Cuando la Patrona de Málaga no llegaba hasta el Centro

Imagen de la Virgen de la Victoria, cuando aún se vestía con ropajes, a finales del siglo XIX. /SUR
Imagen de la Virgen de la Victoria, cuando aún se vestía con ropajes, a finales del siglo XIX. / SUR

Las procesiones de la Virgen de la Victoria en el siglo XIX no iban más allá de la plaza de la Merced

ANDRÉS CAMINO

En la Málaga del último tercio del siglo XIX, exactamente en el año 1875, se creó la Hermandad de Santa María de la Victoria con objeto de «fomentar en esta ciudad el culto de la Reina de los Ángeles, María Santísima, bajo la gloriosa advocación de la Victoria». Desde esa fecha y hasta 1939, la novena solía celebrarse del 7 al 15 de septiembre en su santuario. El primer celebrante conocido fue Federico González, capellán de la iglesia de la Santísima Trinidad. A diferencia de lo que hoy sucede, las procesiones de la Patrona de la ciudad a finales del siglo XIX no llegaban hasta el Centro y se limitaban a alcanzar la plaza de la Merced, donde se encontraba el desaparecido templo de este nombre, del que dependía el santuario victoriano.

Fue en 1940 cuando se fijó la celebración de la novena en la Catedral, escenario en el que ya se desarrolló en los años de la II República y los posteriores a la conclusión de la Guerra Civil, de 1932 a 1938. No obstante, no fue hasta 1956 cuando el desarrollo de los nueve días de culto se estableció definitivamente desde finales de agosto hasta el 7 de septiembre, víspera de la festividad de la Virgen, como hoy se mantiene. En aquel año de 1956, la predicación de la novena corrió a cargo del padre Ruiz Ayucar, de la Compañía de Jesús.

Las actuales procesiones de la Patrona no son ni se parecen a las de finales del período decimonónico. Estas se celebraban el domingo de septiembre posterior al día 8 y durante una breve etapa la comitiva procesional solo llegaba hasta la plaza de la Merced. Así se estipuló tanto en los estatutos de la hermandad aprobados por el obispo Esteban José Pérez y Martínez en 1875 como en los renovados en 1882, ya bajo la mitra de Manuel Gómez Salazar Lucio-Villegas. No obstante, esta práctica fue alterándose con el paso del tiempo en cuanto a las fechas de las salidas y a los recorridos, que se extendieron a las calles más céntricas de la ciudad.

Según las crónicas consultadas, la procesión que organizó la Hermandad de la Victoria en 1891 siguió el patrón establecido, es decir, alcanzar el lugar o enclave donde estaba erigida la parroquia de Nuestra Señora de la Merced. El periódico 'La Unión Mercantil' –el diario local de referencia que, por entonces, se editaba en Málaga– anunciaba el 20 de septiembre de ese año, el mismo día de la salida de la Virgen, que partiría del templo a la tardía hora de las ocho de la noche y recorrería las calles Alfonso XII y Victoria, y cuando alcanzara la plaza de la Merced daría una vuelta y retornaría por las citadas vías urbanas.

La hermandad incorpora este año como novedad una sección de devotos y hermanos con cirios que ya existía en la centuria decimonónica

En la edición del periódico se informaba, además, que el Ayuntamiento había invitado a los miembros de la redacción de 'La Unión Mercantil' a participar en la procesión. Se decía, igualmente, que la junta directiva de la Hermandad de la Victoria que, por ese tiempo, estaba presidida por Ramón Ibáñez Ibáñez, había decidido entregar cirios solo a personas responsables para llevarlos. Este acuerdo se tomaba, según el citado periódico, para «evitar que individuos, no por devoción sino por pasar el rato, se apoderen de velas con las cuales hacen todo menos prestar brillantez a la manifestación religiosa». La noticia finalizaba remarcando que «la libertad de creencias que respetamos, no implica la ofensa á culto alguno y por consiguiente el que vaya á una procesión debe hacerlo con la compostura debida».

Como era ya costumbre, los miembros del Cabildo municipal asistirían a la procesión de la Virgen de la Victoria, quedando reunidos todos los concejales en la casa capitular –en esta época ubicada en el antiguo convento de San Agustín, anejo a la iglesia de igual nombre–, a las siete y media de la tarde para, posteriormente, desplazarse hasta el santuario, del que arrancaría el desfile procesional a las ocho. La hora de la cita les permitiría a los ediles asistir a la corrida de seis novillos pertenecientes a la ganadería de José Torres de la Cortina, prevista a las cuatro de la tarde en el coso de La Malagueta. En el espectáculo taurino participarían afamados espadas, picadores y banderilleros.

Efectivamente, la procesión de Nuestra Señora de la Victoria se iniciaba a las ocho de la noche a tenor de lo acordado. La comitiva estaba formada por una sección de la Guardia Civil a caballo y, seguidamente, marchaba la Banda de Bomberos. Después un estandarte precedía las andas procesionales de San Francisco de Paula, al que acompañaban marinos del barco Salamandra. Detrás el trono de la Patrona, iba el clero parroquial y luego las representaciones civiles, con el alcalde y concejales, y el gobernador civil de la provincia. Cerraba el desfile un piquete de Cazadores de Cuba con la banda de música.

La crónica de la salida de 1891 destaca el «gentío inmenso» para presenciar el cortejo

'La Unión Mercantil' informaba al día siguiente que, por fortuna, no se registró ningún incidente y que la procesión regresó al santuario a las once de la noche. Destacaba, asimismo, que durante todo el trayecto «hubo un gentío inmenso»; en la plaza de la Victoria, con tanta aglomeración de público que «faltó poco para que concurrieran algunas desgracias»; y en la plaza de la Merced el tranvía número 19 «llegó a todo correr cuando mayor era la aglomeración de gente promoviendo grandes protestas». Esto demuestra la devoción que antaño la Virgen de la Victoria despertaba en el pueblo malagueño y cómo el entusiasmo se apoderaba del público para presenciar su procesión en la calle.

Este año, la junta de gobierno de la Real Hermandad de Santa María de la Victoria, que tiene como nuevo hermano mayor a Miguel Orellana Ramos, ha decidido incorporar al cortejo de la procesión una sección de velas que irá inmediatamente después de las representaciones de las cofradías y hermandades participantes. Esta novedad tiene una base histórica, dado que, como se ha mencionado anteriormente, en las procesiones de la centuria decimonónica iban devotos con cirios en el cortejo.