'ballena'. El país del Atlántico Norte continúa matando cetáceos, en rebeldía ante la moratoria a la caza comercial establecida por la Comisión Internacional Ballenera.

Sacar un dedo

La nueva cerveza, igual que su predecesora, ha horrorizado a las organizaciones conservacionistas. La WDC, dedicada a la protección de ballenas y delfines, ha criticado esta «barata estrategia de marketing» a través de un comunicado. «Aquí hay algo más que mero sensacionalismo -han valorado-. Esto es un movimiento calculado, no solo para deshonrar a una hermosa criatura en peligro usando sus partes corporales más íntimas como herramienta comercial, sino también para sacar un dedo a la comunidad conservacionista y a aquellos que aman y respetan a las ballenas». Su esperanza, añaden, es que todos aquellos que visiten Islandia «traten este producto con el desdén que merece». Dagbjartur Arilíusson se refugia en la legalidad islandesa: «Vivimos en un país que permite cazar ballenas y la actividad está muy controlada por las autoridades», recuerda. De hecho, esta vez se han asegurado de contar con todas las licencias necesarias, y los botellines se venderán en los comercios de titularidad estatal que tienen el monopolio del alcohol.

Los conservacionistas han sentido una honda repugnancia ante las peculiaridades de la 'Hvalur 2', pero seguro que no han sido los únicos. Pocas personas en el mundo habrán empezado a salivar sin control ante la idea de un testículo de rorcual ligeramente salado, sometido a ese ahumado ancestral islandés que, a falta de árboles, utiliza cagarrutas. Pero Dagbjartur, desde sus instalaciones en una comarca rural del oeste islandés, asegura que su cerveza, de 5,1 grados, es un placer capaz de sorprender a cualquier paladar: «Está buena de verdad. Esta forma de ahumado da a la cerveza un toque muy especial, y también se nota el gusto a carne de la ballena. Es un sabor complejo y muy agradable».