Tan importante son las formas como el fondo

Tan importante son las formas como el fondo
EDUARDO NIETO

Antonio M. Romero
ANTONIO M. ROMERO

En cualquier orden de la vida, cuando una persona o un grupo humano tienen que defender un planteamiento, sea de la índole que sea, tan importante es el fondo –aquello que se quiere proteger– como las formas –la manera de decirlo y exponerlo–. Y es que puede ocurrir que unas malas formas puedan echar por tierra el fondo, por muy justo que sea. Viene esta introducción a colación a lo sucedido la pasada noche del Lunes Santo en la plaza de la Marina. Por si no han visto el vídeo que se ha hecho viral en las redes sociales, al paso por este punto de la Virgen de los Dolores del Puente los abonados de los palcos denunciaron la falta de luz en los mismos –un hecho la correcta visión de las imágenes, así como el consiguiente problema de seguridad a la hora de moverse–, encendiendo las linternas de sus teléfonos móviles y corearon: «¡Queremos luz!, ¡Queremos luz!» A todas luces, y no es un juego de palabras, estos usuarios, que se han rascado el bolsillo pagando un buen dinero por sus sillas y que no han tenido unos servicios acordes, tienen razón, pero no se puede utilizar el paso de una hermandad y una imagen sagrada para hacerse oír. No todo vale.

Este principio del no todo vale –que puede usarse en otras cuestiones como esa moda que se ha impuesto entre algunos utilizar el término palio en lugar del trono de la Virgen para referirse a las andas de la Dolorosa– también puede aplicarse a la actitud de algún hermano mayor como el de Salesianos, Juan Manuel León, quien sobre este asunto, en su cuenta personal de Twitter, dijo que en consideración con Dolores del Puente «deberíamos pasar todas las hermandades rápido y a tambor por la plaza de la Marina... el respeto hacia una hermandad está por encima de cualquier situación personal». Partiendo del respeto máximo a cualquier opinión, no parece lo más idóneo que en una situación de tensión como la que se está viviendo con ciertas incomodidades aparejadas al nuevo recorrido oficial, responsables de cofradías se dediquen a echar más gasolina al fuego, en lugar de echar agua y apagar el incendio.

Estos episodios vienen a constatar que hace falta una mayor cultura cofrade, no sólo entre el públicos que acude a presenciar los cortejos procesionales, sino entre algunos directivos que deberían dar ejemplo y aprender a diferenciar entre lo importante y aquello que lo es menos. Y supongo que coincidirán en que el respeto a una imagen, sea cual sea, es lo primordial entre aquellos a los que les gusta y disfrutan de la Semana Santa.