Shin contra Corea del Norte

Shin Dong-hyuk ahora ofrece conferencias y charlas sobre el calvario que sufrió./
Shin Dong-hyuk ahora ofrece conferencias y charlas sobre el calvario que sufrió.

Se escapó del campo de presos donde nació, le torturaron y obligaron a ver la ejecución de su familia. Ahora recorre el mundo para denunciarlo

ESTER REQUENA

A Shin Dong-hyuk el espejo le recuerda todos los días su trágico pasado. En él se reflejan sus brazos torcidos por los trabajos forzados, las múltiples cicatrices de sus piernas torturadas, las señales de las profundas quemaduras en el estómago, su dedo amputado, un poco de cojera... Aunque las heridas psíquicas son aún más profundas y ni una década fuera del Campo 14, uno de los cinco centros de reclusión para presos políticos de Corea del Norte, le ha ayudado a superar una pizca de lo que allí padeció. «El miedo, el trauma y el sentimiento de culpa siempre están ahí», desvela Shin, testigo clave de las atrocidades del régimen norcoreano.

Con su 1,67 de altura y sus escasos 55 kilos, Shin ostenta el título del único preso que ha logrado escapar de uno de estos campos. Unas prisiones donde la única sentencia posible pasa por la cadena perpetua. Diez años después de dejar atrás su reclusión, ahora en Seúl se siente libre, lo que para él significa «poder elegir ropa y comida», conducir libremente por la ciudad y hacer senderismo. ¡Y celebrar su cumpleaños, lo que no pudo hacer hasta los 26 años! Ha cumplido 32.

El tercer libro más vendido

120.000 presos. Evasión Campo 14: Del infierno de un campo de concentración en Corea del Norte a la libertad, del autor y periodista Blaine Harden acaba de editarse en España de la mano de Kailas. El libro cuenta la historia de Shin Dong-hyuk, que lo dedica «a todos los norcoreanos que siguen en los campos». Se especula con que la cifra rondaría las 120.000 personas. La obra, traducida en 28 países, se sitúa en el tercer puesto de los más vendidos en la categoría de biografías, diarios y hechos reales de Amazon.

Secuelas. Aparte de los brazos torcidos, Shin cuenta con una leve cojera, cicatrices por todo el cuerpo y quemaduras en el estómago. Pero lo peor son las secuelas psíquicas.

Principal testigo. El año pasado Shin Dong-hyuk fue citado por la comisión de investigación de la ONU que espera llevar a Corea del Norte ante la Corte Penal Internacional por sus crímenes contra la humanidad.

A veces sueña que sigue encerrado en Kaechon, a unos 60 kilómetros al norte de Pyongyang. «Sobre todo me pasa cuando me encuentro débil», detalla en las conferencias que ofrece por todo el mundo y con las que espera pronto «pasar página». «Creo que aún estoy evolucionando: de bestia a ser humano», recalca en su historia que ahora llega a España de la mano de Evasión del Campo 14 (editorial Kailas), un bestseller internacional traducido a 28 idiomas y que junto con su testimonio han sido claves en la comisión de investigación de la ONU que concluyó que el gobierno de Kim Jong-un ha cometido crímenes contra la humanidad.

El relato comienza en el propio «campo de la muerte». Allí nació un 19 de noviembre de 1982, una llegada al mundo que venía con cadena perpetua incluida. Su padre estaba preso pagando la deserción de sus hermanos en los años 50, pero su buen comportamiento hizo que los guardas lo emparejaran con otra reclusa, con la que formaron de todo menos una familia al uso.

Con la imagen en la retina de la primera tortura a la que asistió con solo 4 años, no es extraño que a los 13 se chivase de que su madre y su hermano planeaban fugarse. Su recompensa por el soplo: asistir en primera fila a la ejecución de los dos con la boca llena de piedras para que no pudieran criticar al estado. Antes tocó una dura tortura para sacarle toda la información posible y una condena de ocho meses metido en un zulo sin ver ni un rayo de luz. Nada del mendrugo de pan que él esperaba para quitarse de la boca el sabor de las ratas, cucarachas y saltamontes con los que llenaba a diario su escuálido estómago. «Amor, piedad y familia eran palabras sin significado para él. No había sido separado de una existencia civilizada para ser obligado a descender al infierno. Había nacido y crecido allí», cuenta el periodista y autor del libro, Blaine Harden.

Su padre le pide que vuelva

La lista de las atrocidades que vivió en sus carnes se extienden a lo largo de toda la obra. Como cuando lo colgaron y le clavaron un garfio caliente en la barriga hasta caer inconsciente de dolor. O cuando le cortaron un dedo porque se le cayó al suelo una máquina de coser. Lo único bueno de uno de sus castigos fue que lo enclaustraron con el señor Park, con quien planeó su fuga en 2005. Su compañero de aventura murió electrificado en la verja. Shin escapó y llegó hasta la frontera con China. Un golpe de suerte tras unos meses vagabundeando le hizo topar con un periodista que, cautivado por su historia, le ayudó a alcanzar Seúl en 2007.

Desde entonces su vida ha llenado miles de páginas e incluso ha viajado a Estados Unidos como el principal defensor de los derechos humanos en su país. Hace unos meses recibió el premio Alison Des Forges que concede Human Rights Watch. Pero no se ha librado de las críticas. Sobre todo las provenientes del régimen de su país. La dictadura niega totalmente su historia... e incluso la existencia de este tipo de prisiones. Y eso que el Campo 14 se estima que lleva funcionando medio siglo.

Ellos lo llaman «hostal» y aseguran que las secuelas de Shin son a causa de trabajar en una mina. Su último contraataque: un vídeo colgado en YouTube que asegura que se ha inventado todo para servir a «Estados Unidos y a las fuerzas hostiles». Incluso intentan tocarle la fibra sensible a Shin con unas secuencias en las que su padre, todavía preso, le pide que vuelva. «Recupera el sentido y no te dejes manipular por otros», le suplica. Pero él se reafirma en todo. «Lo que cuento es auténtico; nunca he exagerado o cambiado nada».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos